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20
Feb

La mitología en Roma

Publicado por Christian el 20 de Febrero de 2007

El Coliseo de RomaEl mundo helénico estaba ya alcanzando su mayor apogeo (tanto artístico como cultural), cuando en el año 510 d.C., aproximadamente, se proclamaba como tal la Rebúplica de Roma.

Sin embargo, el pueblo romano no había conquistado aún su identidad como pueblo, algo que, por sí sólo, explicaría una evidente dependencia de la mitología romana respecto de la griega, pero es preciso reseñar (para conocerla), que también tuvieron influencias de muchos otros pueblos, tales como la cultura etrusca (que determinó, en cierto sentido, varios de los caracteres principales y fundamentales del propio pueblo romano; por ejemplo, cabría destacar en este punto el culto a los muertos), las culturas itálicas primitivas (importantes también por su sabiduría casi ancestral), y de, como sabemos a modo general y a grosso modo, la propia y misma cultura griega, donde, tras la conquista en sí, se produjo una auténtica colonizacion, tanto artística como cultural; algo interesante, teniendo en cuenta que se produjo desde los vencidos a los vencedores.

Pero no hay que equivocarse, pues sería un gravísimo error considerar a la mitología romana como una burda imitación de la griega. Fueron de su interés, pues los romanos nunca habían imaginado, ni por asomo, a sus dioses con forma humana, ni contaban en cierto sentido con un conjunto de mitos relacionados entre sí. Y es que la fusión definitiva del panteón grecorromano se produjo aproximadamente en el año 148 a.C., latinizando totalmente a la mitología griega, siguiendo adorando a sus dioses de caracter local con su nombre principalmente original, pero asimilando como divinidades primeras a los dioses griegos.

El hombre de Roma tiene la convicción y la misión transcendente de gobernar, de ordenar ese mundo ya conquistado, y en el que la familia aparece como módulo fundamental en la sociedad.

Como indicamos anteriormente, es preciso destacar (y tener en cuenta), que muchos otros pueblos tuvieron una influencia vital en la propia mitología romana, dado que, a medida que se fueron extendiendo a lo largo y ancho del mundo, su panteón fue adquiriendo a un número creciente de dioses extranjeros; algunos asimilados, y otros “cambiados”. Pues, además de cambiar en algunos aspectos el nombre de esas divinidades, latinizándolos, también llegaron a adorar dioses extranjeros con su nombre original.

20
Feb

La mitología en Grecia

Publicado por Christian el 20 de Febrero de 2007

Grecia, mágico lugar donde la filosofía se desarrolló como talPor todo el mundo, a lo largo y ancho del planeta, y en mayor o menor medida, a lo largo de los tiempos, en el transcurso de los milenios, una gran cantidad de explicaciones mitológicas a las diversas cuestiones filosóficas planteadas se han dado acertada o negativamente. Y es que, no en vano, de entre todas las mitologías conocidas, existentes en el mundo, la griega es, sin duda alguna, una de las más destacadas e importantes.

En este punto, el estudioso Bruno Shell llegó a indicar que “el pensar europeo empezó con los griegos”. A su vez, y para conocer mucho más de cerca este propio punto de vista, Jaspers (filósofo existencialista), apuntó que la filosofía nació en Grecia, porque en este bello, histórico y a la vez antiguo lugar, es donde los hombres quedan asombrados ante la realidad, y tras éste se llegan a plantear la pregunta, la duda, y a tratar de responderla.

De esta misma forma, como hemos observado detenidamente en esta guía de Filosofía, muchos siglos antes de que, propiamente, “apareciera” la filosofía en sí tal y como la concebimos, muchos siglos antes, nació la mitología más emblemática, histórica y enigmática al mismo tiempo, extendiendo su dominio por toda la práctica totalidad del mundo.

Como sabemos, y hasta el instante exacto en que surgió la Filosofía en Grecia (alrededor de entre el siglo VII-VI a.C.,), precisamente la mitología había dado al pueblo, desconocedor de las respuestas, acerca de las distintas y diferentes preguntas que se planteaban, transmitiéndose de generación en generación a través de, valga la redudancia, una transmisión evidentemente oral.

Precisamente por ello, se podría considerar que, hasta el momento citado de la aparición de la Filosofía, el hombre, como tal, tuvo una visión mítica del mundo. Y es que, aunque en un primer momento los antiguos griegos asimilaron y adaptaron como suyos las leyendas y mitos de pueblos diversos mucho más arcaicos, pronto superaron esta evidente herencia. Como comentamos, los tres elementos fundamentales que modelaron la civilización griega fueron su modo particular de vida misma (del todo propiciatorio para el origen y posterior evolución a lo largo de los años de la misma mitología, en donde los griegos ricos en primer lugar, y cultos luego, pues si no, no podían tener acceso a adquirir conocimientos dentro de esa propia cultura, y disponían incluso de mucho tiempo libre, soliendo reunirse, muy habitualmente, en las denominadas “ágoras”, que consistían enAtenas, en Grecia plazas de caracter público donde discutían, debatían, exponían ideas, pensaban y ejercitaban la mente); su topografía (la geografía de Grecia obligó a los helenos a convertirse en navegantes, algo que les puso en evidente contacto con muchos otros pueblos y conocer así su sabiduría antigua), y su lengua (la cual fomentó la especulación sobre la naturaleza de la existencia).

