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Depresión y muerte

Publicado por Malena

El mayor peligro de la depresión es el suicidio, que a veces puede ser un acto voluntario y otras inconsciente, algo buscado pero temido.

Curiosamente, en los países más desarrollados, que son los que gozan de plena ocupación y de más beneficios sociales, es donde se registra la más alta tasa de suicidios.

Sin duda, el control del bienestar económico no parece ser suficiente para desear vivir sino que tiene que ser la ausencia de otros factores la que puede quitar las ganas de vivir.

Haber alcanzado todo lo que se anhela para ser feliz, puede provocarle a muchos, después del primer momento, inexplicablemente demasiado breve, una inesperada sensación de vacío interior, de ausencia de significado y de desesperación.

La soledad en que viven los individuos en las sociedades modernas, por un lado les permite una aparente libertad de compromiso y la posibilidad de vivir para sí mismos haciendo todo lo que quieren; pero por otro los hace sentir prescindibles y aislados y tener la certeza de no ser importantes para nadie.

Los seres humanos son sociables por naturaleza; solos no podrían sobrevivir, porque el otro es tan necesario como ellos mismos para poder darse cuenta de su propia existencia, alguien significativo en quien puedan reflejarse, que se interese por ellos, a quien puedan expresar sus alegrías y tristezas, con quien puedan compartir sus experiencias y a la vez que les permita sentirse necesitados y amados.

La falta de compromiso en las relaciones actuales deja al hombre solo, sin la posibilidad de comunicarse íntimamente en forma auténtica tanto con el cuerpo como con el alma.

¿Puede una persona vivir nada más que para sus ocupaciones buscando solamente su placer personal? A juzgar por la necesidad de drogas y alcohol que tiene consumir para sobrevivir es evidente que no puede.

En una época en que se elude el compromiso y sólo se anhela vivir para sí mismo con un objetivo hedonista, la depresión y el suicidio están haciendo estragos y se han convertido en los flagelos más difundidos del planeta.

Los jóvenes buscan la fama y se rodean de gente influyente a cualquier costo. Se alejan de sus hogares y de sus familias y adoptan un estilo de vida de excesos, sin ningún límite, creyendo que esa es la felicidad que estaban buscando, hasta que se dan cuenta que se encuentran en un pozo sin salida, viviendo en un mundo donde cada uno está encerrado en su propia ambición.

La base de la vida es la relación sin embargo las relaciones verdaderas no existen.

No sólo el individuo está fragmentado internamente al haber perdido la unidad de la mente, el corazón y el cuerpo sino que cualquier tipo de relación con el otro también está fragmentada, por estar cada uno concentrado en su propio egoísmo.

En este momento no es el mundo el que está en crisis sino la conciencia misma.

El hombre busca seguridad en el otro para sentir placer y comodidad y lo utiliza para sentirse acompañado, porque se siente solo y aislado y necesita sentirse querido y estimado; pero cuando intenta relacionarse, cada uno trata de dominar al otro y esa supuesta relación fracasa.

Aunque las personas tengan proyectos en común, esto no basta para que su relación sea verdadera, porque no podrán evitar que comience un proceso de corrupción y que se usen mutuamente como objetos para sus propios fines egoístas.

Para revertir este estado de cosas y poder liberarse del aislamiento y la desesperación, habría que abandonar toda actividad egocéntrica y volver a aceptar el compromiso, comenzando a pensar no solamente como individuos para el propio placer sino como parte del grupo para compartir.

Pero esta actitud exige renunciar al deseo de éxito personal y al halago de un público desconocido, que se considera más importante que las personas que se conocen.

Fuente: “La raíz del conflicto”; J.Krishnamurti.