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15
Feb

Critón

Publicado por Malena el 15 de Febrero de 2008

Fueron vanos los intentos de Critón e inútil su intención.

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En este relato de Platón, Critón, viejo amigo muy cercano a Sócrates, es protagonista de un diálogo con su querido maestro, poco tiempo antes de que se cumpliera su sentencia de muerte.

Platón comenzó a escribir después de la desaparición de Sócrates trágicamente fallecido. En un principio su obra se centró en la vida y pensamiento de este filósofo, pero posteriormente fue tomando cuerpo propio dedicándose de lleno a plasmar en ella su doctrina.

Sócrates tenía muchos amigos ricos, entre ellos Critón que como los demás, estaba dispuesto a gastar toda su fortuna para salvarlo de la muerte.

Este libro trata principalmente de exponer la forma de pensar de Sócrates en esta particular situación, a la espera del cumplimiento de su condena; y brindar una explicación racional y justa sobre su negativa a aceptar los intentos desesperados de Critón para evitar perder a su entrañable amigo.

A lo largo de toda la obra Sócrates debate con Critón, durante los últimos días de su cautiverio, las razones que éste le sugiere para no cumplir la sentencia, tratando de demostrarle que ninguna de ellas es justa; no estando dispuesto a manchar su alma para salvar su cuerpo.

No tenía miedo y se mostraba tan tranquilo y seguro como nunca, sintiéndose dispuesto y preparado para morir; teniendo en cuenta que ya tenía setenta años; y aunque reconocía que sus jueces habían actuado en forma injusta motivados por razones políticas, consideraba que había tenido el derecho de defenderse en un marco de legalidad absoluta.

Los supuestos delitos cometidos por Sócrates habían sido oponerse a honrar dioses en los que no creía e influenciar a sus alumnos con estas ideas, considerándolo las autoridades, por esos motivos, un elemento subversivo que había que hacer desaparecer del escenario político.

Uno de los argumentos de Critón para tratar de convencerlo para que huya, fue que su desaparición ocasionaría el fin del bienestar de sus hijos que si él moría no contarían más con su apoyo. Todos sus amigos estaban dispuestos a colaborar para sacarlo de la prisión y llevarlo lejos para que pudiera continuar con su vida y así poder seguir ocupándose de ellos.

Pero Sócrates le contestó con razón que si todos los que lo querían no tenían ningún reparo en poner su fortuna a su disposición para salvarlo, tampoco lo tendrían en ocuparse de las necesidades de sus hijos cuando él ya no estuviera.

Sin embargo, Critón no se daba por vencido y continuaba buscando argumentos para que cambiara su decisión.

La mayor parte de la población está de tu parte, le decía, a lo que Sócrates le contestaba que nunca los que son mayoría tienen la razón porque no tienen entendimiento y sólo es válida la opinión de los sabios que piensan justamente.

Para Sócrates hacer lo justo era primordial y prefería morir a cometer un acto injusto como sería huir, vengarse o tomar represalias sobre sus detractores que sólo actuaron para defender sus intereses personales.

Pensaba que la vida que vale la pena vivir, es solamente la vida correcta y justa ya que otro tipo de vida no es digna de ser vivida.

Aceptando la legalidad del fallo judicial Sócrates sentía que estaba cumpliendo con el pacto virtual que tenía con Atenas, y para él no hacerlo y huir sería un acto injusto.

La ejecución se había postergado debido a una celebración que no permitía ejecuciones. Llegado el momento y fiel a sus convicciones, Sócrates muere pacíficamente acompañado de sus amigos

8
Feb

Demócrito y el Átomo

Publicado por Malena el 8 de Febrero de 2008

Demócrito y el Átomo

Los átomos viven eternamente, sólo abandonan el cuerpo que ha dejado de existir y se transforman en otra alma viviente.

Demócrito era un filósofo griego del siglo V. a. de C., conocido por su sabiduría y también porque estaba siempre contento.

El comportamiento de la gente le provocaba risa por lo contradictorio y errático de sus actitudes y porque no se daban cuenta que ello era la causa de sus sufrimentos.

