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Entre la utopía y la distopía

Publicado por Ruben Avila

Una distopía es la cara opuesta de una utopía. Si la segunda es una situación o lugar ideal, la primera sería todo lo contrario, un ejemplo de lo que no es deseable, de lo que debemos huir. Así lo entendía Stuart Mill, al que se le entiende como padre (o por lo menos difundidor) del término. Aunque es cierto que el inglés también utilizaba el término cacotopía —este proveniente de Bentham— para referirse a la misma realidad. Por el contrario, el de utopía se lo debemos principalmente a Tomas Moro, término con el que tituló su obra magna y en la que a través del relato de un viajero conocíamos las leyes y normas de un lugar de en sueño… para Tomas Moro, claro.

entre la utopía y la distopía

Resulta que tanto la distopía como la utopía dependen del prisma con el que se les mire. Así, por seguir con el ejemplo, si hoy en día leemos Utopía probablemente no coincidamos con el autor británico en que eso que nos relata es un lugar envidiable donde vivir, un lugar que se rige por la justicias y las mejores costumbres. Y de igual manera nos puede ocurrir con una distopía. Probablemente al común de los mortales nos pondría los pelos de punta imaginar un mundo donde la SGM hubiera sido ganada por los nazis y cómo podría resultar el mundo posterior. Para nosotros, entonces, esa clase de mundo sería una distopía. Un neonazi, por el contrario, seguramente viese dicho presente paralelo como una utopía.

Por tanto, dependerá de los valores del creador o del lector —porque mayormente las distopías se confinan en los libros, aunque el cine también hace uso de ellas suele hacerlo tomándolas prestadas de alguna novela— para que una situación concreta recaiga en un bando o en otro. Pero todavía queda una tercera posibilidad.

Etimológicamente, utopía significa “no lugar”. Y distopía tiene un valor similar. Es decir, son situaciones idílicas o infernales pero que existen y no deberían existir, por lo menos en su totalidad. Se pueden entender, sobre todo en el caso de las distopías, como faros que nos quieren mostrar los malos caminos que nos esperan si seguimos transitando por donde lo hacemos, pero no se entienden como relaciones fehacientes sobre el futuro.

Sin embargo, la tercera opción que comentábamos antes, se aleja de la distopía porque supone un intento de reflejar el futuro de manera fehaciente, pero se emparenta con ella por mostrarnos un futuro apocalíptico.

Son muchas las voces que nos conminan a cambiar nuestra forma de vida porque si seguimos el mismo rumbo terminaremos por destruir todo lo que tenemos, por devastar la tierra, por devorarla a ella y a nosotros mismos por culpa del afán de lucro de unos pocos (o muchos). Es un final terrible, lleno de hambrunas, de enfermedades, de inundaciones, tornados, tsunamis… Nos muestran lo indeseable, lo que debemos evitar pero teniendo en cuenta que es probable que no lo hagamos, que es probable que termine siendo nuestro futuro real. Entonces, este relato de lo que puede ser no es ni una utopía ni una distopía.

Imagen: nemumpoucoepico.com

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