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La Filosofía Perenne

Publicado por Malena

En las últimas décadas, ha atraído la atención de teólogos, filósofos, hombres de ciencia y psicólogos, la doctrina que Huxley (1894-1963) denominó “Filosofía Perenne”, un cuerpo de conocimiento universal que se refiere a la naturaleza humana y a la realidad que se encuentra en el centro de las más importantes tradiciones metafísicas.

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Este modelo supone que la personalidad humana es la expresión en múltiples niveles de una sola conciencia.

Así como en la física el espectro electromagnético representa la expresión en múltiples bandas de una sola onda electromagnética, el espectro de la conciencia humana se aproxima en forma pluridimensional a la identidad del hombre; o sea, que a cada nivel del espectro le corresponde un sentimiento de identidad individual diferente.

Estos niveles del espectro de la conciencia se funden unos con otros en forma infinita y son inseparables y a medida que un individuo va despojándose de sus apegos va cambiando de nivel; es decir, que cada vez que un sujeto despeja una serie de necesidades, hace emerger el siguiente nivel.

La satisfacción de las necesidades neuróticas adquiridas, que son insaciables, pueden ser desplazadas para que surjan las necesidades básicas que subyacen y lograr el camino hacia la realización personal plena.

Lo que la Filosofía perenne supone es que la conciencia más profunda y personal del hombre es idéntica a la realidad absoluta y al universo, tal como lo intuyeron las mentes de Brahman, Tao, Dhamar kaya, Alá o la Deidad.

La mente es todo lo que hay, es infinita, intemporal y eterna; contiene todo, porque fuera de ella nada existe.

Este nivel no es un estado alterado de conciencia sino que es el único estado real de la conciencia y todo lo demás es una ilusión.

Las bandas transpersonales del espectro son supra individuales, cuando no se tiene conciencia de la identidad con el todo pero tampoco se permanece dentro de los límites del cuerpo. Son las bandas donde se dan los arquetipos y para el Budismo sería el cuerpo causal.

En el nivel existencial, el hombre se identifica sólo con su organismo psicofísico en un espacio tiempo, cuando predomina el pensamiento racional y la voluntad personal.

El nivel del Ego es cuando el individuo se identifica con la imagen de si mismo. Los budistas lo llaman nivel del intelecto y los hinduistas el nivel del yo escindido, atrapado en un cuerpo.

El nivel de la sombra es cuando el hombre se identifica con la persona, o sea una parte reducida de su ego, pobre y falsa, que son los roles, mientras el resto de sus tendencias físicas se alienan en la sombra.

Cada nivel tiene un modo de conocimiento diferente y es producto del dualismo, una serie de dualismos, o una clase de procesos inconscientes, y así sucesivamente. El único nivel real es el de la mente, los demás niveles son producto de la división entre el sujeto y el objeto, que es aparente.

La filosofía perenne por lo tanto se refiere en forma simbólica al dualismo, el acto de separación original como lo masculino y femenino.

Desde el punto de vista epistemológico es la separación del sujeto y el objeto, del cognoscente y lo conocido, del observador y lo observado y desde la perspectiva ontológica es la separación del si mismo y el otro, del organismo y su medio ambiente.

La formación de los distintos niveles es el intento del hombre de huir de la muerte, aferrándose a una ilusión.

Al tratar de huir de la muerte, el hombre se identifica con una idea que le parece imperecedera y de allí surge la representación mental de él mismo que es el Ego.

Los distintos niveles de conciencia se desarrollan mediante la fragmentación, pasando por sucesivos dualismos.

Fuente: “Más allá del Ego”, Abraham Maslow, Ram Dass, Fritjof Capra, Ken Wilber y otros.

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