Por el contrario a Heráclito, la forma de ser de la mayoría lo sumía en la más profunda tristeza.

Sólo se conserva una pequeña porción de su aporte, relevante principalmente porque por primera vez menciona la palabra griega “átomo” para designar al sustrato elemental de todo lo que existe.

Estos átomos, son eternos e indestructibles y se diferencian solamente por sus dimensiones, estructura y desplazamiento, anticipándose con este razonamiento con sorprendente exactitud, a los descubrimientos científicos del siglo XX.

Hasta principios del siglo XX se creyó que el átomo era indivisible, pero con el descubrimiento de los electrones y el núcleo formado de electrones, protones y neutrones, se descartó dicha convicción, llegándose a creer que no existiría un elemento esencial a toda la materia sino que la división en elementos cada vez más pequeños sería infinita.

Ahora se sabe que el átomo, tiene un núcleo compuesto de protones y de neutrones y que la mayor parte del volumen de un átomo consiste en electrones.

Demócrito propone la existencia en la realidad de la materia y el espacio. Este espacio no significa la nada sino que implica algo imprescindible para hacer posible el desplazamiento de los objetos.

Con respecto al movimiento, existen posturas interesantes, como la de Zenón de Elea(siglo V.a. de C.) que sostienen que en realidad el movimiento no existe.

Según la teoría de Einstein el tiempo es una construcción mental humana, por lo tanto, puede que el espacio tampoco exista. Si no existe el tiempo tampoco el espacio, porque el espacio y el tiempo son una unidad, por lo tanto, sería imposible la existencia del movimiento.

Sin espacio el movimiento sería sólo cambio y una ilusión de los sentidos, como lo es por ejemplo el cine que nos muestra a personas que se mueven pero que en realidad son la proyección de una sucesión de imágenes fijas que cambian a tal velocidad que producen la sensación de movimiento.

Zenón de Elea (siglo V.a. de C.) no aceptaba la idea de la existencia del espacio, porque si el Ser está en un espacio, éste a su vez tiene que estar contenido en otro espacio y así hasta el infinito.

Pero según Demócrito, con respecto al movimiento, el desplazamiento de estas unidades indivisibles es permanente como las mismas cosas y ese movimiento es natural.

Según él, este desplazamiento se produce en línea recta y al colisionar entre si se concentran dando forma de esta manera a todas las cosas.

En virtud de esta concepción, cuando un cuerpo muere se desintegra pero los átomos sobreviven y se reorganizan de otro modo.

La teoría de Demócrito esencialmente coincide con la postura actual sobre la existencia de un componente último que aún no se ha podido detectar.

La naturaleza está efectivamente compuesta por átomos que se unen y que se vuelven a separar; de modo que un átomo que está en el núcleo de una célula de mi mano pudo haber pertenecido alguna vez al cuello de una jirafa.

Definitivamente este pensador no creía en poderes sobrenaturales ni concebía un plan primordial, sólo creía en los principios naturales, intrínsecos a todo lo que existe.

Se imaginaba que hasta el espíritu tenía su componente último, algo diferente pero con el mismo significado, transformarse al dejar de existir en otra cosa.

Demócrito había encontrado una salida a la cuestión de la necesidad de la existencia de un elemento esencial y del cambio.

7
Feb

Heráclito y el Devenir

Publicado por Malena el 7 de Febrero de 2008

No existe en la realidad nada que sea siempre igual, porque lo único real es el cambio

Heráclito y el Devenir

Heráclito (siglo VI a. de C.) fue un filósofo griego que se adelantó al pensamiento de filósofos contemporáneos.

Las respuestas hasta ese momento sobre la verdad de lo que realmente existe eran diversas.

Los cuatro elementos, inspiró a la mayoría de los filósofos presocráticos, como Thales que afirmaba que era el agua, o Anaxímenes que creía que era el aire o Heráclito que proponía que era el fuego.

Pero es Heráclito el que cambia totalmente de orientación del pensamiento al observar que todo en la realidad está en perpetuo cambio y que es imposible definir algo porque de inmediato esa cosa se modifica y ya deja de ser lo que era para ser otra.