Todo ello llevó, finalmente, a que la mitología evolucionara tal y como conocemos, y como iremos concibiendo en esta misma guía, dando como resultado final al nacimiento de la propia filosofía en sí, tal y como sabemos.

19
Feb

La leyenda del fuego (Parte II)

Publicado por Christian el 19 de Febrero de 2007

Tabla de contenidos de La leyenda del fuego

  1. La leyenda del fuego (Parte I)
  2. La leyenda del fuego (Parte II)

Ante la negativa de Hefesto a ayudar a nuestro protagonista de hoy, PrometeoEl titán Prometeo con su antorcha de fuego, fingió resignarse, ofreciéndose el vino de su odre con cierto agrado, en el cual había mezclado zumo de adormidera. Se lo ofreció también a los cíclopes (gigantes que ayudaron a Hefesto en su trabajo), y cuando vio que todos estaban medio adormecidos y ebrios por el alcohol, tomó una brasa y la escondió en el puño hueco de su viejo y desgastado bastón. Corrió brincando por la costa rocosa de la isla de Lemnos, y apenas se encontró situado entre los hombres, les exhortó levantar rápidamente una enorme y gigantesca pira de troncos y ramas muy secas.

Se elevó la llama muy alto hasta casi rozar el cielo, cuando el titán hubo echado sobre la leña la simiente del fuego.

Se alegraron por ello todos los hombres que habían sufrido durante largo tiempo tantas penurias, pero Zeus, que lo había observado desde lo alto, decidió condenar a una pena horrible a aquel que había desobedecido sus divinas órdenes: lejos, en el Cáucaso, se erguía una roca oscura y negra en un acantilado sobre el mar; la pared era inexpugnable para los mortales. Hefesto, por voluntad de Zeus, tuvo que encadenarlo y trasladarlo allí, pues era culpable de que le hubieran robado el tan ansiado fuego. Lejos de los hombres, confinado en aquellas angustiosas, terribles, y desesperadas soledades, el titán fue condenado a soportar que el Sol ardiente y caluroso le quemase poco a poco las carnes, que el hielo de la fría noche le agarrotara los miembros, que el viento y la lluvia le flagelasen su cuerpo torturado.

Pero no acabó aquí la venganza de Zeus: cada aproximadamente tres días, una enorme águila leonada descendía sobre Prometeo, indefenso, le clavaba las garras en el pecho y hundía su pico en la carne, hasta que llegaba al hígado.

Durante los dos días y las tres noches posteriores, el águila no aparecía y el hígado lacerado podía sanar prodigiosamente y las heridas cerrarse, todo para que, al tercer día, nuevamente el horrible suplicio pudiera dar comienzo.

Los terribles lamentos del titán se extendían por toda la tierra: los dioses y hombres la podían escuchar con horror. Alguno, apiadándose de él, intercedía, pero Zeus, implacable, no escuchaba los ruegos y permanecía indiferente a las exhortaciones y mandatos con que se intentaba conmover su voluntad. Mil años tenía que durar aquel horrible martirio, motivo por el cual todos sabían ya qué castigos esperaban si se atrevían a desobedecer las órdenes del más poderoso de los dioses.

Empero, después de treinta años, Zeus perdonó a Prometeo, mandándolo a Hércules a liberarlo, y a partir de aquel día, fue glorificado en el Olimpo de los dioses, siendo proclamado como benefactor de los hombres.

19
Feb

La leyenda del fuego (Parte I)

Publicado por Christian el 19 de Febrero de 2007

Tabla de contenidos de La leyenda del fuego

  1. La leyenda del fuego (Parte I)
  2. La leyenda del fuego (Parte II)

El mito griego de Prometeo es, sin duda alguna, uno de los más bellos y significativos, al cual han recurrido cientos de poetas, cada uno de los cuales lo ha interpretado según su propia inspiración.

