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19
Feb

La escuela pitagórica

Publicado por Christian el 19 de Febrero de 2007

Pitágoras fue sin duda alguna uno de los filósofos más importantes, dentro de la propia, valga la redundancia, filosofía griega, cuyas doctrinas influyeron sobre manera en uno de nuestros protagonistas más habituales, Platón.

Nacido en la isla de Samos, aproximadamente en el año 582 a.C., fue instruido bajo las doctrinas diversas de personajes tan importantes como Anaximandro o El filósofo griego PitágorasTales de Mileto, entre otros.

Aproximadamente hacia el año 530 a.C., decidió instalarse en una colonia de origen griego que recibía el nombre de Crotona, lugar importante donde llegó a fundar un movimiento con ciertos tintes de carácter únicamente religiosos, filosóficos e incluso políticos. Y es que, con su escuela, Pitágoras fue el primero en destacar la gran diferencia existente en la importancia de la forma sobre la materia, al tratar de explicar la propia estructura material, esa misma estructura de las formas.

Defendió incluso la división entre materialismo e idealismo, algo que se hizo mucho más claro con el paso del tiempo, dando incluso una importancia mayor en el alma, llegando a considerar, al cuerpo, como una auténtica cárcel. Aconsejaban de una manera mayúscula el silencio, el recogimiento y la obediencia, la abstinencia de consumir alimentos, y la sencillez tanto en el vestir como en el propio ser de la persona, creyendo en una inmortalidad que, evidentemente, iba más allá de la muerte, en donde el alma podía transmigrar y vivir eternamente.

Pero no sólo la importancia de esta escuela queda ahí, dado que, como bien es sabido, y tal y como conocemos sin realizar de cerca unos estudios más o menos pormenorizados, Pitágoras y sus discípulos fueron importantes por llevar a cabo una amplia teoría en lo que a los números se refiere, destacando en: estudio de números primos, pares e impares, cuadrados, cultivaron el concepto de la palabra propiamente de “número” (algo que se convirtió, para esto, en una base fundamental), llegando incluso a establecer una clara e importante base científica para las matemáticas.

Y no sólo esto se queda ahí, pues también llegaron a profundizar tanto en la Astronomía como en la Geometría, donde destacaron descubrimientos tales como la consideración exacta de que la tierra era como un inmenso globo que giraba junto a otros planetas alrededor de un “fuego central”, explicando el orden armonioso de distintos elementos moviéndose alrededor de una esfera central, y el estudio de la hipotenusa, entre otros.

Como sabemos, y tal y como observamos y conocemos de forma muy resumida, todos estos descubrimientos supusieron un importante avance científico de cara al futuro próximo.

16
Feb

El vuelo de Ícaro

Publicado por Christian el 16 de Febrero de 2007

Dédalo enseña volar a ÍcaroExistía en Creta un poderoso rey llamado Minos, quien hizo construir un engañoso edificio con el objetivo expreso de encerrar en él a un temible Minotauro, monstruo con cabeza de tiri y gran cuerpo humano, hijo de Pasifae (esposa de Minos), y de un toro divino. El arquitecto, a quien Minos encargó llevar a cabo la construcción de un laberinto, era un célebre artesano, gran ingenio y mecánico, llamado Dédalo, famoso incluso por ser el autor de la escuadra, del hacha y de la plomada. A pesar de la duración inestimable de una construcción de tal envergadura, el resultado final fue una absoluta y bella maravilla, haciendo famosa, en todo el mundo, a la propia ciudad de Minos.

Finalmente, el Minotauro fue recluido en el más oscuro y tenebroso lugar del laberinto, considerado como una manifestación de la divinidad, y requería ser alimentado con carne humana, cuyas víctimas eran introducidas en aquel vericueto de estancias y de corredores donde nadie nunca pueda encontrar la salida. Pero, para que fuera posible seguir con el ceremonial que correspondía precisamente a esos pobres “elegidos”, los cuales corrían y corrían hasta agotarse sin dar con esa salida, debía llevarse a cabo en el mayor de los secretos, en referencia a la disposición y colocación de las diferentes partes del mismo laberinto, por lo que se trató por todos los medios que, finalizada la construcción propiamente dicha, Minos ordenó que Dédalo se adentrase en su propia obra con su joven hijo Ícaro. Dédalo, privado de sus mismos planos originales, no sabía encontrar la salida, pero en este punto, el ingenio corrió en su socorro, llegando a construir un artefacto todavía más sorprendente: la primera máquina para volar.

Uniendo con gran paciencia las plumas de las alas de todos los pájaros que podía encontrar, y pegándolas con cera, construyó para sí mismo, y para su hijo, dos pares de enormes alas que podían atarse a la espalda y maniobrarse agitando los brazos.

