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La Conciencia Civilizada

Publicado por Malena

La civilización ha logrado muchos avances pero también muchos retrocesos.

El hombre ha perdido sus instintos y sus dioses, y en su lugar han recrudecido las neurosis, el mal humor, la corrupción y la violencia.

El hombre moderno se ha visto obligado a fragmentar su conciencia en compartimentos estancos para poder sobrevivir aunque sea en una permanente confusión.

La Conciencia Civilizada

Pero no es sólo el hombre el que está dividido sino también el mundo, que como él está disociado como un neurótico.

Este singular estado de cosas es el que produce en la gente un común sentimiento de desamparo, porque se dan cuenta que no se trata de problemas económicos ni políticos sino que las verdaderas dificultades que el mundo tiene que enfrentar son los problemas morales.

Recuperar la moral de los pueblos será el mejor medio para cambiar al mundo y permitir la entrada del hombre a una nueva era.

La moral cura desde adentro y es lo único que podrá proporcionar inmunidad contra las enfermedades del alma.

Jung nos dice que la naturaleza del hombre tiene un lado oscuro que es su sombra, que mientras no sea reconocida y se ignore, perpetuará el sufrimiento.

La tragedia del hombre es la dualidad, malo bueno, felicidad desgracia, nacimiento y muerte y esta realidad transforma la vida en un campo de batalla.

Este conflicto interno del hombre es el que llevó a los cristianos a esperar un mundo mejor y a los budistas a despojarse del deseo, fuente de todo sufrimiento.

Estas no son las únicas respuestas de esas religiones a las necesidades del hombre, sino también sus ideas morales y mentales y sus prácticas, sin embargo la modernidad está borrando de un plumazo toda referencia religiosa por considerarla obsoleta, dejando al hombre huérfano en un mundo individualista y materialista, sin alma.

Desde siempre el hombre ha tenido la idea de la existencia de Dios y de la inmortalidad, pero sólo ahora, con el avance de la ciencia, necesita una explicación científica sobre su existencia para creer.

Aunque no podamos probar su existencia, es indudable que la idea de Dios contribuye a nuestro bienestar. ¿Por qué entonces rechazar esa idea que demuestra sernos útil y le da sentido a nuestra existencia?

Tampoco entendemos qué es la gravedad y sin embargo ninguno se atreve a desafiarla.

¿Acaso se puede probar que no existen fuerzas más allá de las que conocemos y que esas fuerzas pueden tal vez relacionarse con nosotros que también como ellas formamos parte de la naturaleza?

Nadie puede ignorar que la negación es tan difícil de demostrar como la afirmación de las creencias religiosas.

Sólo nos queda elegir, la tragedia del hombre es elegir también creer o no creer.

¿Por qué deberíamos creer si no hay pruebas? Porque nos resulta sumamente útil para vivir, ya que el hombre, único animal simbólico, no puede vivir sin referencias espirituales de alguna clase.

El ser humano es capaz de soportar cualquier cosa si se convence que sus penas servirán para algo, en cambio se derrumba cuando no le ve el sentido a su sufrimiento.

Una creencia amplía el espacio para el desarrollo de la personalidad y permite vivir una vida más plena.

Solamente cuando el hombre puede percibir un significado más amplio de la existencia es cuando tiene la posibilidad de elevarse sobre el solo hecho de ganar dinero y gastarlo.

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