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Viejos Jóvenes y Jóvenes Viejos

Publicado por Malena

La ancianidad puede ser para algunos el comienzo de una nueva etapa, y hasta a veces puede convertirse en la mejor; en tanto que para otros puede ser el principio del fin.

Aunque la mayoría añora la frescura de la juventud, no puede olvidar que en gran parte esa edad es un período muy amargo de la vida, cuando se viven las mayores desilusiones y los más dolorosos desengaños en el difícil camino del aprendizaje de las reglas de juego de los adultos.

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La niñez no siempre es feliz aunque se tengan padres amorosos, hay que aprender cosas que no interesan, hacer lo que no se desea, tomar la sopa, obedecer a los adultos y portarse bien cuando a esa edad ninguno se puede quedar quieto.

La adolescencia es aún peor, porque no se es ni grande ni chico en una larga y dificultosa franja de cambios incomprensibles difíciles de superar sin desquiciarse, hasta que la gente los empiece a tener en cuenta y a tomarlos en serio.

Mantenerse joven es una aspiración comprensible, pero difícilmente alguien que ya ha vivido esté dispuesto a volver a ser joven si esto fuera posible.

Si se pudiera volver a ser joven, algunos tal vez tendrían oportunidad de cambiar cosas, no cometerían tantos errores, elegirían cosas diferentes; aunque quizás no lo puedan tampoco hacer sintiéndose nuevamente jóvenes, sin la sabiduría suficiente para ver mucho más allá de las narices.

Pero también hay jóvenes viejos que pretenden saberlo todo y creen estar de vuelta sin saber nada, aventurándose a vivir sin esperanza.

Uno quiere ser grande cuando es chico y joven cuando es viejo.

No creo que la vida sea mejor siendo joven o viejo, sino que se torna más fructífera y plena a la edad en que uno se atreve a ser uno mismo, para poder ir cambiando armónicamente con el tiempo; porque el que puede cambiar está creciendo y depende de la filosofía que adopte será cómo seguirá viviendo.

Muchos mentalmente siempre tienen veinte años y sólo se dan cuenta de que son viejos porque en el ómnibus le ceden el asiento; porque es verdad que es la gente que está alrededor la que va convenciendo a los mayores que ya están viejos.

La ancianidad llama al silencio, el sabio se da cuenta que hay que decir lo menos posible y escuchar todo. Es la mejor edad para oírlo todo porque uno está preparado y tiene más tiempo.

Lo mejor será poder observar todo con más detenimiento y poder apreciar a Dios en todas las cosas que vemos.

Uno puede adivinar cómo ha sido la vida de cada uno cuando es viejo, porque las huellas más visibles son las del sufrimiento.

Cada arruga representa un desafío, una preocupación, o una pérdida; porque la felicidad no deja huellas, tiene la virtud de mantener a la persona con una apariencia más joven que vieja.

Una sonrisa permanente borra la tristeza y nos libera de la ansiedad de la angustia y del miedo, haciendo que los demás se alegren y nos quieran todo el tiempo.

Seamos gente sin edad, como muchos, que permanecen siempre jóvenes aunque pase el tiempo.

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