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9
Oct

Infidelidad Femenina

Publicado por Malena el 9 de Octubre de 2009

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La lealtad es un valor humano. A través de la historia el hombre ha sido capaz de actos de heroísmo por lealtad, hacia su país, sus compañeros, sus amigos y hacia su familia.

La lealtad se relaciona con el honor y la confianza, virtudes que son tan difíciles de ganar como fáciles de perder.

Curiosamente es un valor que también se estima en el ambiente mafioso, donde la lealtad se respeta, porque un acto de deslealtad se puede pagar con la muerte, según lo comprobamos a través de la crónica diaria.

Las estadísticas afirman que la mujer es categóricamente menos infiel que el hombre, sin embargo, aunque en menor proporción, también pueden ser infieles a sus parejas por distintas razones.

En principio, la falta de lealtad a un compromiso significa no considerarla un valor moral absoluto sino un valor relativo a las circunstancias. De manera que si la infidelidad se comete como venganza, como una travesura sin importancia que pareciera que todos se permiten en ciertos círculos, para provocar los celos de un marido indiferente, para liberarse del aburrimiento, o por un arrebato de pasión, la expectativa de las mujeres infieles es que no se sentirán culpables.

Los valores adquiridos en la familia, aunque no se respeten en la práctica, quedan fijados en nuestra memoria y según Jung, los arquetipos que heredamos de mitos y tradiciones del pasado también se encuentran en nuestros genes; de manera que profundamente, dentro de nosotros mismos hay un testigo silencioso que juzga y que se convierte en nuestro juez más implacable.

La mujer generalmente suele cometer adulterio cuando su marido es indiferente o no satisface sus necesidades, tanto afectivas como sexuales. También como venganza si su marido también es infiel; o para hacer justicia y cobrarse el maltrato, si su pareja la ha ofendido. Y a veces para darle celos y atraer su atención de algún modo cuando han fracasado todos sus intentos.

Pero personalmente creo que casi siempre, la infidelidad se comete por aburrimiento y en lugar de apasionarse por algo que le de sentido a su vida, las personas se aferran a alguien para sentirse vivos.

El aburrimiento es ansiedad, es sentir una carencia que necesita ser satisfecha, es la inquietud que motiva a hacer cosas, a crear, a inventar, a construir, a cambiar un estado de cosas rutinarias y monótonas por otras más excitantes que le de sentido a la vida. Es la angustia existencial que nos impulsa a realizarnos como personas.

Pero no todos interpretan su sentir de esta manera y creen que dejándose llevar por una pasión los hará sentir plenos porque sexualmente los hacen sentir satisfechos. Pero las pasiones humanas terminan y se descubren que se sienten igual que antes, aún más vacíos y hasta más despreciables.

Tener un código de valores para vivir conforme a él no es sólo para ser respetados y ganarnos la confianza de los demás, sino que es necesario para creer en uno mismo, mantener la propia autoestima, y sentirse orgulloso, para vivir tranquilo y aprender a quererse y a respetarse y de esa manera permitirse ser felices.

El desarrollo de la autoestima exige sentirse bien con uno mismo, haciendo lo correcto y siendo fieles a nosotros mismos. El otro nunca podrá hacer nada por nosotros, porque todo depende de uno mismo.

8
Oct

El Pensamiento Individual

Publicado por Malena el 8 de Octubre de 2009

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El mito del héroe es la epopeya de un hombre individual que es capaz de realizar una verdadera hazaña; y la más importante de las hazañas que puede realizar el hombre es llegar a ser él mismo.

Es un mito que nos enseña que un hombre solo, si se lo propone puede hacer cualquier cosa, inclusive cambiar la historia.

Pero también muchos hombres reunidos entre si e inspirados por las mismas ideas pueden lograr grandes objetivos, en forma más fácil y tal vez menos cruenta.

El hombre individual tiene el poder de oponerse a la mayoría, porque es un ser libre que tiene la capacidad de elegir, y aunque puede coincidir en algunos puntos de vista con otros hombres sobre algunos aspectos de la realidad, nunca su forma de pensar será idéntica a la de otro hombre.

La influencia social es formadora de opinión e incide en la toma de decisiones, si es que el individuo se comporta automáticamente sin evaluar los hechos objetivamente y sin compromiso personal.

