15
Abr

La Ansiedad, la Preocupación y la Cosmovisión

Publicado por Malena el 15 de Abril de 2008

La Ansiedad la Preocupación y la Cosmovisión

La forma de ver el mundo es un dilema profundo

Los problemas cotidianos que nos preocupan y las exigencias que nos imponemos, son limitaciones que no nos permiten disfrutar de la vida

Las dificultades que surgen todos los días son inevitables por lo tanto no se trata tanto de terminar con ellas sino más bien de vivirlas de un modo diferente.

Para ello es necesario un cambio de cosmovisión, ver la vida de una manera distinta, desde otra perspectiva, desde una dimensión más alta.

La ansiedad es un miedo difuso que no tiene objeto, es un estado de temor frente a un peligro que puede ser puramente subjetivo, como el miedo a las consecuencias de nuestros actos, la posibilidad del sufrimiento o la privación, la eventualidad de la pérdida.

Los sentimientos negativos se pueden proyectar sobre otros, que entonces se nos muestran como hostiles. Esta clase de temor y ansiedad se relaciona con el odio.

Frente al fenómeno de la ansiedad se puede razonar sobre la base lógica de tal estado emocional. Si lo hacemos podemos darnos cuenta que muchas veces nos sentimos agobiados por una preocupación difusa formada por una gran variedad de situaciones que resultan incontrolables.

El Dalai Lama propone un método práctico para reducir la preocupación, que consiste en pensar que si la situación o problema puede remediarse, no hay necesidad de preocuparse, o sea que resulta más sensato concentrarse en la solución del problema que preocuparse por ello.

Por otra parte, si no existe una posibilidad de resolverlo, tampoco sirve de nada preocuparse, ya que el hecho está consumado y es irreversible.

Queda claro que este método implica el compromiso de enfrentar las cosas y de tomar decisiones.

Con referencia a la ansiedad que produce el temor al ridículo o que los demás piensen mal de uno, el Dalai Lama reconoce que él mismo experimenta un poco de ese tipo de ansiedad cuando tiene que enfrentarse al público.

En esas ocasiones piensa en el verdadero objetivo de su disertación que es beneficiar por lo menos a algunas personas y no, demostrar sus conocimientos y se dedica entonces a explicar lo que sabe bien y las que no comprende del todo no las expone limitándose a decir si es necesario, la verdad sobre ello, o sea que ese tema para él es muy difícil.

Por lo tanto la honradez y la motivación adecuada son las claves para superar la ansiedad de esa clase, ya que el temor al fracaso produce una sensación de incompetencia que baja la autoestima.

El deseo de ayudar termina con todo vestigio de temor y proporciona confianza en uno mismo, y aunque no se logre el objetivo se puede sentir la satisfacción de haber realizado el esfuerzo.

El interés basado en el éxito mundano produce preocupación y ansiedad. Se puede cambiar esta motivación de manera que el interés de la acción se centre en el deseo de hacer el bien.

Cuanto más cerca esté uno de sentirse motivado por un sentimiento altruista tanto menor será el temor que experimente ante circunstancias que podrían provocarle mucha ansiedad con otros intereses.

Esta conducta también es útil para favorecer las relaciones interpersonales cuando una persona tiene dificultades para relacionarse. Si su motivación es sincera y no interesada lo ayudará a tener valor suficiente para entablar conversación con personas que lo intimidan.

Esta actitud requiere un cambio de perspectiva y una reconfiguración de nuestra forma de ver el mundo.

14
Abr

El Odio y la Cólera

Publicado por Malena el 14 de Abril de 2008

El Odio y la Cólera

Los estados mentales negativos son destructivos.

El filósofo estoico Séneca decía que la cólera es la peor de todas las emociones.

Investigaciones actuales han demostrado los efectos destructivos que provoca la hostilidad, siendo causa significativa de enfermedades orgánicas y hasta de muertes prematuras.

Existen tantas pruebas de los efectos nocivos del odio sobre el sistema cardiovascular que se lo considera hoy en día otro factor de riesgo en enfermedades cardíacas.

Estas emociones negativas disminuyen la capacidad de razonamiento, producen desequilibrios y destruyen las relaciones interpersonales.

No resulta suficiente canalizar los sentimientos hostiles como el odio por medio de técnicas terapéuticas, porque frente a una nueva experiencia de frustración ese individuo vuelve a experimentar la misma emoción.

El Dalai Lama ha investigado los sentimientos de odio y cólera y considera que son los principales obstáculos que impiden el desarrollo de la compasión y el altruismo y el logro de la paz interior.

La cólera, aunque a veces parece una reacción justa, es peligrosa porque nubla el razonamiento y no permite discernir.

