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La Filosofía en el Enfoque Terapéutico

Publicado por Malena

Einstein decía que las teorías que tenemos sobre la realidad condicionan nuestra manera de observar los eventos.

El padecer físico es también un padecer existencial, una forma de ver el mundo que le da el toque personal a cada enfermedad y hay que ser capaz de verlo.

Los fenómenos no se registran en un vacío puramente objetivo sino que se perciben del color del cristal con que se miran, teñido por las creencias, las hipótesis o las teorías; y es tarea de cualquier terapeuta desactivar esa estructura de pensamiento, para lograr captar el fenómeno del aquí y ahora.

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La vida primero se siente y luego se observa, porque lo que no se siente, lo que no nos llega a conmover, no lo vemos.

Una vez que podemos trascender las limitaciones teóricas que pueden orientarnos pero que nos obstaculizan la creatividad y la imaginación, se podrá apreciar un panorama más vasto y nítido y se podrá acceder más allá del diagnóstico de una enfermedad, o sea acercarnos al mundo de la persona que padece una dolencia.

Penetrar en los pensamientos más íntimos de una persona, su manera de pensar, sus ideas, sus proyectos, no es fácil, porque todos nosotros también vivimos sumergidos en nuestros propios mundos.

Se requiere un esfuerzo de comprensión, tratando de entender cómo funciona el mundo de los demás y principalmente qué fue lo que motivó la construcción de esa visión de la realidad.

El hombre necesita continuar su propia historia y cumplir su proyecto personal e íntimo. Todo lo que no permita desarrollar estos objetivos personales que no siempre son conscientes, afectará su normal comportamiento, frente al conflicto emocional que producen los cambios.

Las personas pueden vivir sus vidas siempre en estado de conflicto y por esa razón tener comportamientos neuróticos para mantenerse equilibradas, porque sus proyectos de vida más profundos pueden estar más allá de sus posibilidades y no siempre tienen conciencia de ello.

Los profesionales de cualquier disciplina tienen que entender el mensaje que brinda el cuerpo con sus síntomas, detectar cómo piensa el paciente y qué quiere decir con determinadas dolencias.

Porque cualquier enfermedad refleja una queja, una protesta, porque la realidad no es como la piensan. La realidad es lo que es, lo que sucede en el espacio tiempo, la mayoría de las veces diferente de lo que se espera.

Es necesario adaptarse para volver a crearse de la nada, naciendo todos los días y si es posible sin expectativas; porque la vida es un acto de entrega, y hay que estar dispuesto a ser audaz y lanzarse al vacío sin red, sin ensayo previo, inventándose a uno mismo a cada momento.

¿Quién está seguro que lo que piensa es cierto? Ninguno, por más experiencias que haya tenido y por más que sepa.

El imponderable existe, eso que no se ve pero que hace que las cosas cambien en las circunstancias adversas y nos enseña.

No hay ciencia que demuestre ser cien por ciento cierta ni ningún pensamiento que sea absolutamente correcto, porque las cosas cambian y nosotros también y es imposible captar el devenir de la realidad y de las cosas que nos pasan todo el tiempo.

Ver más allá del síntoma es el verdadero desafío de todo terapeuta y de todo médico.

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