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Rupert Shaldrake y la resonancia mórfica

Publicado por Malena

Los campos mórficos, son zonas auto organizadas similares a los campos magnéticos, que forman y orientan los sistemas que están bajo su influencia.

En matemática, los atractores son los límites o los puntos de llegada hacia donde se desarrollan y son atraídos los sistemas dinámicos.

Estos modelos matemáticos de campos morfogenéticos son una manera científica de concebir los propósitos, las metas, las intenciones o los objetivos.

La estructura de los campos mórficos depende de lo ocurrido anteriormente, tienen un tipo de memoria y si se repiten los patrones que organizan es más probable que vuelvan a ocurrir.

Por ejemplo: el campo de una nueva forma de pensar se materializa mediante un salto creativo, pero no se sabe cuál es la fuente de esta creatividad evolutiva.

Los campos evolucionan con el paso del tiempo y constituyen el fundamento de los hábitos. Las leyes de la naturaleza por ejemplo podrían ser hábitos.

La resonancia mórfica es el medio por el cual un modelo de actividad o una información, es transferida a través del espacio tiempo, de un sistema anterior a uno posterior del mismo tipo; o sea la influencia de lo semejante sobre lo semejante que proviene del pasado.

En el ámbito humano, la resonancia mórfica se relaciona con el inconsciente colectivo de Jung.

Los campos mórficos se relacionan con la física cuántica en el sentido que ambos conceptos implican un tipo de no localización que la ciencia aún no reconoce, haciendo posible conexiones o correlaciones a distancia, concepto que no coincide con la lógica de la física clásica.

La no localización en la teoría cuántica significa que partes del sistema cuántico, que estuvieron unidas en el pasado, conservan una conexión instantánea, inclusive a grandes distancias.

Quiere decir, que dos partes del mismo sistema que están separados en el espacio, pueden permanecer unidas por un campo cuántico, que no es el espacio ordinario sino un espacio multidimensional de posibilidades.

Existe una relación entre la idea de campos mórficos y la teoría del orden implicado del físico cuántico David Bohm, que propone la idea de la existencia de un orden plegado, subyacente al orden del mundo desplegado que conocemos

Se puede comprobar la existencia de los campos mórficos, si observamos la conducta de ciertas colonias de organismos.

Aunque los individuos de estas colonias permanezcan separados, sin ninguna posibilidad de poder conectarse con los sentidos, pueden transmitirse información entre ellos. Por ejemplo, los insectos más pequeños, pueden construir nidos con una arquitectura muy compleja y nadie sabe cómo se coordinan para hacerlo.

Tampoco nadie sabe cómo las bandadas de pájaros pueden cambiar de dirección tan rápido y sin chocar entre ellos.

En los humanos, los campos mórficos se extienden más allá del cerebro y nos une a los objetos de nuestra percepción, lo que nos da el poder de afectarlos con nuestra intención y atención.

La existencia de estos campos nos daría el poder de influir en las cosas con sólo mirarlas.

La sensación en la nuca de ser mirado por otro es una experiencia común que casi todos conocemos.

El misterio de la navegación, migración y regreso de las aves y otros animales, también podría ser explicado por la existencia de campos invisibles, que como atractores, conectan a los animales con sus objetivos.

Rupert Shaldrake realizó una investigación minuciosa con perros y comprobó que estos animales saben cuando sus amos tienen la intención de volver a casa, aún estando a miles de kilómetros de distancia; y lo demuestran sentándose detrás de la puerta, a partir de ese momento, a esperarlos.

Distinguidos filósofos de la ciencia, físicos cuánticos y algunos visionarios se reúnen en Cambridge hace algunos años, para explorar áreas desconocidas que se encuentran entre la ciencia, la filosofía y la comprensión espiritual, considerando que la ciencia que conocemos es demasiado limitada y que es la física cuántica la que está abriendo un camino hacia una visión más amplia de la realidad.

Fuente: “De perros que saben que sus amos están camino de casa”, Ruper Sheldrake.

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