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El Libro Tibetano de los Muertos

Publicado por Malena

La realidad de cada momento es puro pensamiento

El contenido de este libro proviene de una larga y antigua tradición oral y su interpretación corresponde al contexto del budismo.

El Budismo, del siglo VI. antes de Cristo, surgió del Hinduismo de la misma forma que el Cristianismo nació del Judaísmo, con la intención de crear una religión universal y no reducida a una raza o a una casta.

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Esta doctrina parte de una realidad absoluta primordial y una realidad relativa que es ilusoria, desplegada de la unidad como multiplicidad.

Esta realidad, que es relativa, se desarrolla en ciclos de nacimientos y muertes, caracterizados por la temporalidad y el sufrimiento; y está regida por una ley causal que vincula cada acto con su consecuencia a través de los ciclos.

A diferencia del Hinduismo, el Budismo no cuenta con un texto revelado ni con la obligación de realizar rituales externos y sus principios se basan en practicar la vía media entre la vida mundana y el ascetismo extremo para lograr la liberación definitiva de las sucesivas reencarnaciones.

La realidad no tiene sustancia es puro pensamiento y el transcurso del tiempo es una percepción ilusoria.

Cada individuo y existencia individual representan la forma de una corriente vital continua y el paso a otra vida está determinado por el karma o condicionamiento de la vida anterior.

El karma determina la configuración del destino de una existencia, y cada decisión que produce un acto, se incorpora al karma en las sucesivas existencias; porque los actos dejan una especie de entidad, inefable, un vestigio y cada simiente imprime su carácter.

El libro tibetano de los muertos es un texto que se propone guiar al difunto por el estado intermedio, que denominan bardo, entre la muerte y la entrada a otro estado de existencia; pero que también se relaciona con la vida, porque puede mostrarnos un modo de vivir.

El bardo es un intervalo en la situación vital, suceso que también experimentamos en la vida llena de momentos de incertidumbre y cambios.

El bardo es el tránsito por seis estados psicológicos, donde los que han muerto se encuentran además con las deidades apacibles y coléricas que es en gran medida lo que le ocurre a los que están vivos en las situaciones cotidianas.

El mundo que creemos real es donde experimentamos placer y dolor, el bien y el mal y todos los contrarios; y el conflicto surge por la ignorancia de percibir solamente la dualidad de los sucesos y no la unidad.

Cuando uno ya no lucha más, la experiencia de la luminosidad se presenta naturalmente y se establece contacto con la inteligencia fundamental.

Los seis estados psicológicos o reinos del mundo representan los distintos tipos de instintos.

El reino del infierno, que es el más intenso, es un estado de vacío, que no es castigo sino abrumación por nuestros mismos instintos agresivos, que también se sienten en la vida.

El reino de los espectros famélicos que expresa la intensa avidez, un hambre insaciable, que representa la comprensión de que ya lo poseemos todo pero no nos es posible disfrutarlo, sensación que también nos aqueja en esta vida cuando pretendemos lograrlo todo.

El reino animal por la incapacidad de expresar el sentido del humor o sea ir siempre a lo seguro, lo predecible, la forma mecánica de ser de los animales.

El reino de lo humano, que se funda en la pasión, la tendencia a gozar y explorar, la necesidad de la búsqueda y el desarrollo transitorio.

El reino de los dioses celosos, la sensación de extravío, de intriga, basada en la voluntad de sobrevivir y vencer.

El reino de los dioses es el reino del orgullo, una especie de embriaguez con la existencia del yo. El sentimiento de felicidad de percatarse que uno es algo a pesar de todo.

El bardo es el período intermedio entre cordura y locura, entre la confusión y la sabiduría, como ocurre en la misma vida.

El bardo no es visión ni percepción, son retratos psicológicos, que también se pueden experimentar en vida, realizando un retiro, que consiste en meditar siete semanas en total oscuridad.

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