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El Muro de Berlín

Publicado por Malena

Roberto Ampuero, escritor chileno, doctor en filosofía, profesor y columnista de la Universidad de Iowa de Estados Unidos; abandonó Chile en 1973 y vivió en Cuba durante siete años donde cursó estudios en la Universidad de La Habana.

Desilusionado por el sistema renunció al partido y se radicó en Berlín Oriental donde realizó cursos de post grado en la Universidad de Humboldt.

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En 1983 se trasladó a Alemania Occidental donde ejerció el periodismo.

En 1993 volvió a Chile y publicó una novela; y en 1997 se trasladó a Estocolmo.

Desde 2000 vive en los Estados Unidos con su familia y actualmente se encuentra en Berlin para continuar su obra “Nuestros años verde olivo”

Ampuero describe cómo se vive, casi veinte años después, en Berlin oriental, después de la caída del muro.

La ciudad se muestra palpitante y con múltiples expresiones culturales y aunque aún no ha conseguido igualarse al otro lado del país, el hecho histórico de haberse unificado enseña al mundo que se puede avanzar sin estar atado a prejuicios ni ideologías.

El sector oriental de Alemania se ha convertido hoy en día, en un lugar cosmopolita donde se puede ver gente de todas partes del mundo, comprando y consumiendo productos importados y a una multitud de residentes que con exaltación y extravagancia se dedican a los más curiosos e inesperados menesteres, a pesar de los avatares económicos.

Los cambios políticos parecen haber provocado una explosión de entusiasmo y vitalidad en la población desde que su vida ha cambiado y puede desplazarse por la ciudad sin restricciones.

El autor cuenta su regreso a Berlín Oriental donde alguna vez buscó refugio durante su exilio de Chile, en la época del gobierno de Augusto Pinochet; y relata en esta oportunidad la característica de los cambios.

La gente que antiguamente resultaba introvertida, rígida y centrada en si misma, como demasiado oprimida por el sistema, hoy se ha convertido en una multitud cordial, firme y abierta al mundo. No existe una vigilancia que se diferencie de otras ciudades y en los lugares de comidas se puede elegir el menú y desayunar hasta la tarde, cosa difícil de lograr en otras épocas.

Al ver estos cambios el autor se pregunta cómo lo hicieron, cómo se adaptaron a esa nueva vida cuando la vida cotidiana se había transformado en una rutina monótona sin ninguna motivación más que trabajar.

Sin embargo, a pesar de todo, las diferencias existen, principalmente para los que son mayores de cuarenta, y esto se nota en la economía y en la falta de trabajo.

Ampuero estuvo presente antes y durante la caída del muro de Berlin y ahora puede constatar la repercusión que tuvieron esos cambios.

Todavía quedan algunos sectores del muro como testimonios mudos, antiguos jerarcas que tenían posiciones de privilegio cobran hoy jubilaciones mínimas, muchos edificios públicos fueron destruidos y antiguas fábricas estatales pasaron a manos privadas o cerraron.

Sólo continúan circulando algunos vehículos públicos como recuerdo y muchas cosas de esa época se encuentran hoy en un museo, pero todavía subyace cierta inquietud en la gente que ansía una mayor igualdad en las condiciones de vida.

Pronto se cumplirán veinte años de la caída del muro de Berlín y del fin de la guerra fría, rebelión de una población pacífica que ayudó a terminar con ese sistema.

Cada persona según su ideología, celebrará o lamentará la caída del antiguo monumento, que fue el símbolo elocuente de dos formas de pensar diametralmente opuestas.

¿Se podrán olvidar viejos rencores o sobrevivirán los antagonismos en aquellos que se solidarizan con sectores que continúan anhelando antiguas utopías?

El Berlín de hoy demuestra al mundo que se puede empezar de nuevo para vivir unidos y hacer juntos un futuro que sólo aspire al bienestar del hombre libre de dictaduras ideológicas.

Roberto Ampuero hace 36 años también buscaba su utopía en Berlín Oriental, capítulo de su historia en el exilio que le sirvió para cambiar definitivamente su cosmovisión.

Es el testimonio viviente de una generación aferrada a un ideal que fracasa en la realidad.

Fuente: Diario “La Nación”, Sección Enfoques, nota de Roberto Ampuero, para el diario “El Mercurio” de Chile.

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