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El escepticismo de Kripke

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

En 1982 Saul Kripke publicó Wittgenstein. A propósito de reglas y lenguaje privado. En esta obra señalaba un nuevo tipo de escepticismo, introducido, según Kripke, por el Wittgenstein maduro. La interpretación de Wittgenstein propuesta por Kripke no dejó a nadie indiferente, apareciendo seguidores y detractores por todas partes. Para algunos, el Wittgenstein de Kripke es una construcción del segundo que nada tiene que ver con el Wittgenstein original. Para otros, la interpretación de Kripke fue penetrante. El caso es que, desde mi punto de vista, Kripke mismo es el escéptico de Wittgenstein. Aquí argumentaré sobre ello.

Kripke y el escéptico de Wittgenstein

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“Kripkenstein” es el nombre que ha recibido el escéptico de Wittgenstein por parte de los críticos de Kripke. Los internautas se han encargado de mezclar las fotos de ambos filósofos.

En Wittgenstein. A propósito de reglas y lenguaje privado Kripke presenta al escéptico de Wittgenstein como sigue: supongamos que se nos pide que hagamos un cálculo que nunca antes hemos realizado, “68 + 75”. Suponemos que sabemos sumar y que, por tanto, llegamos al resultado correcto, a saber, “125”. En este momento aparece el escéptico en escena. Lo que cuestionará es el uso que hemos hecho en el presente de la función “+”, la adición, con respecto a los usos pasados, esto es, pone en duda que para este cálculo particular hayamos utilizado la misma función que siempre hemos utilizado en otros cálculos que hicimos en el pasado.

Tal vez, argumenta el escéptico, hemos denotado con el signo “+” una función distinta a la adición, quizá hemos denotado con “+” la “cuadición”, cuyo símbolo es “*” y su nombre es “cuás”. Kripke define la cuadición así:

x * y = x + y, si x,y < 57

= 5, en otro caso.

Esto es, siempre que x,y sean menores que 57, la cuadición da como valor el mismo resultado que la adición. Cuando esto no se cumple, el valor de la cuadición siempre es 5.

Una vez que ha definido la nueva función, Kripke presenta el reto del escéptico:

"En primer lugar, el escéptico pone en duda que haya hecho alguno que consista en que yo quise decir más, en vez de cuás, que dé respuesta a su reto escéptico. En segundo lugar, pone en duda que yo posea razón alguna para tener tanta confianza en que ahora debo responder “125”, en vez de “5”.

Y a esto añade una matización, el fin del escéptico:

Según el punto de vista de Kripke este escéptico aparece en las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein, siendo un nuevo tipo de escepticismo, aparentemente disparatado, pero muy poderoso. En mi opinión, sin embargo, este es el escepticismo de Kripke, que él proyecta en el segundo Wittgenstein y que explica su teoría del nombrar.

El escéptico de Wittgenstein es Saul Kripke

Lo primero que llama la atención es lo que el mismo Kripke dice en los prefacios de sus dos principales obras: esta y El nombrar y la necesidad, en la que expone su teoría del significado de los nombres.

Las ideas esbozadas en ambas obras se gestaron en la misma época. Tal y como él mismo indica, su teoría de la referencia de los nombres propios se gestó durante los añoa 1963-1964. Asimismo, las líneas principales de su exposición sobre el escepticismo de Wittgenstein se gestaron en el año académico 1962-1963. No obstante, esto podría no estar conectado y ser algo meramente casual. Así que hay que buscar más apoyo a favor de mi tesis.

Dicho apoyo lo encontramos en El nombrar y la necesidad, concretamente, en su crítica a las teorías descriptivistas y en la imagen del funcionamiento de los nombres propios que Kripke propone.

Kripke contra el descriptivismo

Kripke esbozó su teoría de los nombres propios con la intención de darle un apoyo al teorema de Barcan Marcus. La teoría de los nombres propios que en aquel momento estaba en boga era la descriptivista, según la cual, la referencia de un nombre es fijada mediante una descripción o un cúmulo de ellas. Por ejemplo, determinamos la referencia de “Aristóteles” mediante una descripción, “el autor de la Metafísica” o “el maestro de Alejandro Magno”. Pues bien, lo que Kripke tenía que hacer, en primer lugar, era mostrar que esta concepción era errónea. Para ello echará mano del escéptico que antes hemos presentado. Así aparece este en El nombrar y la necesidad:

Este párrafo de El nombrar y la necesidad puede ser comparado con este otro de Wittgenstein. A propósito de reglas y lenguaje privado:

Para responder al escéptico, dice Kripke que hay que satisfacer dos condiciones: lo primero de todo es explicar qué hecho acerca de mi estado mental es el que constituye mi querer decir más y no cuás. La segunda, es que hay que mostrar cómo es que estoy justificado a responder “125” a “68 + 57”.

Kripke critica la teoría descriptivista desde el punto de vista de este nuevo escéptico. Él no negó que hubiera hecho mental alguno que determinara para un hablante que usa un nombre a qué se refiere, en su lugar negó que tal hecho tuviera algún papel semántico relevante. Esta sería su respuesta a la primera condición que hay que satisfacer para superar el reto del escéptico. En lugar de un hecho mental, Kripke propone una cadena causal de comunicación, externa a las mentes: desde que se “bautiza” a un objeto con un nombre, el nombre pasa de hablante en hablante, formando una cadena que conecta cada uso particular del nombre con dicho acto bautismal hasta llegar al objeto nombrado.

La segunda condición al reto del escéptico la responde Kripke mediante la intención del hablante de utilizar el nombre como lo utilizan el resto de hablantes:

Es decir, lo que justifica mi uso de “Napoleón” para referirme a determinado objeto es mi intención de utilizarlo para referirme a lo mismo a lo que se refiere la persona de la que recibí el nombre.

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