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Verdad relativa

Publicado por Ruben Avila

Ya hemos visto la postura escéptica respecto al conocimiento y su idea de suspensión de juicio fundamentada en 10 aporías para alguno, y 15 aporías para otros. Pero, independientemente de su número, lo que es evidente es que defendían la relatividad del bien, la belleza o la verdad. Por culpa de —o mejor dicho, debido a— nuestras carencias cognoscitivas, de nuestra posición en el mundo y de la peculiaridad de nuestra especie y de cada uno como individuo, para los escépticos, no somos capaces de conocer la esencia de las cosas, de ver la verdad o de determinar el bien.

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Lo cual, por otra parte, no quiere decir que aseguraran que no existe nada. De hecho, aseguraban que «sobre aquello que experimentamos como hombres, estamos de acuerdo en admitirlo. Por ejemplo que es de día, y que vivimos, y admitimos muchos otros fenómenos de la vida. Pero en cuanto a aquellas cosas que los dogmáticos afirman por el razonamiento, asegurando que las han comprendido, acerca de estas suspendemos nuestro juicio en cuanto inciertas, ya que sólo reconocemos nuestras impresiones».

Así, ante un objeto pueden decir que parece que es rojo, y actuar como si así lo fuera, pero no lo afirmarán puesto que según sus postulados los seres humanos somos incapaces de saber cómo es dicho objeto realmente. No niegan, por tanto, por ejemplo, que veamos, sino que lo que niegan es que podamos saber cómo y porqué vemos. Por eso, Timón, discípulo de Pirrón y uno de los escépticos más famosos, dice en su Acerca de las sensaciones que «no aseguro que la miel sea dulce, pero reconozco que lo parece».

De esta forma, ni niega ni afirman. Son capaces de actuar como si las cosas fueran como se dice que son pero sin confirmarlo ni negarlo. Sencillamente se ven incapaces de asegurar ni lo, ni lo otro, ni lo contrario.

Pero, ¿es ésta una postura asumible? ¿Podríamos mantenerla hoy en día? Es más, ¿hay gente que así lo haga?

Si bien es cierto que en la actualidad existen pocos escépticos puros —en realidad, no conozco a ninguno pero tampoco puedo negar su existencia—, sí que es cierto que ideas como la inconmensurabilidad de las diferentes culturas y tradiciones que encontramos en el mundo están bastante extendidas. Es decir, que no podríamos juzgar a los demás (suspensión del juicio) puesto que son tan diferentes a nosotros que no somos capaces de conocerlos, así que si los juzgamos no estaríamos más que mostrando nuestros prejuicios y arrogancia.

Como vemos, la anterior tesis podría ser defendida tranquilamente por un escéptico de pro, por un Pirrón o un Timón.
La intención de esta serie de artículos no ha sido, ni es, determinar la veracidad o falsedad de las tesis escépticas. Por lo menos de momento, aunque en un futuro sí que podríamos tratar de hacer un análisis crítico de las mismas. Al contrario, lo que hemos pretendido es mostrarlas para vislumbrar lo que nos podría ser útil de ellas, porque aunque no asumamos su escepticismo, nos puede resultar positivo partir de ellas para cualquier análisis que queramos llevar a cabo.

Imagen: natalinlloyd.blogspot.com.es

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