Hijo del titán Jápeto y de la ninfa marina Clímene, Prometeo fue, en su origen, el dios del fuego, ese mismo que sirve para iluminar, para trabajar los metales con los cuales se pueden hacer armas e instrumentos útiles, y para calentar. Se trataba, entonces, de una divinidad amiga de los hombres, buena, bondadosa, benéfica, a la que, en Grecia, se le habían consagrado numerosos altares. No en vano, en Atenas, por ejemplo, surgió uno en su honor en el barrio de la Academia, además de tener un fuego perennemente encendido, considerado como sagrado. En algunos días determinados, dedicados a los sacrificios de los dioses, los jóvenes de la ciudad encendían varias antorchar en aquel altar, y las llevaban hasta los otros templos para encender los fuegos del sacrificio.

Empero, poco a poco, Prometeo fue perdiendo su importancia (lugar que ocupó Hefesto), y de sus características originariamente principales solamente subsistieron su extraordinaria benevolencia y una relación, cada vez más vaga, con el elemento ígneo.

En la localidad de Mekone, se reunieron antiguamente los dioses y los hombres para decidir de una vez qué partes de los animales sacrificados deberían pertenecer a unos y a otros; evidentemente, y tal y como concenía a los dioses, y a Zeus en especial, éstos elegían primero. Prometeo urdió una estratagema a favor de los hombres, pues, con las peores partes, tales como los cartílagos, las vísceras y los huesos, fueron cubiertas por una capa de grasa, mientras que las mejores partes, fueron envueltas con la piel y las membranas menos apetitosas. Zeus, como era de esperar, y fijándose sólo en la apariencia, escogió aquellas piezas cubierta de grasa.

Sin embargo, mayor fue su cólera cuando comprendió que había sido engañado. Desde ese mismo momento, se desencadenó una ira incontenible y violenta que recayó sobre los seres humanos: se verían privados del fuego para siempre.

Sin este elemento, los días fueron muy tristes para el género humano, pues los hombres, aunque intentaron protegerse de los rigores del invierno refugiándose en las oscuras pero cálidas profundidades de las cavernas, el frío seguía penetrando igualmente en sus huesos. Además, ni si quiera tenían luz cuando el Sol se había puesto, no pudiendo trabajar esos metales tan necesarios para su propia subsistencia.

Con todo ello, fueron poco a poco abandonando los campos, que dejaron sin cultivar. La humanidad vagaba temblorosa y hambrienta en un mundo tenebroso e inhóspito.

En estas angustiosas circunstancias, Prometeo observaba desde lo lejos el destino triste que, por su culpa, habían sufrido los humanos, y quiso, una vez más, encontrar una solución. Después de haber pensado durante largo tiempo, decidió robar el fuego a los dioses y llevarlo a los hombres a cualquier precio, aunque ello significara directamente desafiar la cólera de la divinidad más importante.

Tomó su enorme bastón de empuñadura de delicado bronce, y un odre lleno de vino del Etna, y se dirigió hacia la isla de Lemnos, donde se encontraba el dios Hefesto. Cuando llegó, y se encontró con él, le preguntó por todos los medios acerca de si no sentía pena por las circunstancias terribles que les había tocado vivir a los humanos, comentándole si no sentía piedad, y pidiéndole un poco de su fuego.

- Continuará en la siguiente edición: La leyenda del fuego (Parte II)

19
Feb

La ética estoica

Publicado por Christian el 19 de Febrero de 2007

El filósofo griego PlatónSe conoce por el término “Neoplatonismo” a esa denominación colectiva de las diferentes y diversas doctrinas tanto religiosas como filosóficas que un grupo de pensadores especulativos intentó desarrollar las ideas de Platón mucho más allá, intentando, valga la redundancia, sintetizarlas, y dando como resultado final, entre otros aspectos y elementos determinados, al judaísmo helenístico, desarrollado en Alejandría, pleno Egipto, por el filósofo Filón de Alejandría; doctrina la cual siguió manteniendo cierto sentido y origen griego, a pesar de su inevitable lejanía.

Su doctrina, fundamental y principalmente, se debía a una variante de monismo idealista donde la realidad era solo Uno, del que emanaban varios planos de la realidad consciente, y destacando la inteligencia pura como el conocimiento más elevado, a partir del cual surgía el alma de carácter universal, de cuyo seno se originaría ese número infinito e igualmente indeterminado de almas inferiores, que serían los propios seres humanos.

Es preciso reseñar que, esta alma principal, era considerada como un elemento situado entre el mundo propiamente material y esa inteligencia pura, en donde tiene la opción precisa de permanecer tal y como fue “creada”. Y es que precisamente, tal y como se defiende, esa alma podría ser infinita y llegar a la salvación (teniendo en cuenta que ante todo tiene una opción de corruptibilidad, de integridad e incluso de perfección única) gracias de la libertad de voluntad.

Se caracteriza esta doctrina, principalmente, por plantearse esas diferencias existentes entre lo propiamente carnal (físico) y lo puramente espiritual, elaborada, eso sí, a través de esa teoría platónica que ya conocemos: materia e idea.

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