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Cosmovisión y Adicciones

Publicado por Malena

Es incuestionable que una infancia sin atención, contención y afecto, durante la cual es común que también se hayan vivido experiencias de abusos físicos y sexuales, sean factores decisivos que decididamente van a influir en la formación de una cosmovisión, el desarrollo de una depresión y la adquisición de adicciones tempranas.

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La conducta y los valores de los padres pueden transformar a un hijo en un inadaptado, debido a experiencias de abandono o en un individuo capaz de continuar creciendo y realizándose, si asumen la responsabilidad que les corresponde.

Aunque los seres humanos posean la capacidad de trascender sus condicionamientos y de aprovechar las oportunidades para salir a flote, cualquiera haya sido su condición, e incorporarse a la sociedad como individuos útiles, no todos tienen la fortaleza necesaria para hacerlo.

La gran mayoría se pierde en el camino, extraviado en un viaje sin retorno, sin poder liberarse de las cadenas que lo atan al pasado, con una visión del mundo pesimista donde no tiene lugar la esperanza; y para poder seguir viviendo, se entregan a las drogas o al alcohol, para suprimir la angustia y la ansiedad que les produce la existencia.

Se rebelan, no aceptan las reglas ni los compromisos, quieren ser libres para hacer ellos también lo que quieren, sin hacerse responsables, sin proyecto, sin saber bien dónde están parados y quiénes realmente son.

Una vez atrapados por la adicción, todos en el fondo sueñan con la recuperación; sin embargo, no tienen la fuerza necesaria para hacerlo, porque no es una convicción interna; esperan que alguien los ayude desde afuera; y de esta forma no perseveran ni capitalizan ningún apoyo y vuelven a caer nuevamente a un pozo cada vez más profundo.

Son personas que carecen de estructuras firmes, que viven día a día sin ninguna convicción, que no pueden ser fieles a si mismos ni a lo que pensaron el día anterior, aunque hayan jurado comprometerse a hacer el esfuerzo de intentar la recuperación.

Ceden a sus impulsos, son como niños que no pueden esperar, ni postergar, y se sienten devorados por la angustia, que les exige salir de ese estado a toda costa, aún a riesgo de perder la vida.

No tienen autoestima, ven al mundo como un lugar de sufrimiento, donde sólo pueden percibir la crueldad en todos aquellos que parecen no entenderlo.

Tampoco son responsables de sus actos, abandonan a sus hijos, a su familia y prefieren vivir a la deriva, sin obligaciones, ni reglas, algunos en la calle, como indigentes, mientras tratan de eludir a la policía.

Pueden llegar a delinquir y hasta matar cuando se drogan, por apenas unos pesos, no para poder iniciar una nueva vida sino para seguir consumiendo y controlar provisoriamente su ansiedad y su angustia.

La vida se vuelve relativa, nada tiene valor suficiente como para impedirle hacer lo que quieran y esa misma falta de significado es la que les nubla el entendimiento.

Son básicamente depresivos, que ven todo negativo y que son incapaces de creer en algo. Consumen sus vidas con un impulso suicida, porque viven lo inmediato y no pueden ver más allá de sus actos.

Son hipersensibles hasta el punto de sentir que están en carne viva, y como no pueden tolerar ese dolor lacerante ni el rechazo, deciden no sentir nada y vivir la vida anestesiados, pero sin embargo, intentan constantemente recuperar su sensibilidad para no sentirse muertos.

Son autodestructivos, porque para ellos la vida no vale nada, ni tampoco la de los demás cuando son afectados por sus actos.

Eligen vivir una muerte lenta, una dolorosa agonía, porque no están dispuestos a aceptar la vida como es, por despreciarla, por sentirse heridos, por no valorar nada, y también por sentirse culpables por pretender todo y dar tan poco de si mismos.

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