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Kant y la ilustración

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

El título «Kant y la ilistración» es bastante corriente, tanto cuando se quiere hablar de este filósofo como cuando se trata de hablar de ese periodo histórico particular, se suele mencionar a ambos, como si estuvieran intrínsecamente vinculados. Y en cierto modo lo están. Kant es el filósofo prototipicamente ilustrado; la ilustración, por su parte, bebió bastante de Inmanuel Kant. Pero hay más, el propio Kant era plenamente consciente de que vivían en el periodo ilustrado, lo que lo llevó a preguntarse en qué consistía ser ilustrado. A esta pregunta responde en su famoso opúsculo titulado «Respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración?». Por nuestra parte, nuestro objetivo es mostrar el vínculo tan estrecho entre Kant y la ilustración y, para ello, profundizaremos brevemente en cada uno de los componentes de esta conjunción.

La ilustración es el nombre de una época histórica y de un movimiento intelectual y cultural que se inicia en el S. XVII y que culmina con la Revolución francesa, en 1789. Como periodo histórico, se inicia con la revolución inglesa, en 1688. Como movimiento intelectual, el objetivo de la ilustración es la liberación de la humanidad a través de la razón. Por liberación, se entiende aquí una liberación mental, una liberación de los prejuicios heredados de la autoridad y la tradición. En este sentido, los enemigos que combate el movimiento ilustrado son la superstición, la tiranía y la ignorancia.

Kant y la Ilustración

caricatura de Inmanuel Kant

Tal y como fue expresado por Inmanuel Kant en la obra que hemos mencionado más arriba, en la «Respuesta a la pregunta ¿Qué es la ilustración?», la ilustración consistiría en la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad, es decir, el hombre habría estado a lo largo de la historia siempre tutelado, valiéndose de criterios externos impuestos por la tradición y la autoridad. El hombre sería culpable de su propia situación de sumisión debido o bien a la pereza, o bien al miedo. Liberándose de estos handicaps, los seres humanos pueden saber y conocer por sí mismos, únicamente limitados por la propia razón, es decir, por los límites de la propia razón.

A este respecto, merece la pena recordar el lema de la ilustración, acuñado por Kant en la obra mencionada: «sapere aude!» («Atrévete a saber«).

2. Kant y la ilustración

Dado que, como hemos dicho, los límites al conocimiento los pone la propia razón, la primera tarea que va a llevar a cabo Kant, en plena coherencia con su pensamiento ilustrado, va a ser un estudio de los límites de la razón. Esta empresa, que le llevó 11 años al filósofo de Königsberg, aparece en su famosa obra, La crítica de la razón pura. Allí Kant se pregunta ¿Qué puedo conocer?, dando así el primer paso de su proyecto filosófico, el cual consistía en dar respuesta a la pregunta ¿Qué es el hombre?, mediante una respuesta a estas otras tres preguntas más específicas: ¿Qué puedo conocer?.¿qué debo hacer? Y ¿Qué me cabe esperar? En cualquier caso, en la Crítica de la razón pura Kant identificó que la razón no podía trascender el ámbito fenoménico, es decir, el de los objetos pasados por el filtro de nuestras estructuras conceptuales. Estas son las que ponen los límites de la razón. Más allá de ellas, nada podemos conocer. Entre los candidatos a desconocidos por encontrarse, en caso de encontrarse, más allá de nuestras estructuras cognitivas son Dios, el alma y el mundo (como un todo).

En este sentido, el estudio de la razón emprendido en la Crítica de la razón pura encarna el espíritu ilustrado, en la medida en que estudia los límites de esta, es decir, los únicos límites aceptables cuando de conocimiento se trata.

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