Nunca tenemos la misma experiencia ni vemos dos veces lo mismo porque las cosas cambian en un constante devenir.

Para Heráclito las cosas no tienen un Ser inmóvil siempre el mismo, lo que existe es un Ser en movimiento que se transforma.

Por lo tanto para Heráclito sólo el cambio existe.

A Heráclito se lo llama “el Oscuro” por la dificultad que encierran los fragmentos que se conservan de su obra.

Heráclito atribuye realidad a lo concreto, múltiple y cambiante, es decir, a un Universo formado por contrarios en perpetua oposición, a lo que el logos o razón, conduce a una síntesis armónica. Existe devenir porque hay tensiones entre contrarios y la realidad es la unidad de los opuestos.

Interpretado a veces como un relativista por su afirmación del cambio, hoy es generalmente considerado como un gran metafísico y como el fundador de la dialéctica, método filosófico que trata de la razón y sus leyes, que procura definir y resolver las contradicciones del pensamiento y de la realidad histórica.

Esta concepción la volveremos a encontrar en algún filósofo antiguo, como Plotino (siglo I después de Cristo), filósofo helenístico nacido en las costas egipcia que combina el pensamiento del mundo griego con una disposición personal mística; y en un filósofo moderno, como Bergson, con algo de escepticismo en la capacidad del hombre de llegar a descubrir lo que verdaderamente existe.

En su cosmología, el fuego constituye el principio material básico de un Universo ordenado, y también el éter en la atmósfera superior.

Por primera vez Heráclito adopta una doble postura, que a partir de él va a ser ejemplar para todos los filósofos; una que consiste en criticar la forma de pensar de sus predesores que no coincidían con él y la otra en proponer una postura propia

Cuando Heráclito termina su actuación filosófica, surge Parménides(siglo VI a. de C.), analizando la idea misma del devenir, del fluir y cambiar de las cosas y encuentra que la idea de Heráclito presenta una contradicción lógica: el Ser deja de Ser lo que Es, para Ser otra cosa.

Parménides dice entonces que la filosofía de Heráclito es absurda, e irracional y se dedica a cambiar el pensamiento metafísico en una dirección que aún hoy se mantiene, descubriendo el principio de identidad.

Cada cosa es igual a si misma, el Ser no puede ser igual al no Ser, el Ser Es, el no Ser no es.

6
Feb

La Felicidad para Diógenes y los Cínicos

Publicado por Malena el 6 de Febrero de 2008

Diógenes y los Cínicos

Todos podemos ser felices siempre porque la felicidad no se compra.

Diógenes y los Cínicos

Para ser feliz y tener libertad no se necesita nada material.

Diógenes de Sinope (siglo IV a. de C.) fue un filósofo griego, destacado figura de la escuela cínica inaugurada por Antístenes.

Este singular personaje de la antigüedad, relevante por su comportamiento coherente e íntegro, que contrasta notablemente con la conducta del hombre fragmentado de nuestra época aferrado a las cosas materiales, que piensa una cosa, hace otra y dice otra; propone una forma de pensamiento práctico similar al de Sócrates, sosteniendo la hipótesis de que la moral se puede enseñar, postura contraria al estricto conocimiento teórico.

La premisa de este filósofo, como la de otros de esa época, era el retorno a lo natural y descartar lo que la conformidad con el resto de la sociedad o la conveniencia pudiera indicar; desconfiando de las ciencias y apoyando el universalismo.

Su comportamiento se asemejaba más a los sofistas que durante la etapa presocrática eran considerados personajes de gran sabiduría, cualidad que después de esa época perdieron, debido a su comportamiento especulativo e interesado para enseñar a los políticos el arte de la palabra para convencer.

Discípulo de Antístenes, Diógenes era un personaje muy singular que llamaba la atención por su exagerada vida austera, a tal punto que su modo de vida era la de un vulgar pordiosero que vivía en la calle. De esta peculiar manera demostraba a los demás su desinterés por la forma de vida de la gente y por todas las características de su cultura, afirmando que las ciencias no alcanzaban para ser feliz.

