8
May

Conceptos fundamentales del Epicureísmo

Publicado por Christian el 8 de Mayo de 2007 a las 08:23 am

El filósofo EpicuroSi bien la pasada semana vimos algunos conceptos fundamentales dentro de la propia filosofía existente en Roma, y que había sido en cierto sentido adoptada de la propia civilización griega, conocimos de cerca que ésta había dado en sí como resultado final, o había ayudado a la aparición de diversas escuelas principales, destacando sobre ellas el Platonismo.

En esta ocasión nos ocuparemos en profundidad de cada una de éstas escuelas, comenzando principalmente por el Epicureísmo. Estuvo muy influenciada obviamente por el filósofo Epicuro de Samos nacido aproximadamente en el año 340 a.C.,. Fue fundada, según cuentan las fuentes y recogen diversos escritores propios de la época que en unos jardines de Atenas, en el año 306 a.C.,.

Los epicúreos defendían en su mayor medida que para descubrir el proceso mediante el cual concebimos el saber (considerado por éstos como un saber exclusivo para la vida misma) de las cosas emanaban efluvios que en sí mismos ingresaban a nosotros mediante los sentidos, en donde los conceptos son únicamente considerados como asociaciones del contenido común de múltiples representaciones que no nos permitirían conocer nada más allá de ellas.

En este caso, mantienen que la Filosofía ha de ser el “instrumento” adecuado, oportuno y destacado que tiene y debe que llevar a las personas a conocer la felicidad, momento en el que el saber adquirirá un valor aún mayor, pues nos llevará hasta esta dirección. Por este hecho fundamental, Epicuro atacaba de forma drástica los mitos religiosos (especialmente aquellos referidos a los presuntos castigos que las diversas divinidades propinaban a los hombres después de fallecer), pues sostenía que la Naturaleza estaba bien tal y como estaba, y que propiamente para seguir así no necesitaba la intervención de ningún tipo de dios. No en vano se hace necesario añadir que, en este caso, y a pesar de su directa crítica a este respecto, Epicuro no era un ateo en su sentido más estricto de la palabra, pues aunque opinaba y defendía aquello que ya se ha indicado en anteriores líneas, no profesaba que no existía ningún dios; sino que, más bien, éstos no tenían relación ni por qué intervenir en la naturaleza misma.

Sostenía, eso sí, que los dioses vivían su propia vida; una vida plena y feliz, en donde los hombres no intervenían, y viceversa. Con esta afirmación, obviamente, anulaba toda la religión griega, en la que la característica principal de los dioses no era su relación con la Naturaleza sino con los propios hombres.

Es de destacar una frase del propio Epicuro, en donde indica que “El placer es el principio y el fin de la vida feliz”, pues “el principio de toda vida que puede ser considerada como dichosa tendrá como fin la prudencia; superior a la misma Filosofía pues de esta se desprenden las demás virtudes, porque sin prudencia, sin moralidad, sin justicia, no será posible vivir dichoso.”

30
Abr

Doctrinas filosóficas dentro del Imperio Romano

Publicado por Christian el 30 de Abril de 2007 a las 01:50 pm

Durante el Imperio Romano se mantienen vigentes las cuatro principales y grandes escuelas griegas de la filosofía: epicureísmo, estoicismo, platonismo y aristotelismo. Tanto el platonismo, como el aristotelismo y estoicismo, se oponían drásticamente al epicureísmo, al considerarlo enemigo común, en su sentido más estricto, pues, aunque éstos no eran totalmente ateos, al admitir dioses que no guardaban una relación con el universo, y al proclamar propiamente el principio único de que el placer era el fin supremo, el epicureísmo se rebajó obviamente en muchos de sus adeptos, y de ahí a que, poco a poco, con el paso de los años, llegara a convertirse en un símbolo prácticamente fundamental del ateísmo.

Por este hecho, y no por otro, fueron acusados, en primer lugar, de ateos, y en segundo término de licenciosos.

Las tres restantes escuelas, además de su enfrentamiento común y propio al epicureísmo, experimentaron un profundo proceso de acercamiento mutuo; algo que se podrá distinguir y observar en su mayor amplitud a partir de aproximadamente el siglo I a.C., destacando dentro de este mismo “proceso” filósofos tales como Antíoco de Ascalón (platónico) o Posidonio de Apamea (estoico).

En este mismo proceso, la corriente platónica resultó ser la más fuerte, convirtiéndose con ello, valga la redundancia, en la principal corriente filosófica, e incluso llegó a acoger dentro de ésta elementos fundamentales de las otras dos escuelas.

