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La Infelicidad

Publicado por Malena

Estamos atravesando una era inédita en la historia de la civilización, la era de la depresión.

Como muchos pueden llegar a pensar, no se trata de una afección que surge como respuesta a los acontecimientos que tienen lugar en el mundo contemporáneo; porque en todas las épocas han habido guerras cruentas, hambrunas, catástrofes, tragedias y cataclismos, aún más graves que las que han ocurrido en nuestros tiempos, sino a la forma de pensar negativa generalizada de los que se empeñan en considerarse víctimas de su pasado, de sus padres, de sus educadores, del medio, de las circunstancias, etc., percibiendo a la realidad como algo tenebroso, incierto, inseguro, amenazante que obliga a mantenerse constantemente a la defensiva, a la espera del apocalipsis.

La Infelilcidad

El paradigma actual es que el ser es el tener y el que se adhiere a esa forma de pensar puede ser una víctima de la depresión.

Acostumbrados a la accesibilidad que nos brindan los medios de comunicación, a todas las malas noticias que circulan por el mundo, la conversación de la mayoría de la gente se centra en propagar calamidades, fotografiar desastres y diseminarlos como reguero de pólvora por todo el planeta lo más rápido posible.

Todos nos hemos convertido en pseudo periodistas silvestres, deseosos de llegar primero con la última noticia.

El hombre más feliz del mundo, según investigaciones realizadas en la Universidad de Wisconsin, de Norteamérica, es Matthieu Ricard, vive en una celda de dos metros por dos, hace más de treinta años.

Es de origen occidental, budista por convicción que participó durante varios años, junto con otros cientos de voluntarios, y que obtuvo el puntaje aún más alto que la máxima calificación de felicidad que los científicos consideran posible en un ser humano.

Las sensaciones negativas de estrés, hostilidad, miedo y frustración no se registran en la mente de Matthieu Ricard, en tanto que sus niveles de satisfacción, plenitud existencial y sensaciones negativas, desbordaron todos los parámetros.

Sus declaraciones fundamentan su maravilloso estado de ánimo al hecho de haberse desprendido de todo lo que el resto de la humanidad actualmente valora como imprescindible, o sea el consumo.

Matthieu es un hombre culto y educado, proveniente de una familia de intelectuales creyentes, sin embargo, a pesar de gozar de una posición privilegiada no estaba en paz consigo mismo.

Decidió ir al Himalaya, adoptó el celibato, hizo el mismo voto de pobreza de los monjes, aprendió el idioma tibetano y comenzó una vida nueva.

Hoy es la persona de confianza del Dalai Lama, escribió varios libros que se vendieron en todo el mundo donando las ganancias a monasterios y otras obras de caridad.

Pero su éxito no es la causa de su felicidad sino la consecuencia, porque la causa es el haber aprovechado la capacidad humana de modificar su cerebro practicando el pensamiento positivo; porque los pensamientos reiterados desarrollan y fortalecen el sector cerebral responsable de las emociones placenteras y de las sensaciones de felicidad, igual que lo que hace el ejercicio físico con los músculos; mientras los pensamientos negativos hacen lo propio con el sector del cerebro que registra las sensaciones negativas.

Matthieu sostiene que se trata de realizar una tarea sistemática destinada a debilitar la zona del cerebro que nos hace sentir infelices, reforzando la otra que nos proporciona la felicidad que deseamos.

Matthieu Ricard escribió un libro titulado “En defensa de la felicidad” de Editorial Urano, donde enfatiza las palabras de Buda, cuando dice que la felicidad es una cuestión espiritual que no depende de nada externo.

Cristo también nos dice que la clave para ser una persona feliz está en el interior de cada uno mientras un filósofo como Aristóteles nos señala que ser feliz es un hábito o la combinación de varios hábitos.

Ricard está convencido que para ser feliz hay que dejar de proyectar las culpas, cuya causa se encuentra sólo en la propia mente.

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