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Exageraciones filosóficas: ¿Amor a lo animal causado por resentimiento hacia lo humano?

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Esta mañana me he llevado un sobresalto teórico al abrir el Facebook. Resulta que Germán Cano, profesor de Filosofía Contemporánea, opina que:

Me he llevado un sobresalto porque las exageraciones filosóficas me llegan al alma, sobre todo cuando se formulan con un alcance universal. No creo que haya lo que dice Cano, creo más bien que anoche él se sentía elocuente y exageró. Sobre el torero muerto ya hemos hablado aquí, ahora vamos a hablar sobre la opinión de Cano, que no es más que la expresión grandilocuente de una determinada moral muy asentada, pero que hoy tiene una fuerte competencia.

lo humano

El Guernica de Picasso es un ejemplo de lo humano representando lo humano. Hay quien se alegró por la muerte de los responsables del bombardeo de Guernica, pero nadie diría que esa gente desprecia El Guernica. La diferencia con el caso del torero es de grado, no cualitativa: algunos solo deshumanizan a asesinos de personas; otros deshumanizan también a los asesinos de animales y el “resentimiento hacia lo humano” no tiene nada que ver.

Universalizando la propia incomprensión

La primera frase de la cita de Germán Cano dice que es ininteligible cierto amor a lo animal, a no ser que supongamos un “absoluto resentimiento hacia lo humano”. Me da la impresión de que estas son palabras que aceleradamente se escriben en Facebook, no con mayor reflexión que quien escribe alguna burla o expresión de alegría por la muerte de un torero. Ya dimos una explicación más detallada en el artículo antes mencionado sobre por qué alguien se alegraría por la muerte de un torero. Para nosotros no implica un “absoluto resentimiento hacia lo humano” y creemos que objetivamente no implica tal cosa.

La incompresión de Germán Cano viene, aparte de por no haber leído nuestro anterior artículo, del hecho de que está tratando a aquellos que han expresado odio hacia el torero, del mismo modo en que ellos tratan al torero: como una entidad abstracta, deshumanizada. Le atribuye a ciertos animalistas un par de propiedades psicológicas y hace un diagnóstico de un aspecto de la sociedad actual, todo muy simplificado.

Probablemente, existen personas que aman a lo animal sobre la base de un resentimiento hacia lo humano. Puedo pensar en personas que se sienten heridas por los humanos, como un anciano abandonado por su familia y que solo tiene la compañía de su perro, una persona que ha sido recientemente timada, alguien no correspondido en el amor y casos así: muy concretos y muy específicos. No son interesantes en este asunto y, probablemente, no son los que se han expresado en las redes sociales alegrándose por la muerte del torero, al menos no responden al perfil general de quien así se ha expresado.

En cualquier caso, según Cano, este “amor a lo animal” apoyado en “un absoluto resentimiento hacia lo humano” es lo que explica “ese odio al torero muerto” y, tal y como el lo formula, lo explica objetivamente. No utiliza expresiones que indiquen una visión subjetiva del asunto, sino al contrario: pretende expresar algo que ocurre así independientemente de sus propios estados mentales. En nuestra opinión, sin embargo, es posible que para él dicho “odio” solo se explique sobre la base de ese amor apoyado en el resentimiento hacia lo humano. En ese caso, lo que dice sería cierto si lo formulara como sigue: “Hay un amor a lo animal que solo entiendo como un absoluto resentimiento hacia lo humano. Si no, no me explico ese odio hacia el torero muerto”. Así está mucho mejor.

¿Por qué exagera Cano?

La cita de Germán Cano es una exageración como la copa de un pino. En primer lugar, suponer odio a partir de ciertas expresiones escritas en Facebook o en Twitter es ir demasiado lejos. Las redes sociales son un contexto idóneo para expresar más de lo que es cierto… por escrito y sin ningún interlocutor enfrente. En segundo lugar, hablar de “un absoluto resentimiento hacia lo humano” es, nuevamente, dar un gran salto, demasiado largo para el hombre y mucho más largo para Cano.

Como decíamos ayer, principios morales como no alegrarse de la muerte de un humano son convencionales y, como tales, dejan un amplio espacio para excepciones arbitrarias. Probablemente, hay manifestaciones de alegría por la muerte de algunos humanos que no llevarían a Cano a decir lo que ha dicho. Hay deshumanizaciones socialmente establecidas y aceptadas. El ejemplo más paradigmático es el de Hitler, la cual está respaldada por un amplio consenso. La deshumanización que alguien puede hacer de una persona de su entorno por motivos personales no tendrá tanto respaldo, mientras que la deshumanización de un torero genera discordia, tal y como ha sucedido. La cuestión es, ¿por qué la deshumanización de un torero está causada por “un absoluto resentimiento hacia lo humano” y de otras deshumanizaciones no diríamos eso? En realidad, nada sustenta esto, salvo el hecho de que para Cano parece ser que, aun mereciendo los animales respeto, faltarle el respeto a un humano torturador de animales fallecido es más grave que torturar animales y, por tanto, la deshumanización en este contexto se apoya en “un absoluto resentimiento hacia lo humano”, lo cual no deja de ser curioso, pues las redes sociales en las que se expresa el odio hacia el torero caen bajo el reino de “lo humano”, así como deshumanizar a otros humanos. Desde luego, la evidencia trabaja en contra del diagnóstico de Cano.

Si hay un resentimiento hacia “lo” humano, este no es absoluto ni universal. Lo que se ve es un resentimiento relativo hacia algo humano: hacia las corridas de toros. Pero, en todo caso, Cano se equivoca enormemente. Las manifestaciones de odio hacia el torero no tienen nada que ver con el resentimiento hacia lo humano, ni siquiera con la tauromaquia. Están más relacionadas con el hecho de que la muerte del torero, así como su familia, son algo que nos llega por las redes sociales, generalmente, y lo vivimos como algo abstracto, no muy distinto de como vivimos las muertes de Alejandro Magno o de Groucho Marx. Si a eso le sumamos el contexto de las redes sociales, nos dan como resultado expresiones de odio que, muchas veces, ni siquiera expresan un odio genuino y, cuando es un odio genuino, lo es hacia lo abstracto: un ser humano muerto que mataba toros. Por tanto, no hay un amor a lo animal sustentado en un resentimiento hacia lo humano que explique el odio hacia el torero. Habrá quien ame a los animales porque esté resentido con los humanos por algunos sucesos vitales, pero esos casos particulares son irrelevantes. De hecho, en filosofía tenemos a Schopenhauer y hablamos de ello de forma anecdótica.

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