Tanto la cólera como el odio no se pueden suprimir porque forman parte de las reacciones humanas frente a la necesidad de actuar frente a un peligro que ponga en riesgo la supervivencia; pero sí se puede cultivar la fuerza de la paciencia y la tolerancia.

Para el Dalai Lama vencer el odio mediante la paciencia y la tolerancia no es signo de debilidad sino que es un acto de heroísmo.

La reflexión ayuda a distinguir los resultados beneficiosos de estas fuerzas y los efectos destructivos del odio.

Estos sentimientos negativos producen tal confusión en un individuo que lejos de solucionar sus problemas los empeora y con el tiempo este tipo de emociones tienden a intensificarse.

La cólera nace de una mente torturada por la insatisfacción y el descontento y es posible crear una forma más elevada de satisfacción interior cultivando la amabilidad y la compasión.

Esta posibilidad produce tranquilidad espiritual que por si misma impide el surgimiento de emociones negativas. La paz interior permite reflexionar y aplicar la respuesta adecuada frente a las situaciones adversas. Es la autodisciplina necesaria para la contención hostil.

El Dalai Lama propone frente al surgimiento de los sentimientos de cólera, pensar en alguna otra cosa para disminuir su intensidad y calmarse para poder reflexionar y razonar.

En otras palabras, hay que contar hasta diez antes de hacer o decir barbaridades.

Experimentos realizados en la Universidad de Alabama demuestran que los pensamientos coléricos son estimulantes que favorecen los accesos de cólera, o sea que este sentimiento se retroalimenta.

Dar rienda suelta a la rabia y la agresividad tiene escasos beneficios, a pesar de las explicaciones energéticas psicoanalíticas sobre la conveniencia de la catarsis (liberación de la energía acumulada mediante su exteriorización).

Muchos estudios realizados en las últimas cuatro décadas han demostrado que lejos de disipar la agresividad pone en marcha mecanismos de estimulación de la hostilidad y respuestas bioquímicas que causan daño en las arterias.

Las investigaciones modernas sobre la cólera demuestran que el enfrentamiento activo, el análisis lógico y una nueva valoración de los pensamientos contribuyen a disiparla.

También el cambio de perspectiva y la búsqueda de distintos ángulos para abordar una situación suelen ayudar a este mismo objetivo.

La cólera no soluciona el problema que la causa y además crea un motivo adicional de sufrimiento futuro. Muchas veces, sacrificando pequeñas cosas se pueden evitar experiencias mucho más desagradables más adelante.

En Occidente la paciencia y la tolerancia pueden verse no como virtudes sino como signos de debilidad, sin embargo es una señal de fortaleza, de firmeza, de dominio mental y de disciplina.

La paciencia está relacionada con la humildad, o sea que se decide actuar en forma no agresiva sin impedir actuar en forma enérgica y efectiva.

La paciencia y la tolerancia llevan a perdonar en forma natural y a liberarse del resentimiento.

Perdonar no significa olvidar, porque se pueden recordar los acontecimientos negativos sin la carga emocional negativa que tuvieron.

11
Abr

El Sufrimiento

Publicado por Malena el 11 de Abril de 2008

Es inútil el lamento ante el sufrimiento

El Sufrimiento

En tiempos de Buda, una mujer del lugar perdió a su único hijo. Desesperada y no estando dispuesta a aceptar su muerte, quiso volverlo a la vida por cualquier medio.

Después de buscar infructuosamente a alguien capaz de resucitar a su hijo, le dijeron que Buda tendría la medicina para lograrlo.

El Buda le dijo que conocía el remedio, pero para prepararlo necesitaba algunos ingredientes. Debería conseguir un puñado de semillas de mostaza que procedieran de un hogar donde nunca hubieran padecido la pérdida de un ser querido.

La mujer, esperanzada comenzó a recorrer casa por casa buscando las semillas, pero cuando preguntaba si alguna vez había muerto alguien allí, encontraba que en todas partes había fallecido alguno, y por más viviendas que visitó, ninguna se había librado del sufrimiento de la muerte de un familiar.

Al darse cuenta que su mismo dolor era experimentado en algún momento por todos, permitió que enterraran a su hijo y luego fue a ver a Buda.

Con gran compasión, Buda le enseñó que nadie se libera del sufrimiento y de la pérdida; y que ella no era la excepción. La ley de la muerte es que los seres vivos no son permanentes.

Esas palabras no eliminaron su sufrimiento pero disminuyó el dolor de luchar contra lo inevitable.

Los seres humanos tienen muchas estrategias para evitar el sufrimiento, ya sea usando sustancias químicas o drogas, o con mecanismos de defensa casi siempre inconscientes, o bien negándose a reconocer que tienen un problema, o sumergiéndose en distracciones o diversiones, y hasta proyectando inconscientemente su propia frustración en los demás.

