Filosofía

La Suerte Moral

Publicado por Malena

Suerte moral es la que se tiene cuando uno comete un acto negligente y éste no tiene ninguna consecuencia; o sea no produce daño a ninguno.

Por ejemplo, una persona conduce su vehículo a una velocidad no permitida y su falta no produce ningún accidente.

Un farmacéutico distraído vende un medicamento equivocado y no le produce ningún trastorno al cliente.

Un médico se arriesga a realizar un tratamiento no convencional a un paciente y le salva la vida, aunque también podría haber muerto.

Generalmente se juzga con más severidad a la gente cuando es responsable de causar un daño grave con sus actos que cuando hace lo mismo sin perjudicar a ninguno.

Esta paradoja, de que somos responsables tanto de lo que está bajo nuestro control como de lo que no lo está, siembra la duda sobre cómo se debe asumir la responsabilidad moral, porque a veces, las condiciones de moral general que se consideran aceptables amenazan la genuina lógica y la ética.

Cuando nos encontramos frente a una situación límite que nos obliga a tomar una decisión sin saber si es la correcta, esa elección no nos hace responsables porque no tenemos el control en el momento que la hacemos. Este se podría llamar el principio del control.

Se trataría entonces de un error ya que un acierto es tal en función a su resultado.

Un error puede ser tan grave como la consecuencia y esa acción sólo puede tener atenuantes, o sea una excusa significativa que lo justifique.

El solo hecho de pensar en las consecuencias no previstas o accidentales que pueden tener nuestras acciones, puede conducir a algunos al quietismo.

Pero en ciertas circunstancias difíciles, aunque tratemos de controlar todas las variables posibles, es mucho lo que puede escapar a nuestro control y si queremos intentar algo, cuando no hacer nada podría ser peor que cualquier otra cosa, nos veremos obligados a correr el riesgo de equivocarnos y hacer lo que nos parece mejor.

Cuando tomamos una decisión que puede traer consecuencias no deseables que no podemos controlar, lo normal es sentir pesar y arrepentimiento, pero no remordimiento.

El arrepentimiento se siente cuando se comete una acción que afecta a otro sin intención, o sea en forma accidental; pero si la acción hubiera sido negligente, se sentirá remordimiento, sentimiento que se origina debido a una deliberada mala acción.

También las cosas podrían haber sido diferentes, y no haber existido la posibilidad de tener que enfrentar esa situación difícil; en ese caso, eso se podría considerar lo que se denomina suerte antecedente o suerte en circunstancias.

Cuando nos sentimos mal por haber dañado a alguien por error y sentimos arrepentimiento, lo único que nos queda hacer es seguir adelante y tratar de hacer las cosas lo mejor posible y aprender a vivir con eso. Porque no se puede continuar lamentándose por un error que no se pudo evitar cuando se hizo de buena fe lo que pareció mejor, aunque luego haya resultado un fracaso, simplemente porque no somos perfectos.

La humanidad se sobreestima y cree que lo puede todo, pero todavía es más lo que no sabe que lo que sabe y tiene que reconocer que la vida es incertidumbre y que tendrá que enfrentar la angustia de tomar decisiones difíciles a cada instante y que no siempre tendrá suerte moral.

Fuente: “La filosofía de House”, William Irwin y Henry Jacoby, Selector Actualidad Editorial, 2009.

Categorías: Filosofía Contemporánea