Cuando todo hubo terminado, y había finalizado el proyecto en sí, Dédalo decidió probar los artefactos, llamando a Ícaro, poniendo en su espalda las grandes alas, e instruyéndole en cómo debía utilizarlas, y para qué las había llevado a cabo.

Poco después, padre e hijo, agitando con gran fuerza y rapidez los brazos, se alzaron sostenidos por las blancas y bellas alas en el gran azul del cielo, observando primero a sus pies la isla de Creta, y luego la inmensidad del mar.

Ambos volaban seguros y felices, llegando incluso a maniobrar nuevas evoluciones dBella y maravillosa pintura en donde distinguimos al pobre Ícaro cayendoel propio aparato. No obstante, su padre gritó, comentándole que no hiciera más de lo que su ingenio podía realizar, pero Ícaro no lo podía escuchar. Subió y subió hasta lo que pudo, llegando a sentir el inmenso calor de los rayos del Sol. De pronto, la cera comenzó a fundirse, pues la armazón empezó a doblarse y se partió, las plumas se despegaron y se perdieron en la distancia. Intentó en vano mantenerse suspendido y no perder altitud, pero cayó finalmente a las aguas del mar.

Dédalo, completamente sorprendido, atónito y triste, había contemplado estupefacto la pérdida de su pobre y desdichado hijo en riguroso directo.

Pocos mitos pueden tener significados y enseñanzas tan precisas. El encarcelamiento de Dédalo puede interpretarse como el encarcelamiento mismo del ingenio, de la ciencia, de los celos, de supersticiones diversas y de factores extraños a su esencia.

16
Feb

La filosofía Sofista

Publicado por Christian el 16 de Febrero de 2007

Nos encontramos en, aproximadamente, la segunda década del siglo V, cuando, en estos precisos momentos, y tras varios años de existencia de la filosofía denominada como naturalista, comienza el denominado período antropológico de la propia filosofía en Grecia, creadores del Arte Retórico, el cual surge de la misma conciencia de un hecho determinado, a través del cual, la relación existente entre el mundo y el habla es, precisamente, una representación (logos), que incluso puede ser superior a otras dependiendo de las características. El estudio de este tipo de escuela tenía, como principal importancia, el conocimiento acerca de esa misma retórica, como disciplina fundamental (arte de la persuasión a través de la palabra), a la dialéctica (arte de refutar y discutir), y a la oratoria (el arte de la elocuencia).

El filósofo GorgiasY es que, precisamente, el eje de estas mismas reflexiones llevarán a la misma filosofía a un paso de la physis al hombre, estudiándolo de forma mucho más directa y “trabajada”, y sus filósofos más destacados perseguían un objetivo claro: capacitar, especialmente a sujetos jóvenes, en el arte de la oratoria, para prepararlos en una supuesta futura vida política; e incluso, dado que viajaban de ciudad en ciudad, hablando acerca de sus estudios y enseñanzas específicas, recogían gran cantidad de información y material, que luego les servía para una mayor investigación.

No en vano, se presentaban así mismos como profesores de “virtud”, teniendo en cuenta este significado traducido en el sentido literal de tener una habilidad innata, a partir de la cual se tiene una destreza determinada en una acción o capacidad concreta, cobrando evidentemente por sus enseñanzas, las cuales les permitían subsistir diariamente.

Sus filósofos, Maestros por excelencia, fueron denominados con el nombre de los Siete Sabios de Grecia. Principalmente, consistía en una serie de personas, filósofos por excelencia, los cuales compartían puntos de vista incluso mucho más amplio que los de una propia escuela, llegando a popularizar muchas ideas de otros filósofos anteriores.

No en vano, no hay que olvidar que un primer momento, la palabra “sofista” fue en un principio sinónimo de “sabio”, adquiriendo más tarde, con los diálogos platónicos, el término peyorativo de “hábil engañador”. Y es que, aunque como se ha dicho, no formaron escuela, sí se les puede conocer precisamente por un conjunto de puntos de vista coincidentes entre sí, entre los cuales (valga la redundancia), cabría destacar que adoptaron una actitud escéptica y relativista, y no representan un conjunto sistemático de pensadores, no buscando un principio universal.

SEl filósofo Protágorasu importancia misma, ante todo, no sólo radica en sus enseñanzas, sino en que tuvieron una influencia muy notoria e importante en la vida ateniense, pues pusieron en tela de juicio a la pólis en su sentido más tradicional, realizando una crítica extensiva y muy sincera con respecto a las instituciones diversas que, en esos momentos, existían en Atenas.

Los principales filósofos sofistas

Dentro del propio estudio de la Filosofía Sofista, es necesario conocer de cerca quiénes fueron algunos de sus más importantes filósofos.