Todos estos mecanismos son paliativos transitorios que no liberan del sufrimiento para siempre, porque tarde o temprano vuelve a surgir con más fuerza.

El sufrimiento que no podemos evitar es mejor reconocerlo y aceptarlo. No pensar puede aliviarnos temporariamente pero enfrentar el dolor nos liberará del temor y nos hará sentir libres.

Las convicciones desempeñan un papel importante si consideramos al sufrimiento como parte de la vida, porque percibir la vida como un todo cambia la actitud que se asuma ante el sufrimiento; y si adoptáramos una actitud de mayor tolerancia al sufrimiento serviría para no sentirnos infelices, descontentos o insatisfechos.

El sufrimiento es la naturaleza fundamental de la existencia no iluminada, porque si en ese momento se puede contemplar la situación desde otro ángulo, se puede llegar a vivir como algo bastante natural.

Las causas profundas del sufrimiento son la ignorancia, el deseo y el odio. La ignorancia es la falsa percepción de la verdadera naturaleza de la realidad, el deseo es la causa del sufrimiento y el odio es la proyección del dolor.

Si creemos que el sufrimiento es algo antinatural que no deberíamos experimentar, enseguida buscaremos a un culpable porque nos sentiremos una víctima.

Le echaríamos la culpa al gobierno, al sistema educativo, a nuestros padres abusivos, a una familia anormal, a la pareja, a unos genes defectuosos; y esa actitud puede servir solamente para perpetuar el sufrimiento que se transforma en sentimientos de cólera, frustración y resentimiento.

Y la venganza es un círculo vicioso porque se transforma en una cadena de venganza que a veces se llega a transmitir de una generación a otra.

Volver una y otra vez sobre los recuerdos dolorosos puede magnificarlos y es la mejor manera de alimentarlos y acrecentarlos.

Si consideramos el sufrimiento injusto estamos agregando un elemento más a la inquietud mental.

Si sabemos mirar, los grandes sufrimientos pueden dar como resultado cambios en la vida que nos proporcionan la posibilidad de enfrentar nuevos desafíos.

10
Abr

La Felicidad para Platón

Publicado por Malena el 10 de Abril de 2008

Para Platón, la felicidad sólo es posible en el mundo inteligible

La Felicidad para Platón

La felicidad, esa sensación de plenitud, paz y serenidad que nos llena de alegría interior, y nos permite disfrutar de la vida, parece ser una quimera inalcanzable para la mayoría de la gente.

Sin embargo, una encuesta reciente en Argentina sobre este tema, dio un resultado inesperado: más del 70% de las personas que fueron interrogadas contestó que era feliz.

Este porcentaje se asemeja al registrado en países europeos, mientras que en el resto del mundo donde se realizó este tipo de investigación, las cifras fueron muy inferiores.

La definición de felicidad que figura en el diccionario nos dice entre otras cosas, que la felicidad es el estado del ánimo de satisfacción y contento que se complace en la posesión de un bien.

Esta definición corresponde a una filosofía materialista propia de países de alto nivel de consumo, con una cosmovisión que identifica al Ser con el tener.

Pero todos sabemos que ni bien hemos accedido a un bien deseado nuestro interés va decayendo en forma rápida junto con el estado de satisfacción que nos provocó antes de tenerlo. De manera que esa definición describe a la felicidad como una posibilidad pasajera que cuando termina, ahonda aún más la sensación de vacío y descontento interior provocando un nuevo anhelo.

Como señalé en un artículo anterior, para el Dalai Lama la felicidad puede ser un estado permanente en los seres humanos y se puede lograr con el desapego y la compasión que nos permiten cambiar nuestra forma de ver el mundo y liberarnos del sufrimiento.

Para Platón, la felicidad es posible cuando el hombre puede contemplar las esencias de las cosas que para este filósofo son las ideas de Dios. Se refiere a ver con el intelecto, más allá de la ilusión que nos ofrecen nuestros sentidos.

Platon reconoce que no se puede ser feliz sin ver la obra de Dios en el mundo que se manifiesta como modelo para la felicidad humana.

Para que el hombre pueda alcanzar la felicidad es necesario que se identifique con Dios practicando la virtud.

Nunca un ser humano podrá ser como Dios pero la tarea del hombre para ser feliz es parecerse a Él lo más que pueda por medio de la sabiduría; ya que los dioses se ocupan de cuidar a todos los que desean ser justos.

Platón consideraba que ofrecerle sacrificios a Dios y elevarle súplicas, para el hombre justo es la mejor forma de lograr una vida feliz, pero para los malvados estas ofrendas y pedidos no tienen eficacia.

El culto religioso y la virtud son por lo tanto en Platón los medios para ser dichoso en esta vida porque sólo los virtuosos pueden ser verdaderamente buenos y felices.

