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El presente

Publicado por Ruben Avila

Existen dos corrientes de pensamiento que aunque aparentemente debieran ser contrapuestas están de alguna manera relacionadas. Realmente son dos teorías comunes, no debemos acudir a las grandes “cabezas” para encontrarlos, y, lo más probable, todos nosotros nos adheriremos a una u otra con mayor o menos intensidad. Por concretar en dos sentencias, nos estamos refiriendo a las siguientes: 1) Todo tiempo pasado fue mejor y 2) El fin de la historia.

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Todo tiempo pasado fue mejor

Un comentario muy extendido desde el inicio de la crisis, pero que se encuentra en cualquier época en determinados estratos sociales y, sobre todo, teniendo en cuenta la edad, es la pérdida de valores. Las cajas se han convertido en especuladores impasibles, los alumnos no respetan la autoridad de los profesores, y los jóvenes en general a ninguna clase de autoridad. Por todos lados vemos una pérdida de valores atroz. ¿O no?

Se sea consciente o no, al referir las frases anteriores parece que se plantea la existencia de un pasado casi paradisíaco donde las cosas eran como tenían que ser, cada cual sabía su posición y todo era moralmente bueno. Ciertamente, esto es terriblemente falso. Desde nuestra perspectiva y desde cualquiera.

No existe tal pérdida de valores, en abstracto. Lo que ocurre, realmente, es la modificación de éstos. Alguna transformación nos parecerá, dependiendo de nuestra perspectiva, más feliz que otra, pero no hay más. Los valores, como la energía, no desaparecen, se transforman.

¿Entonces? ¿Por qué tenemos la impresión contraria, de que, sobre todo llegada cierta edad, el pasado fue mejor? Para responder, tomaré prestadas las palabras de Jorge Manrique en sus Coplas a la muerte de su padre:

cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

El fin de la historia

Esta tesis, al contrario que la anterior, plantea la evolución continua de la historia humana. Así, nuestra época es mejor que cualquier anterior, por ser la última. Da igual la comparación que hagamos, la esencia misma de la sentencia anula cualquier conclusión diferente a la que sus términos obliga.

Pero podemos ir un poco más allá, porque no sólo es la mejor, comparándola con el pasado, sino con cualquier tiempo. No hay más, llegamos al culmen. Es decir, al fin de la historia.

Esta consideración de los hechos, naturalmente, conlleva un punto importante de arrogancia, incluso sin llegar al extremo de considerar el fin de la historia en los términos planteados. Si acudiéramos a una reunión de ex-alumnos, donde nos encontráramos con personas de otras épocas, podríamos mirarles a todas por encima del hombro, nadie nos llega al a suelas del zapato.

El presente no me gusta

Dos tesis contrapuestas que tienen un nexo en común, una especie de prurito, de desapego con el presente. En un caso, se trata de superarlo mirando al pasado; en otro, elevando artificialmente el presente, quizás el nuestro sea una porquería, pero no veas el de los demás… En ambos, es por ello que asegurábamos que están íntimamente relacionados, existe una relación poco amable con el presente. De ahí, que en esta época donde nos parece que todo esté patas arriba, oscilemos más entre ambas expresiones.

Imágenes: chocolatebailable.wordpress.com

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