Destacaron, entre otros, Gorgias (discípulo de Empédocles, escribió un tratado acerca de la Naturaleza), Protágoras (defensor del relativismo de las diferentes cualidades sensibles y de los valores), Hipias de Elis (destacó por sus conocimientos, considerando que la ley era incluso contraria a la naturaleza), Licofron (defensor del derecho natural del débil) y Calicles (defensor del derecho natural del más fuerte).

15
Feb

El viaje de los argonautas

Publicado por Christian el 15 de Febrero de 2007

Jasón representado en una esculturaEl siguiente relato que vamos a tratar, por su contenido importante no sólo en mitología, sino por las reflexiones filosóficas que en sí contiene, es un aventurero, mágico y largo viaje a la conquista del vellocino de oro, constituyendo el argumento de una de las más fascinantes epopeyas de la Antigüedad griega. Trata, fundamentalmente, de una empresa colectiva en las que destacan Peleo (padre de Aquiles), Cástor, Hércules, Telamón… Sin embargo, el mito en sí únicamente se centra en la figura de uno de ellos, Jasón, jefe de la expedición, quien asume, a nuestros ojos, una fisonomía particularmente humana.

Jasón, hijo de Esón y de Alcimeda, tenía que suceder a su padre en el trono de Orcómeno, situado en Beocia, pero éste fue depuesto y exiliado del país por su hermano Pelias. Con el fin de que, aún niño, Jasón no corriera ningún tipo de peligro, sus padres pensaron en esconderlo y protegerlo, entregándolo al cuidado de Quirón, el centauro preceptor de héroes.

Cuando tuvo veinte años, Jasón manifestó la voluntad de descender hasta la ciudad donde residía Pelias (Yolcos), y expulsarlo. Cubierto con una leonada piel de fiera, Jasón se puso en camino, y al llegar a un punto determinado de su viaje, encontró a una humilde vieja que no sabía cómo atravesar un curso de agua muy impetuoso. La cargó sobre sus espaldas, y la transportó hasta la otra orilla, pero en la mitad de la corriente perdió una sandalia. La anciana no era otra que la diosa Juno, quien, una vez revelada al joven, le prometió ayuda para el futuro.

Pelias, mientras tanto, había interrogado como de costumbre a un oráculo con el fin de conocer el futuro de su propio reino, y había sido exhortado a protegerse del hombre que se presentara ante él con una sola sandalia. Por este hecho, y cuando vio llegar a Jasón, intentó alejar el peligro, acogiéndole con suma astucia de forma buena, amable, y solidaria, y formalizando un pacto con él: le sería restituido el trono y todas las riquezas de su padre si conseguía traerle el conocido vellocino de oro. Hay que destacar que, según las previsiones (y deseos) de Pelias, Jasón tenía que perder la vida.

En efecto, el vellocino de oro consistía en una preciosa piel de un carnero divino, el cual se encontraba cuidadosamente colgado en las ramas de una encina consagrada a Marte, en la lejana Cólquida.

Empero, el viaje no era lo únicamente peligroso a superar, pues incluso un espantoso dragón custodiaba el tesoro. Pero, nuestro protagonista de hoy, sin temor ni miedo, se puso en marcha ante tal heroica osadía, haciendo construir por Argos una nave de cincuenta remos que recibió el nombre de su constructor. Llamados por éste los más fieros y fuertes héroes (Hequidón, Hércules, Peleo, Telamón, Calais, Cete…) se embarcaron en la expedición.

La nave zarpó del puerto de Armino, saluda por una multitud alegre y a la vez conmovida. Un viento favorable sopló sobre las velas, ayudando en la travesía.

En una ocasión, una violenta tempestad golpeó los flancos de la nave, y, tiempo después, los héroes se vieron obligados a desembarcar para reparar los daños ocasionados por ésta. Una vez pusieron los pies en la isla de Cícico, fueron asaltados por unos gigantescos monstruos de seis brazos, los cuales arrojaron sobre ellos enormes piedras. En este punto, Hércules, consiguió matar a muchos con su infalible arco. Seguidamente, en las lejanas costas de Misia, las ninfas náyades se enamoraron de Ila, el hermoso hijo de Hércules, y lo raptaron.

