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Plotino: El uno y la inteligencia

Publicado por Christian

«Todos los seres, cuando han llegado ya a su perfección, engendran, y, por tanto, lo eternamente perfecto engendra eternamente algo eterno. Y engendra algo inferior a sí. ¿Qué decir pues acerca de lo más perfecto? Que nada viene de Él a no ser lo que solamente por Él es superado en perfección. Ahora bien, lo más grande después de Él y, por tanto, lo segundo es la inteligencia; y es que la inteligencia lo contempla y necesita solamente de Él. Él, sin embargo, no necesita de ésta. La inteligencia es, pues, engendrada tras lo que es más perfecto que la inteligencia y la inteligencia es el más perfecto de los seres, ya que todos ellos vienen detrás de ella. Así, por ejemplo, el alma es palabra y acto de la inteligencia al igual que la inteligencia lo es del Uno. Ahora bien, la palabra del alma es confusa. Así pues, en la medida en que es una imagen de la inteligencia, el alma debe mirar hacia esta y del mismo modo la inteligencia debe mirar hacia el Uno a fin de ser inteligencia. Y lo ve sin estar separada de Él ya que está inmediatamente tras Él y nada hay entre ambos como tampoco lo hay entre la inteligencia y el alma. Todo lo engendrado desea y ama a su progenitor y muy en especial cuando lo engendrado y el progenitor están solos. Y cuando el progenitor es lo más perfecto, necesariamente lo engendrado está con él y sólo están separados en la medida en que son distintos».

Plotino, Enéada quinta

Plotino nació en Egipto, exactamente en Licópolis, aproximadamente en el año 204. En su juventud fue discípulo de Ammonio Saccas, aunque marchó a Oriente con la expedición militar de Gordiano, con el objeto de tomar contacto con las filosofías persa e india. A su regreso se estableció en Roma, donde enseñaría filosofía durante los próximos veinticinco años, adquiriendo gran reputación y respeto; un respeto que inspiró a sus contemporáneos.

Es sumamente importante por muchos aspectos de su filosofía, algunos de los cuales podremos encontrar en autores muy posteriores, como por ejemplo en San Agustín. Como en el sistema de Filón de Alejandría (el cual veremos en el post posterior), del principio supremo procede inmediatamente el pensamiento, y, de este, a su vez, proviene el alma universal, y así sucesivamente.

El neoplatonismo se encontraba ante el mismo problema que el cristianismo, pues, o bien el resto de los seres provienen de Dios, o bien de la nada. Y es que, la diferencia entre ambas teorías es sutil, pero poseen, como podemos comprender, una gran importancia tanto filosófica como teológica: si se parte de un principio único, posee un enorme alcance, dado que el creacionismo lleva consigo la afirmación de la diferencia existente entre Dios y el resto de los seres, subrayando la contingencia de lo creado al establecer la nada como punto de referencia de su ser.

No obstante, frente al neoplatonismo el cristianismo no dejó, propiamente, de afirmar siempre esa tesis creacionista.

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