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Aristóteles: la experiencia estética

Publicado por Ruben Avila

Para Aristóteles la belleza era una propiedad de las cosas, no la concebía como algo que “ponía” el oyente, el lector o el espectador, no la entendía como algo subjetivo, sino como objetivo. Entiendo belleza, claro, en su sentido más amplio, en el sentido griego del que ya hemos hablado en anteriores artículos, y no solamente en un sentido estético.

experiencia estética

Respecto a este último aspecto, respecto a la belleza estética, no parece que Aristóteles tuviera un término concreto que la pudiera definir, aunque sí parece referirse a ella cuando en alguno de sus textos se refiere al deleite que supone el aspecto de ciertas personas, animales o estatuas. O cuando afirma el goce de ver determinados colores y formas, o de escuchar el canto o algunos instrumentos. «En efecto, a quienes se complacen con lo que entra por la vista, como los colores, las formas y el dibujo, no se llama ni moderados ni desenfrenados; sin embargo, podría parecer que es posible complacerse con esas cosas como es debido, o con exceso o con defecto. E igualmente ocurre con los placeres del oído […]». O con el olfato, salvo con alguna excepción.

La experiencia estética

En sus éticas, sobre todo en su Ética a Eudemo, Aristóteles nos habla de lo que significa la experiencia estética, aunque como en sucedía con la belleza estética, tampoco utilice un término específico. De todas formas, podemos saber sobre lo que nos está hablando analizando lo que nos está diciendo.
Así, considera que la experiencia estética supone la vivencia de algo con una intensidad tal, que la persona que la “padece” no puede desprenderse. Naturalmente, siempre y cuando sea gozosa, el dolor no entraría dentro de esta consideración. Este goce es lo que ensimisma al hombre, lo deja como se quedaban los marineros frente a las sirenas, al oír su canto. Puede ocurrir que esta sensación sea «insuficiente» o «excesiva», pero no se entiende como un exceso disoluto, no es algo que se pueda controlar. También, y como característica fundamental, el filósofo griego considera la experiencia estética como exclusivo del ser humano, ajena a otros seres vivos. Esto ocurre, a su parecer, porque el placer del resto de seres se debe al sabor y al tacto, nunca a la vista, el oído y a su armonía, como si ocurre entre los humanos.

Por otra parte, la experiencia estética es sensorial, depende de los sentidos, pero no la agudeza de estos, puesto que hay animales con el sentido de la vista o del oído más fino que nosotros y no por eso, según Aristóteles, pueden tener una experiencia estética.

Por último, el Estagirita asegura que la experiencia es gozosa por sí misma y no por lo que pueda evocar. Es cierto que un aroma nos puede recordar una comida, un recuerdo de la infancia, etc., y ser agradable también por eso, pero el goce se debe a la experiencia misma. Precisamente esta característica es otra de las que nos diferencian del resto de los animales, ya que mientras un perro, por ejemplo, puedo salivar ante cierto aroma o viendo cierta comida por lo que supone eso, no podrá gozar con la experiencia misma, solamente con lo que le evoca lo que ve o huele.

Imagen: filosofiapinar.blogspot.com.es

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