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Belleza y fealdad

Publicado por Ruben Avila

Los estoicos distinguían entre belleza moral y estética (corporal), pero una vez hecha la distinción entendían que «significa lo mismo lo bello y lo bueno». Entendido así, la declaración de intenciones es incluso superior a la platónica, que asimilaba bello y bueno, ya que plantean que, literalmente, es lo mismo lo uno y lo otro. Por supuesto, sabiendo la distinción inicial comprendemos dónde radica la distinción. Es tras separar, tras diseccionar la belleza, y distinguir sus dos partes que los estoicos asumen que una de ellas es igual que la bondad, que lo bueno.

belleza y fealdad

La función del arte

Recordemos que los primeros estoicos, aquellos estoicos extremos, encabezados por Zenón, el fundador de la escuela, supeditaban todos los ámbitos, todos los valores, a los morales. Y, claro está, los estéticos no se libraban. Y aunque para el propio Zenón, el arte debía servir a fines útiles, ésta era su única función según el pensador griego, no se desvía ni un ápice de la afirmación anterior.

Es cierto que sin más explicaciones podríamos suponer que Zenón, y por ende sus seguidores, era unos utilitaristas. Pero es que para ellos los únicos fines útiles eran los fines morales. Su utilidad no es la misma que la que podemos escuchar de la boca de un utilitarista de nuestra época. No es una utilidad fría, que se rige por el puro cálculo, a la que se refieren los estoicos, sino a aquella que se rige por lo más importante, por lo fundamental, para los estoicos, claro: los valores morales.

Es en este sentido que el arte tiene su razón de ser y en el que tiene que desarrollarse para ser útil. Tiene que buscar la belleza moral, no la estética.

Belleza y fealdad

Sin embargo, este discurso plantea ciertas paradojas, sobre todo una, a la que los estoicos miraban sin ningún azoramiento. Y es que resulta que si la belleza moral está por encima, alguien estéticamente feo puede ser fabulosamente bello. Sí, se puede ser bello y feo a la vez. Y decimos que los estoicos no tenían ningún problema con esta paradoja porque asegura Acrón cuando habla de ellos que «dicen los estoicos que el sabio es rico aunque mendigue, que es noble aunque sea siervo y que es bellísimo aunque sea muy repugnante».

Es decir, da igual como sea por fuera, cómo sea su cuerpo o su constitución física, si es atlética o débil y enfermiza; da lo mismo en las condiciones en las que viva, si tiene que mendigar, si no tiene nada para comer o si es rico; da igual si vive en la esclavitud, es siervo o si es amo; el sabio, el que se rige por las leyes morales, nunca se separa de ellas y vive virtuosamente, siempre será rico, noble y bello.

Es más, para ellos, será la virtud la que dé al cuerpo la verdadera belleza. Así, Epicteto asegura que «la belleza del hombre no es una belleza corporal. Tu cuerpo y tus cabellos no son hermosos, pero pueden serlo tu mente y tu voluntad. Haz que éstas sean bellas y serás bello».

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