Es preciso reseñar, como veremos a continuación, que a partir de aproximadamente el siglo III d.C., la única doctrina importante será el neoplatonismo, cuyo fundador será Plotino, prolongándose en distintos lugares durante los siglos posteriores.

Destacaron filósofos neoplatónicos tales como: Porfirio, Jámblico, Juliano el Apóstata, Proclo, Edesio de Capadocia, los cuales seguían defendiendo las doctrinas propuestas por Platón años atrás, en donde había distinguido, como ya sabemos, dos mundos (mundo de las ideas, y mundo sensible), cuya idea suprema se encontraba la idea del Bien

Los platónicos y neoplatónicos insistían fuertemente en la trascendencia del principio supremo; un principio situado más allá de toda realidad. El abismo existente entre éste y el mundo sensible se salvaría teniendo un “puente” de realidades principales intermedias.

En esa concepción neoplatónica de la realidad se cumpliría el denominado principio de plenitud, a partir del cual la totalidad de lo real constituye una cadena en la que no faltará ningún eslabón, una sucesión cuya perfección disminuye a medida que su lugar en la escala se alejará del primero.

De este modo, aparecerá un conjunto de doctrinas que, a fin de cuentas, resultó ser muy útil al cristianismo, para la formulación de sus ideas teológicas en algunos aspectos.

30
Abr

La muerte de Sócrates

Publicado por Christian el 30 de Abril de 2007 a las 09:47 am

A pesar de que aunque se crea lo contrario, Sócrates no dejó escrito alguno, pues aún en los momentos históricos exactos en los que éste desarrolló y llevó a cabo su trabajo, predominaba la enseñanza oral, es un hombre que, sin duda alguna, ha resonado sin cesar en la propia cultura europea.

Y es que aunque a su vez pueda, nuevamente, pensarse lo contrario, parece que en su mayor medida lo que verdadera y realmente interesa de este filósofo es su muerte, y no sus obras ni su vida.

Interesa porque, su muerte, según al menos la interpretación que de ella hace Platón, presenta una muerte puramente trágica, pero a su vez ejemplar. Trágica por la situación, por cómo sucedió, por cómo fue llevada a cabo; ejemplar por su fuerza… por su valentía.

Una muerte que plantea, por tanto, un problema entre la relación del individuo mismo con la sociedad, con su propia existencia, con la justicia, con las leyes.

Este carácter ejemplar que posee Sócrates hace que nuestra propia manera de acercarnos a él sea a su vez singular: sólo alcanzamos a ver su imagen reflejada en los Diálogos de Platón, en alguna comedia de Aristófanes o diversos escritos de Jenofonte.

Aproximadamente en el año 399, tres ciudadanos le acusan de tres delitos: corromper a la juventud, no respetar a los determinados dioses antiguos de la ciudad, introducir nuevas divinidades.

Cabe decir que estos procesos considerados de impiedad, los cuales implicaban de forma extrema y directa una culpa ante la propia patria, los padres, los fallecidos… y algo más importante, los dioses, habían sido relativamente frecuentes hacía ya algunos años en Atenas.

No en vano, por estos motivos, Anaxágoras había tenido que abandonar Atenas, al igual que Aspasia, Protágoras, Diógenes de Melos, e incluso Eurípides.

Es preciso reseñar que la religión griega era, propiamente, una religión que no tenía ni poseía una determinada clase sacerdotal que la administrara. No obstante, esa acusación de impiedad no parece ser un argumento que mayormente justificase la condena.

A pesar de este hecho, la votación contra Sócrates no fue en un primer momento numerosa, aunque fue, sin embargo, condenado tristemente a muerte. El juicio tuvo lugar en el Ágora ante 500 ciudadanos mayores de 30 años, seleccionados al azar entre todos aquellos que voluntariamente se presentaron a oficiar de jueces.

En el caso de Sócrates no disponemos de la presentación de la acusación pero, gracias, como ya se ha dicho, a Platón y a Jenofonte, conocemos los argumentos presentados por Sócrates en su “defensa”. Se limitó, según éstos, a demoler la acusación mostrando todas sus inconsistencias y llegó incluso a denigrar a todo el teatro, burlándose de aquellos que querían que desapareciera.

Si bien el asesinato fue triste, lo es aún mucho más los datos de la tan citada votación: 280 de los 500 jurados votaron por su culpabilidad, quedándose a 31 votos de la inocencia (necesitaba 251, es decir, más de la mitad de votos a favor de su inocencia). Sócrates, en vez de intentar obtener una condena más leve, tomó la decisión de seguir sus principios férreamente e insistió en que los hombres de Atenas admitan su equivocación.