Los cínicos no estaban de acuerdo con la creencia generalizada de que para ser feliz era necesario ser saludable, rico y poderoso, porque consideraban que estas condiciones nunca pueden ser permanentes y en el transcurso de la vida cambian.

Por el contrario, opinaban que cualquiera puede ser feliz porque para serlo no se necesita nada material, por lo tanto tampoco nadie puede dejar de serlo una vez que lo es.

Diógenes sólo tenía lo que llevaba puesto y se resistía a conservar algo. Es conocida la anécdota sobre su encuentro con Alejandro Magno, cuando frente a él le preguntó si podía ayudarlo; a lo que él le contestó que sí, que necesitaba que no le hiciera sombra.

Cada circunstancia de su vida, sin importar jerarquías ni privilegios, era para él una oportunidad de demostrar su forma de pensar.

5
Feb

Pitágoras y el Número

Publicado por Malena el 5 de Febrero de 2008

Pitágoras y el Número

La esencia del Ser es el número.

Pitágoras es un filósofo griego que vivió en el siglo V a. de Cristo. No se tienen datos precisos sobre su vida ni sobre su obra, pero se sabe que tiene la oportunidad de estar con sabios egipcios que influyen en su interés por las matemáticas.

Es el fundador de una secta místico religiosa dedicada al estudio de las matemáticas que practica un tipo de vida comunitaria con fuertes influencias órficas.

La característica sectaria de su doctrina prohibe la difusión de sus conocimientos, lo cual dificulta aún más la investigación.

Los seguidores de Pitágoras valoran la vida contemplativa y se dedican al estudio de los números y sus relaciones y a partir de ellos tratan de comprender la armonía del cosmos, considerando que la esencia de todos los seres es el número.

Basados en esta concepción logran explicar el movimiento de los astros, los cuales también utilizan para la comprensión de la vida individual humana.

Creen en la inmortalidad del alma, la cual está sometida a transmigración, o sea que el alma se reencarna y vive múltiples vidas.

Propician la vida moderada en todos los aspectos y comparan la vida del hombre con los cambios de clima anuales, observando la identidad que existe entre ellos y cada etapa del desarrollo.

Los discípulos comparten sus posesiones y permanecen callados durante cinco años aprendiendo y recien se pueden encontrar con su maestro una vez finalizado su retiro.

Pitágoras es un hombre hermoso y muy admirado y sus palabras son consideradas palabras de Dios. Su moral es muy severa y obliga a sus discípulos a vivir una vida austera.

Su doctrina conserva mucha de la simbología egipcia revelando su tendencia a la superstición y al misticismo.

Pitágoras defiende una postura cosmológica panteísta concibiendo un Universo procedente de una única fuente desde donde surge la multiplicidad y donde existen los opuestos, la luz y la sombra, el calor y el frío, lo seco y lo húmedo y así todo lo demás.

Pitágoras es un místico hasta el punto de encerrarse en una oportunidad en una habitación subterránea durante un tiempo para relatar posteriormente con fidelidad todo lo que transcurre en el exterior durante su ausencia, probando su capacidad poco común de intuir acontecimientos sin estar presente.

De sus descubrimientos matemáticos poco se sabe, aunque se le atribuye la invención de la tabla de multiplicar y el famoso teorema que lleva su nombre: “En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”.

La Cabala, doctrina esotérica judía transmitida oralmente, primero en secreto y luego condensada en dos libros famosos: el Yezirah, libro de la creación y el Zohar, libro del esplendor, muestra influencias neopitagóricas: Dios es una esencia inaccesible e inefable, pura negación de todo lo concreto, o sea nada. Esta nada, a semejanza de la luz, emana la sabiduría y la inteligencia.

Estas dos emanaciones junto con Dios mismo constituyen la tríada primera que pertenece al género de los números, que constituyen el mundo invisible, modelo del visible.

Los números correspondientes a las letras del alfabeto hebreo tienen cada uno un significado simbólico. En la Cabala este significado está expresado en el Árbol de la Vida y en las cartas del Tarot en las figuras de los arcanos mayores.

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