Ser consciente y no dejarse manipular consiste en tomar la distancia suficiente de los demás y de los acontecimientos que suceden, para poder evaluarlos objetivamente comprometiéndose con una postura personal.

Consiste en abandonar los automatismos y los condicionamientos, y poder pensar por si mismo a la luz de la razón y del corazón, respetando la propia jerarquía de valores.

Nunca el pensamiento individual va a coincidir con otro, porque somos únicos e irrepetibles, pero sí se puede discriminar qué es con lo que se está de acuerdo y qué es en lo que discrepamos.

Una discrepancia no significa que vaya a contaminar todo el resto de las ideas de una doctrina, al contrario, es bueno que existan para perfeccionarlas, porque nada es perfecto sino perfectible.

Sin embargo, la historia nos muestra que cuando existen diferencias, la mayoría de los hombres pertenecientes al poder, opta por anular, borrar, destruir, ocultar o hacer desaparecer al oponente y no aprovechar nada de su pensamiento, mientras tanto, por su parte, el pueblo se confabula para destruirlos.

Porque el poder viene acompañado de soberbia y prepotencia de los que creen saberlo todo y tienen la idea de que no existe nadie que piense mejor que ellos, y el pueblo en lugar de trascender sus pasiones, se enceguece y no puede ver más allá de su orgullo herido.

El ser humano pensante no debería adherirse a ideales preconcebidos ni dejarse influenciar por la propaganda, sino que tiene que aprender a evaluar los hechos y sin temor al “qué dirán los demás de mí si pienso así” decidir con el corazón y con la razón.

El pensamiento de los pueblos no es estático, sino cambiante, y la gente cada vez menos se compromete con una idea porque es capaz de cambiarla al día siguiente por otra diferente.

Ese mar de pensamientos individuales vaga en un océano en movimiento y está siempre a merced del viento.

Porque son ideas no arraigadas, con poco fundamento, que generalmente han sido copiadas sin ningún juicio critico de figuras con quienes se identifican, en oposición a todo y a favor de nada.

No podemos culpar a los demás de nuestra propia inoperancia. Tenemos el derecho de disentir pero no tenemos el derecho de destruir.

El disenso sostenido y la coherencia interna son las armas que tienen los individuos para poder participar en el mundo, sin dejarse llevar por emociones populares, aparentes causas justas, ni por discursos magistrales.

7
Oct

La Rutina y la Inmortalidad

Publicado por Malena el 7 de Octubre de 2009

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Una rutina es un hábito arraigado, una costumbre de hacer las cosas siempre de la misma manera llevados por la práctica, una forma automática de pasar el tiempo sin razonar ni pensar.

En el escenario, una rutina es la representación repetida de un acto que incluye una serie de acciones artísticas aprendidas, para ser interpretadas frente a un público.

Todos los días los actores repiten la misma rutina, hoy como lo hicieron ayer y como lo harán mañana.

La ausencia de cambios es la característica de la rutina, por esta razón se puede llegar a identificar con lo eterno, concebido como algo permanente, inmóvil y fijo, que no cambia.

A veces la rutina de la vida diaria, cuando es idéntica, y no existe ninguna variación, puede producir la pérdida de la noción del tiempo, o sea la confusión entre el ayer y el hoy y puede inspirar un sentimiento de inmortalidad.

Esta idea es la que sugirió al escritor Adolfo Bioy Casares a escribir una novela titulada “El perjurio de la nieve” publicada en 1946, cuyo argumento fue llevado al cine con el título “El crimen de Oribe”, interpretada por Roberto Escalada y Carlos Thompson, legendarias figuras del cine nacional argentino.

La historia comienza con la llegada a un pequeño pueblo del interior, de un periodista, José Luis Villafañe, que se ve obligado a alojarse en un hotel debido a un inconveniente con su auto.

Como no hay cuartos disponibles le ofrecen compartir la habitación con un poeta imitador de nombre Carlos Oribe.

Curioso como de costumbre, Villafañe aprovecha para recorrer el pueblo. Descubre una antigua casa habitada por un viudo ya mayor, de origen extranjero, de apellido Vermehren y sus cinco hijas, Lucía, Ruth, Adela Margarita y Eugenia.

Intrigado por el aspecto siniestro del lugar, al espiar por una de las ventanas que da al jardín, observa un extraño ritual que se repite todas las noches, cuando todos los habitantes de la casa se reúnen alrededor de un árbol de Navidad.

