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Hobbes y los seres humanos

Publicado por Ruben Avila

Hobbes, uno de los grandes filósofos políticos que dio el siglo XVII, resumía las emociones en tres básicas: avaricia, gloria y miedo. Estas serían el sustento de lo que hacemos los seres humanos y, también, de que nos unamos en sociedad, de que establezcamos una serie de normas para nuestra convivencia.

A través de nuestro trabajo logramos medios para llevar una vida relativamente cómoda, labramos el campo y construimos nuestra casa para cobijarnos y alimentarnos. Pero tendemos a querer siempre más, no nos conformamos nunca con lo que tengamos, el deseo es incesante. Conocedores de ello, tememos que la avaricia de los demás les lleve a robarnos lo que tengamos, lo que con nuestro esfuerzo hemos logrado levantar. Así que desconfiamos de nuestro entorno. Y, como dicen que la mejor defensa es un buen ataque, no descansamos hasta ampliar nuestros terrenos, nuestro reino, atacando a los de nuestro alrededor para evitar que nos ataque otro antes, convirtiendo de facto en enemigos a todos porque en potencia lo son. Así, también queremos hacernos fuertes para evitar un posible ataque de otro que se haya hecho tan poderoso como nosotros. Y, claro, la única forma de evitarlo es no dejar a nadie que se haga poderoso, siendo a su vez la única fórmula posible para lograrlo el atacar a quien sea, continuamente, para que nadie se haga poderoso.

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Además, la vanagloria nos lleva a querer que los demás nos quieran tanto como nos queremos a nosotros mismos, por lo que cualquier muestra de menosprecio tiene que ser respondida con un ataque directo, obligando al contrario a bajar la cerviz y aceptar nuestra superioridad.

Este panorama sería un estado de guerra continua, donde, en realidad, nadie estaría seguro de conversar lo que tiene, puesto que siempre puede aparecer alguien y robárnoslo. Ay, pero, recordemos, somos principalmente temerosos. En un mundo así, la mayoría de nosotros no podría vivir. O, cuando menos, no querría vivir. Por eso vivimos bajo el imperio de la ley. Por eso, nos dirá Hobbes, es tan necesario que un soberano detente toda la fuerza, para que cambiemos el miedo a todos, por el miedo de uno sólo.

Al ser solamente el soberano el que ostenta la fuerza y el poder, tan sólo él podrá defendernos de los demás y tan sólo él podrá atacarnos sin que podamos responderle.

Pasar del miedo a todos al miedo a uno solo puede parecer un avance pero, claro, desde nuestra perspectiva no parece gran cosa. Sobre todo porque esta forma de ver las cosas es una manera de justificar cualquier tipo de dictadura, legitimando cualquier atrocidad que cometa un dictador, siempre y cuando ostente el poder, ya que será éste el que le otorgue la legitimidad, puesto que, a decir de Hobbes, un pacto firmado bajo amenaza también debe ser respetado, violarlo iría en contra de la moral.

No estoy de acuerdo ni en su definición de lo que los seres humanos somos, ni los motivos de porqué actuamos. Sin embargo, tampoco parece responsable desechar los motivos que nos da Hobbes porque, en realidad, si no son los únicos, sí que están claramente en nuestras motivaciones.

Imagen: es.wikipedia.org

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