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La televisión

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La televisión es el enemigo en casa. No tendría por qué ser así, pero de hecho así es. Este aparato es el instrumento que la clase dominante utiliza para colonizar mentes. Y es muy efectivo, como veremos a continuación.

Un método eficiente de control mental

En las series de televisión, tanto infantiles como para adultos, así como en el cine, se nos han mostrado diversas historias ficticias sobre el control mental, historias de seres malvados que quieren controlar las mentes de otros seres inocentes, sea un individuo, sea el mundo entero. Para tal fin, los malvados ficticios han contado con varios medios, desde sus propios superpoderes hasta satélites, según el caso. Lo cierto es que la televisión es, como medio de control mental, mucho más eficiente que cualquiera de los métodos que hemos podido ver a lo largo de nuestra vida en el mundo de la ficción.

la televisión

La televisión coloniza las mentes.

En primer lugar, la televisión es un medio barato de control mental, pues el aparato que servirá para controlar las mentes es pagado por las mismas personas cuyas mentes serán colonizadas y controladas. En segundo lugar, en prácticamente todos los hogares hay una televisión, lo que facilita el control mental de prácticamente toda la población al mismo tiempo.

Cómo coloniza mentes la televisión

La ficción, a través de la televisión la mayoría de las veces, nos ha metido en la cabeza que cosas como la colonización de mentes y el control de estas se realizan de forma pintoresca, tal vez con ondas de energía emitidas por un aparato, por un rayo o por un misterioso poder que algunos seres tienen. Sea como fuere, esto es la ficción y, al menos en este aspecto, poco tiene que ver con la realidad.

En la realidad la colonización de mentes funciona de otra manera. En primer lugar, la televisión cuenta con una programación variada, a través de la cual llega a mentes de todas las edades. Por ejemplo, la programación infantil, los contenidos de esta programación, están llenos de ideas que a la clase dominante actual le conviene que sean inculcadas a los niños. Así, los niños aprenden que la moral se reduce a una constante lucha entre el bien y el mal; que un individuo, solo con su esfuerzo y trabajo, puede llegar a ser multimillonario; etc. A los niños se les inculca una cosmovisión basada en la ideología dominante mediante la televisión.

En segundo lugar, en la televisión la imagen tiene un gran peso, aportando una presunta veracidad a la información. A las personas adultas, quienes son agentes sociales activos, se les proporcionan tertulias políticas y noticiarios. Tanto en unas como en los otros, se transmiten informes que van acompañados de imágenes. Estas imágenes son seleccionadas y editadas previamente, sin embargo los espectadores solo ven el resultado final, junto con los informes que un locutor añade, en el caso de los informativos. El contexto, un programa dedicado a la información seria, sumado a las imágenes, permiten colonizar mentes. Por ejemplo, a la clase dominante le ha interesado durante muchos años que pensáramos que Hugo Chávez es un dictador, lo cual es falso, pues era el presidente electo de Venezuela. Para que pensáramos tal cosa, aquellas personas a las que, por el contexto en el que aparecen, el espectador les atribuye rigor informativo no han tenido más que decir que era un dictador, sumado a imágenes en las que el fallecido presidente de Venezuela se mostraba más excéntrico.

La televisión como autoridad moral y epistémica

La televisión, los contenidos televisivos, los informes emitidos a la población a través de este aparato, se consideran una autoridad moral y epistémica. Es una autoridad moral porque es a través de la televisión que se nos inculca determinada moral, de tal modo que las normas que se han de observar son las que se transmiten mediante los contenidos televisivos. Por otra parte, es una autoridad epistémica. En efecto, adquirir una creencia a través de la televisión, es considerado una justificación de la creencia misma. Haber oído o visto algo en la tele, es considerado una justificación suficiente para creerlo.

De hecho, el considerar a la televisión como una autoridad en este sentido es un signo evidente de que la persona que le confiere la autoridad está mentalmente colonizada por la ideología dominante.

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