Luego se entera que Vermehren está decidido a detener el tiempo para impedir la muerte de una de sus hijas, víctima de una enfermedad incurable, repitiendo todos los días lo mismo para que transcurran siempre iguales, sin ningún cambio.

Lucía descubre al periodista observando e inicia una relación que hace que ambos en poco tiempo se enamoren, pero cuando llegan a consumar dicho amor, ella muere.

Este hecho produce una gran conmoción en José Luis Villafañe, quien esa misma noche se embriaga para mitigar su pena; y al llegar al hotel, cuando se encuentra con su compañero de habitación, decide contarle su extraña historia.

Al enterarse de ese suceso, Oribe se identifica con Villafañe y comienza a contar esa historia como si fuera suya, convenciéndose también él mismo del hecho.

El padre de Lucía se da cuenta que el culpable de la muerte de su hija es el intruso responsable de introducir un cambio en sus vidas siempre iguales, y decide hacer justicia con su propia mano.

Como Carlos Oribe confiesa ser él quien sedujo a Lucía, Vermehren lo persigue y lo mata.

Este relato lleva a la práctica, la idea de eternidad que produce repetir siempre la misma rutina con la ausencia de cambios.

En el relato, el padre de Lucía decide estar muerto en vida para vencer a la muerte; pero le resulta imposible, porque la vida es cambio y transformación y sólo los muertos no cambian.

6
Oct

La Filosofía Romana

Publicado por Malena el 6 de Octubre de 2009

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Después de Alejandro Magno, la cultura griega fue asimilada lentamente por el Imperio Romano. La filosofía se inclinó hacia la ética y la práctica adoptando las enseñanzas de los filósofos antiguos de Grecia.

El estoicismo tomó la cosmología de Heráclito, y el epicureismo el atomismo de Demócrito.

El estoicismo tenía una postura opuesta a la de Platón, quien no le otorgaba importancia a la percepción sensible, mientras que para los estoicos ésta era la fuente de todo el conocimiento. Fueron considerados empiristas cuya aspiración consistía en orientar la vida humana hacia la evolución moral

El epicureísmo se dedicó a la ética más que los estoicos y subestimaba a los estudios científicos afirmando que las matemáticas no son útiles porque no se relacionan con la conducta en la vida, utilizando la lógica únicamente como criterio de verdad.

Los romanos, se diferenciaban de los griegos porque eran esencialmente prácticos y no estaban interesados en las especulaciones ni en la metafísica.

Tanto es así que en esa época, la filosofía formaba parte de la enseñanza común, con el principal objetivo de dar respuestas a las necesidades religiosas de los ciudadanos.

Los romanos no creían en la mitología popular, de modo que quienes no encontraban un consuelo en la religión, debían optar por: vivir sin ninguna religión, o aceptar la religión oficial con su orientación práctica, o bien inclinarse por algún culto que provenía de Oriente o si no buscar apoyo espiritual en la filosofía.

Por esta razón se pueden encontrar elementos religiosos en el estoicismo, doctrina esencialmente ética; y en el Neoplatonismo el sincretismo religioso-filosófico.

En el neoplatonismo de Plotino, por ejemplo, doctrina cuya filosofía se inclina hacia la religión, el éxtasis es considerado el elemento supremo de la actividad intelectual.

Tanto el epicureismo como el estoicismo trataban de brindar al hombre un fundamento a su existencia como individuo, poniendo énfasis en lo religioso o en la ética; y aunque ambas filosofías coincidían en que el ente es cuerpo, el significado de esta afirmación es diferente.

El epicureismo propone que el único sentido del mundo es la voluntad de la persona sabia de ser feliz; en tanto que el estoicismo designa ente al cuerpo y afirma que más allá de ese ente, que es el cuerpo existen por ejemplo los significados producto del pensamiento que se expresan con el lenguaje.

Las filosofías estoica y epicuria se centran en el comportamiento y en la búsqueda de la felicidad personal y se orientan según el pensamiento presocrático.

También se encuentra en esta etapa el escepticismo de Pirrón y las Academias Media y Nueva, surgidas como respuesta a los estoicos y epicúreos.

Posteriormente se vivió un clima parecido en una etapa posterior, dándose un marcado vuelco hacia la ortodoxia filosófica y hacia el interés por las vidas y las obras de los filósofos fundadores de esas doctrinas.

