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Origen de las normas morales
Christian el 11 de Marzo de 2007
Los sofistas defendían el carácter convencional no solamente de las instituciones políticas, sino a su vez de las normas morales: lo que se considera malo y bueno, injusto o justo, loable y reprensible, no es fijo, absoluto, universalmente válido, inmutable. Para llegar a esta conclusión los sofistas contaban con un argumento doble: de una parte, la falta de unanimidad acerca de qué era lo bueno, lo justo…; por otra parte, los sofistas solían establecer una comparación entre las leyes y normas morales vigentes y la propia naturaleza humana.
La comparación entre las normas de conducta vigentes y la naturaleza humana ha sido de una trascendencia capital en nuestra misma cultura. Lo único verdaderamente absoluto, inmutable, es la naturaleza humana. Y, puesto que ésta es dinámica, es decir, es el principio de las actividades y operaciones propias de un ser, sólo será posible conocer la naturaleza humana observando cuál es el modo intrínseco y propio de comportarse los hombres.
La búsqueda del modo propio de comportarse los hombres no es nada fácil, ya que nuestro comportamiento está condicionado por el aprendizaje, por los hábitos, por las normas que nos han sido propiamente inculcados a lo largo de nuestra vida.
Los sofistas, esencial y especialmente aquellos de la segunda generación, como Trasímaco, o Calicles, utilizan el animal y el niño como ejemplos de lo que es la naturaleza humana prescindiendo de los elementos culturales adquiridos. De estos dos modelos, deducen que sólo hay dos normas naturales de comportamiento, las cuales se corresponderían con la búsqueda del placer, y el dominio del más fuerte.
Al ir contra ambas normas, la moral vigente es antinatural. No es únicamente convencional, sino que además es contraria a la naturaleza, según los últimos y más radicales de los sofistas.
Es fácil de comprender la trascendencia de estas reflexiones de la sofística. Con ellas, por todo, se inaugura el eterno debate acerca de las normas morales, acerca de la ley natural y la ley positiva.
Como iremos viendo, por tanto, el debate comienza con los sofistas en la filosofía griega; pero no termina con ellos.

La idea de
“Entre los seres, los hay que existen por naturaleza y los hay que existen por otras causas. Por naturaleza existen los animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el fuego, el aire y el agua. En efecto decimos de estos seres y de otros de la misma clase que son por naturaleza. Ahora bien, todos estos seres de que venimos hablando difieren claramente de los que no están constituidos por naturaleza. En efecto, todos los seres naturales poseen en sí mismos un principio de movimiento y reposo, bien respecto del movimiento local, bien respecto del crecimiento y mengua, bien, en fin, respecto de la alteración. Por el contrario, una cama, un vestido y cualquier otro objeto semejante no tiene tendencia natural alguna al cambio en tanto en cuanto pertenecen a esta clase de seres, es decir, en tanto en cuanto son seres artificiales, si bien la poseen en cuanto resultan ser de piedra, de madera o de una mezcla de tales sustancias. Y es que la naturaleza es un principio y causa del movimiento y del reposo para aquellos seres en que reside inmediatamente, esencialmente y no de un modo accidental”.
“Leucipo y su colega Demócrito afirman que los elementos son lo lleno y lo vacío, a los que respectivamente denominan ’ser’ y ‘no-ser’: lo lleno y lo sólido es el ser, lo vacío el no-ser. De ahí que afirmen que no hay más razón para la existencia del ser que para la de no-ser, ya que tampoco hay más razón para que haya vacío que para que haya cuerpo; ambos son las causas de todo lo que existe, y al igual que quienes establecen una sustancia o sustrato único que generaría el resto de las cosas al sufrir distintas modificaciones postulando como principios de tales modificaciones la condensación y la rarefacción, estos autores afirman que las diferencias son la causa de todas las demás cosas. Las diferencias entre los átomos son, en su opinión, tres: figura, colocación y posición. El ser, dicen, difiere solamente en proporción, contacto y dirección”.
Tal y como hemos podido observar de forma detenida en el anterior post (”











