Filosofía

Lo bello

Publicado por Ruben Avila

En los últimos artículos venimos analizando las tesis socráticas respecto a la estética, el mundo del arte y la belleza. Hasta ahora hemos referenciado tres bastante importantes, como son la distinción entre artes imitativas y las que no lo son, siendo las primeras la pintura y la escultura, por ejemplo; la idealización que se lleva a cabo en las artes imitativas, ya que aunque imiten a la naturaleza, la idealizan; y, la última, la belleza espiritual, la capacidad del arte, en especial la escultura, de aprehender el alma humana. Estas, resumidas, son las ideas que hemos visto hasta ahora. Pero Sócrates todavía nos da para mucho más.

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La belleza y su fin

Casi todo lo que sabemos de Sócrates y sus opiniones estéticas se lo debemos a Jenofonte, que en un libro recoge diferentes conversaciones del maestro con artistas. Ya hemos mencionado la que tuvo con el pintor Parrasio, pero, claro está, no es la única de la que tenemos noticia. Así, también sabemos que habló con el artista Arístipo, de cuya conversación se deduce una de las doctrinas socráticas.

Durante la conversación, en un momento dado, Arístipo le pregunta a Sócrates si conocía cosas hermosas, a lo que éste último le responde que las cosas hermosas eran diferentes, distintas entre sí. Así, una jabalina es hermosa es distinta a un escudo hermoso, aunque ambos sean bellos. El segundo lo será en cuanto y tanto proteja bien al que lo porta, mientras que la jabalina lo será si por cómo está hecha se puede lanzar con fuerza y rapidez. Es decir, algo es hermoso si sirve a su fin.

Para profundizar más en su tesis, Sócrates asegura que un cesto para llevar estiércol será hermoso y un escudo de oro feo, si el primero es útil para su cometido, y el segundo no lo es para el suyo. Algo que, sobre todo, comprobaremos en la arquitectura, ya que una casa bella será aquella donde el dueño se encuentre más gratamente.

Lo bueno es bello

De lo anterior se deduce que para que algo sea bello tiene que ser bueno. Si hacemos depender la belleza de la utilidad, como es el caso, es difícil llegar a una conclusión diferente. O, dicho de otra forma, lo que es bueno, es bello.

Esta teoría estaba bastante extendida entre los griegos contemporáneos de Sócrates y parecía del todo razonable. Aunque ya hemos visto que algunos, como los Sofistas, no estaban del todo de acuerdo con ellos, ya que consideraban hermoso, recordemos, aquello que producía placer sensual, que era agradable para la vista y el oído. Nada tenía que ver en el juicio estético el juicio funcional respecto al objeto.

Así nos encontramos que mientras Sócrates asumía que algo hermoso es tal si cumple bien su función, los sofistas aseguraban que lo sería si agradaba al que lo miraba. Por recuperar el ejemplo del escudo. Para Sócrates el de oro era feo, porque es inútil, siendo bello uno con menos ornamentos y más tosco, pero que cumple mejor su función; para los sofistas, al contrario, si el de oro es más agradable a la vista, será el bello, pero no el otro, que si por muy útil que fuera, resulta desagradable.

Imagen: www.aragob.es

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