Una vez llegados a las costas de Tracia, los argonautas encontraron al infeliz adivino Finero, el cual era ciego, y había sido castigado por Júpiter con una terrible condena por haber revelado demasiado a los hombres con respecto a muchos secretos del porvenir: cada vez que deseaba comer, las harpías (horribles pájaros con cabeza de mujer y cuerpo de cuervo) volaban sobre él dejando caer sobre sus alimentos líquidos infectos. Los dos hijos de Bóreas, Cete y Calais, acudieron en su ayuda y, soplando, consiguieron dispersarlas. A cambio de su liberación, el adivino Fineo advirtió a los argonautas de un grave peligro inminente, y les enseñó el modo de superarlo.Cuadro donde aparecen Jasón y la bella Medea

Después de superar estos y otros muchos peligros, los argonautas consiguieron alcanzar la Cólquida. Aquí, resonaban los terribles lamentos de Prometeo encadenado, donde reinaba Aetes. Éste no se opuso a los deseos de Jasón, aunque estableció que antes de apoderarse del vellocino el héroe debía superar una difícil prueba, la cual consistía en un uncir a un arado dos toros salvajes que arrojaban llamas por la nariz, abrir un surco y sembrar en él los dientes del dragón, de los que nacerían unos guerreros gigantescos que Jasón tenía que perseguir y matar.

Sin embargo, Jasón se enamoró de Medea, hija de Aetes, la cual le dio un ungüento que tenía el poder de convertir en invulnerable a quien lo usara, y una piedra que éste debía lanzar contra los gigantes. Con todo ello, Jasón consiguió uncir a los toros, y dar muerte a gran cantidad de los guerreros que surgían de los dientes del dragón que él mismo había sembrado. Finalmente, cuando sus adversarios estaban a punto de acabar con él, lanzó contra ellos la piedra mágica, lo que hizo que los gigantescos monstruos se lanzaran unos contra otros.

Jasón así, se adentró en el bosque, en el cual estaba el citado vellocino de oro. Medea llamó al Sueño, y por su mediación logró adormecer los miembros del monstruo que guardaba el precioso trofeo. Pudo apoderarse del vellocino, y regresar a la nave.

14
Feb

Sócrates

Publicado por Christian el 14 de Febrero de 2007

Sócrates, representado en una esculturaNacido en el año 470 a.C., probablemente cursó estudios de astronomía y geometría en su juventud. Figuró entre los atenienses que lucharon en Anfípolis, Delio y Potidea, pero esta experiencia no le incitó a tomar una parte activa en la vida política de su ciudad. El único interés que conservó durante toda su existencia fue la filosofía, que concebía como un incesante examen, tanto de los demás como de sí mismo. En este deseo de estudio, sacrificó toda actividad práctica.

Sócrates no dejó ningún escrito, pues consideraba que un texto podía ser útil para conocer la orientación de determinada escuela, pero no servía para estimular a la propia investigación.

El tema constante de su filosofía es el hombre en sus relaciones con la comunidad exacta en donde vive. Desechó totalmente el estudio sobre la naturaleza, queriendo incitar al hombre a conocerse a sí mismo, y conocer además sus propios límites y el criterio de lo justo que debe guiarlo en sus propias relaciones.

Afirmaba, a su vez, que la primera condición para llegar a ese conocimiento, es que el sujeto debe reconocer su propia ignorancia, oponiéndose con ello a la posición defendida por los sofistas, que conformaban la más importante escuela filosófica del momento. Para descubrir esa misma ignorancia, utilizó la ironía, con la que pretendía hacer ver a los hombres que sus convicciones y pensamientos se fundamentaban únicamente en palabras mal usadas, sumergiendo al hombre en la duda e incitándolo a la búsqueda, y haciendo víctima de su ironía al pensador dogmático. Consideraba su filosofía como una misión confiada por un poder trascendental, más allá del hombre y por encima de él.
Este proceso que se realiza a través del diálogo es lo que Sócrates denomina como arte mayéutica, que coincidirá al hombre al verdadero saber, lo que da a entender que, en esta enseñanza, virtud y saber se identifican, pues el hombre quiere saber lo que debe hacer porque es bueno para su propia subsistencia: la virtud.

Divulgó su enseñanza por las calles y plazas de Atenas, al aire libre, donde el propio pueblo lo escuchaba. Y, precisamente por ello, lo situaba como un filósofo en contraste con los fautores diversos de la religión tradicional, rebelándose contra las normas y convicciones diversas, e incluso predicando la libertad absoluta.

Cuadro pictórico donde se representa a Sócrates bebiendo la cicutaBajo este clima difícil, maduró el proceso promovido en contra de él bajo la acusación clara (aunque justificada) de una difusión de ideas entre los jóvenes contrarias a la misma religión, y un “claro” desprecio por los jóvenes. Reafirmó la rectitud de su enseñanza ante los jueces, siendo condenado a muerte.

Mientras esperaba la ejecución de la sentencia, amigos, discípulos y compañeros intentaron por todos los medios posibles inducirlo a huir, pero él los rechazó argumentando que siempre había predicado la justicia y el respeto a las leyes.

Según la costumbre ateniense, bebió la cicuta y murió mientras conversaba con sus discípulos, en el año 399 a.C.,.

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