Entre los muchos rasgos que Platón destaca de este filósofo, en tres diálogos que exponen con extraordinaria belleza sus tristes últimos momentos (el Fedón, la Apología y el Critón), éste resalta su negativa a huir, pues para Sócrates era menos importante salvar su vida que acatar las leyes.

30
Abr

La areté

Publicado por Christian el 30 de Abril de 2007 a las 09:29 am

Se considera a la ética como un saber práctico, fundamental en el propio ser humano, cuya interpretación del individuo mismo dentro de la propia sociedad necesita de un proceso importante de educación en donde ésta sea algo así como una hipótesis o teoría de la misma felicidad humana, en la cual se conjuguen tanto los intereses colectivos como los individuales de cada sujeto determinado.

En este caso, nos encontramos con una palabra imprescindible que se podría traducir como virtud: areté; una cuestión que vendría a ser más adecuada con respecto a la propia excelencia humana. Es un hábito por el que el hombre se hace bueno y realiza bien su función propia. Esto es, por tanto, algo que se tiene, que se incorpora a nosotros mismos, a nuestro propio ser.

Es ahora cuando, por ejemplo, Aristóteles entiende la “energía” (capacidad para actuar) como una función propia del hombre, cuya intervención en el mundo colectivo de los demás sujetos tiene que ser de acuerdo con el “lógos”, unidos a la propia racionalidad, cuyo lenguaje nos acerca a ellos, a entenderlos, a comprenderlos, y a conocer tanto a éstos como a ellos mismos.

Esto es considerado como una forma superior de felicidad, la cual ya no será un tener sino un ser: aquello que nos hace seres humanos, pues, a pesar de que se piense u opine todo lo contrario, propiamente la felicidad no se tiene, sino se siente; y se siente siempre y cuando, nosotros mismos, nos sintamos capaces no sólo de disfrutarla, sino conociendo éticamente que podemos y que debemos disfrutar de ella.

En cualquier caso, y si bien la felicidad es otro factor a estudiar, la cual, como ya hemos visto en alguna que otra ocasión, es trabajada por algunos filósofos y movimientos destacados, la ética sería asimismo aún más importante, pues ésta nos ayudará a conocer aquello por lo que luchamos, y aquello que, en definitiva, puede hacernos felices o no.

Obviamente, esa capacidad para sentirla (y no tenerla, claro está), está determinada por esa “energía” necesaria tanto para conseguirla como para llevarla a cabo y medida por la racionalidad: esa misma que nos ayudará a saber, definitivamente, lo que puede ser correcto o no.

30
Abr

Protréptico. El anónimo de Jámblico

Publicado por Christian el 30 de Abril de 2007 a las 09:17 am

“Incluso la tiranía, un mal de enorme magnitud y perversidad, se produce no por otra causa que por la ilegalidad. Algunos que no interpretan correctamente el fenómeno creen que el tirano se establece gracias a alguna otra circunstancia, y que -propiamente- los hombres no son personalmente responsables de la pérdida de su libertad, sino que la sufren por la violencia del tirano, una vez establecido y, en el poder; pero este razonamiento no es correcto, pues quien piense que un rey o tirano puede surgir de cualquier otra circunstancia que no sea la ilegalidad y la prepotencia, es un loco (…) Ello prueba que los hombres no pueden vivir sin justicia ni leyes”.

Jámblico. Protréptico

JámblicoExponemos en esta entrada el presente texto, pues, a pesar de que fue escrito aproximadamente entre los siglos V-IV a.C., por un autor desconocido (supuestamente, según varios autores e investigadores individuales, conceden su autoría a Jámblico, neoplatónico que escribió una “Introducción a la Filosofía”), expone en él algunas ideas fundamentales que debieron ser frecuentes en estos primeros sofistas.

Y lo exponemos precisamente porque, si bien en algunos aspectos quedaron dudas con respecto a estas mismas ideas, nos ayudarán de una forma directa a conocer mucho más las doctrinas de éstos.

Y es que algunos de sus textos sobre el derecho, la naturaleza misma y la ley, son, como prácticamente la totalidad de las obras de los sofistas, de una gran actualidad.

Más información: visitar El movimiento sofista

Gestionado con WordPress

Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este blog

La Guía 2000 forma parte de la red InicioGlobalPrivacidadContactoPublicidad