Para Platón la virtud es el conocimiento de lo que es realmente bueno para el hombre y la idea de lo que esa bueno no es relativa sino que es un valor absoluto, porque si no fuera así no podría ser objeto de conocimiento.

Oriente al respecto no difiere de occidente con su doctrina que propone la compasión como la principal virtud y el desapego o el fin de los deseos para lograr la felicidad.

Del mismo modo, la filosofía platónica describe al mundo sensible como ilusorio porque la verdadera realidad en primer lugar es la idea del bien.

9
Abr

La Compasión y el Dalai Lama

Publicado por Malena el 9 de Abril de 2008

La Compasión y el Dalai Lama

Aprendamos a ser compasivos con los animales racionales.

El hombre es básicamente bueno y su naturaleza es compasiva, dice el Dalai Lama. Cientos de estudios científicos avalan esta afirmación, indicando que la agresividad y el comportamiento violento está influido por factores biológicos, sociales, situacionales y ambientales; y todo ser humano desea ser feliz y ser tratado con consideración, respeto y afecto.

Cuando creemos en esta premisa básica, nuestra visión del mundo cambia y somos más felices.

La existencia humana está llena de esperanza aunque no haya nada que pueda garantizar nuestro futuro.

Reflexionar sobre qué es lo que le da significado a nuestra vida nos permitirá establecer prioridades y utilizar bien nuestro tiempo para ser más felices.

Los seres humanos están cada día más aislados. Se jactan de ser independientes pero no se dan cuenta que solamente para poder existir en este mundo dependen de infinidad de personas que trabajan para que puedan continuar viviendo, alimentándolos, vistiéndolos y ayudándolos a mantenerse saludables.

Muchos tienen dificultades para relacionarse y no saben cómo establecer vínculos, tienen miedo al rechazo y mantienen un estilo de vida solitario.

La única forma de abrirse a los demás es acercarse a ellos con una disposición compasiva, creando un ambiente positivo y amistoso. Esa actitud abre la posibilidad de recibir afecto y de recibir una respuesta positiva de la otra persona.

Pero la gente está esperando que sean los otros quienes actúen primero en forma positiva en lugar de tomar la iniciativa.

La compasión activa la perfección que está presente en el interior del hombre. El otro es indispensable y todos los aspectos de la vida de cada uno son el resultado del esfuerzo de los demás.

Es crucial la importancia de acercarse a los demás con una actitud compasiva y la empatía es un factor importante para apreciar el sufrimiento del otro.

Hay un nivel básico humano que trasciende las diferencias secundarias, tenemos una estructura física común, una mente, emociones, hemos nacido del mismo modo y todos moriremos. Todos deseamos alcanzar la felicidad y evitar el sufrimiento. Este es el terreno básico común para acercarse al otro.

La primera impresión que nos produce una persona puede ser equivocada, porque todo cambia cuando conocemos y valoramos los antecedentes de quien estamos tratando.

Una verdadera relación se consigue conociendo la naturaleza profunda del otro.

El Dalai Lama nos dice que para construir una relación sólida se necesita afecto verdadero, compasión y respeto mutuo.

La compasión puede definirse como un estado mental libre de agresividad, y de intenciones violentas. Es una actitud mental que desea liberar a los otros de sus sufrimientos, con compromiso, responsabilidad y respeto.

También la compasión desea cosas buenas para uno mismo y este paso es fundamental para empezar a ser compasivo con los demás.

Existen dos clases de compasión, la que incluye el apego y la expectativa de recibir lo mismo del otro y la verdadera compasión que es la que está libre del apego.

La compasión es el reconocimiento de los derechos genuinos del otro, no se relaciona con nuestros intereses personales y es el único modo compasivo que genera amor.

Cuanto más comprendemos el sufrimiento del otro tanto mayor será nuestra capacidad de compasión.

La compasión no es masoquismo porque se asume voluntariamente el sufrimiento del otro con un propósito más elevado.

En el fondo, las personas crueles son infelices porque sufren una angustiosa sensación de inseguridad y temor, incluso mientras duermen.

El desarrollo de la compasión y el altruismo tiene un efecto positivo sobre la salud física y emocional.

Las pruebas científicas apoyan claramente la postura del Daai Lama acerca del valor de la compasión. Estudios realizados en la Universidad de Harvard demostraron que la estimulación de los sentimientos compasivos de las personas eleva sus niveles de inmunoglobulina A, que es un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones respiratorias.

Otras investigaciones realizadas en la Universidad de Michigan revelaron que realizar trabajos de voluntariado con regularidad aumentaba espectacularmente las expectativas de vida de las personas que realizaban este trabajo y probablemente, también aumentaba su vitalidad general.

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