La última etapa sin embargo, significó el intento de unir y combinar todos los elementos que consideraban válidos de las distintas posturas filosóficas y religiosas de Oriente y Occidente, en el marco de un sistema que abarcara todas estas escuelas.

Fuente: “Séneca”, Colección Grandes Pensadores, Ed.Planeta DeAgostini S.A., España, 2007

5
Oct

Equilibrio y Envejecimiento

Publicado por Malena el 5 de Octubre de 2009

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El ejercicio tiene un efecto cuántico en todo el cuerpo, aunque sólo se ejerciten las piernas.

Un estudio realizado en los Estados Unidos demostró que las personas que se ejercitaban corriendo tenían no sólo huesos más duros en las piernas sino también en los antebrazos. De alguna forma toda la estructura ósea recibía el mensaje químico de calcificar todo el cuerpo.

El trabajo no significa necesariamente esfuerzo y transpiración sino que sirve para crear orden y evitar la entropía, o desorden; y el ejercicio físico moderado ayuda al cuerpo a restaurar su normal funcionamiento.

Antiguamente los médicos indicaban a los enfermos reposo absoluto, pero posteriormente investigaciones como las realizadas por el fisiólogo sueco, Beng Saltin, mostraron que estar más de tres semanas acostado durante las 24 horas al día, sin levantarse, producía una alteración de la capacidad fisiológica similar a 20 años de envejecimiento.

Pero lo más notable de este estudio fue que se descubrió que si se les permitía a los participantes en las pruebas, levantarse sólo cinco minutos al día, se evitaba la alteración de las funciones del cuerpo.

Del mismo modo, en todos los ámbitos de la vida, el secreto está en el equilibrio y no en el trabajo o el descanso constante.

El equilibrio para un ser humano significa tener un ritmo de vida armonioso de moderación, regularidad, actividad y descanso.

La moderación consiste en no pretender alcanzar los extremos; la regularidad implica mantener la rutina del cuerpo constante y una vida ordenada, el descanso es respetar al cuerpo cuando recibe las señales de cansancio y la actividad significa la necesidad de hacer movimiento.

Los animales respetan estos ciclos por instinto pero el hombre los puede ignorar; y al hacerlo puede acelerar la entropía o el desorden en su organismo y adelantar el proceso de envejecimiento.

Los enfermos cardíacos son un ejemplo de la falta de respeto por el equilibrio del cuerpo y de la adicción al estrés.

En Estados Unidos, desde el año 1900, la incidencia de ataques cardíacos se duplica cada veinte años. Los factores de riesgos con respecto a épocas anteriores se relacionan con el cambio del ritmo de vida y la alimentación más rica en grasas.

Por otra parte, los entretenimientos preferidos en las sociedades modernas son más sedentarios, como la televisión o el cine en lugar de la práctica de ejercicios.

La vida actual tiende a ser desequilibrada, porque se somete al cuerpo a experiencias límite ignorando que el cuerpo es amante de las rutinas y la vida ordenada. La mente es adicta a la sobre estimulación y al estrés constante y no llega a registrar las señales que emite el cuerpo cuando no respeta sus necesidades; el equilibrio exige prestarle atención, aunque la mente impulse a que se lo ignore.

La necesidad de satisfacer cada vez más exigencias materiales, lleva a hacer inhumanos esfuerzos y a no aceptar una vida con hábitos simples, como dormir ocho horas, desayunar todos los días, no comer a deshora, alimentarse con moderación, hacer actividad física, controlar la ingestión de alcohol y no fumar.

Estos hábitos sólo se pueden mantener si la persona cambia de filosofía, porque si se prioriza el trabajo y el dinero en detrimento de la salud, predomina un concepto materialista que disminuirá las expectativas de vida.

Estudios realizados en la ciudad de Los Ángeles demostraron que las personas que observaban hábitos saludables podían vivir treinta años más que aquellos que tenían costumbres dañinas.

Al cuerpo humano le gusta el orden, y es tarea de la mente respetarlo, tratando de mantener la coherencia interna e intentando hacer una vida equilibrada.

Fuente: “Cuerpos sin edad, Mentes sin tiempo”, Dr. Deepak Chopra, Ed. Vergara, Buenos Aires, Argentina, 1994

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