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Teoría de la verdad como correspondencia

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Si buscamos la palabra “verdad” en el diccionario de la RAE, la primera definición con la que nos topamos es la siguiente: “Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”. Si tenemos en cuenta que los diccionarios son un registro de los significados que los hablantes de una lengua les dan a las palabras que usan, está claro que la noción de verdad más popular es esta, conocida en filosofía como verdad como correspondencia. La misma definición que hemos citado constituye una formulación, imprecisa, de la tesis básica de la teoría de la verdad como correspondencia, cuya formulación más antigua se encuentra en la Metafísica de Aristóteles:

teoría de la verdad como correspondencia

Los teóricos de la verdad como correspondencia tienen una respuesta

Parece claro, a cualquier hablante, que esta teoría de la verdad es correcta, que recoge adecuadamente lo que cualquiera entiende por “verdad” en enunciados tales como “es verdad que el cielo es azul” o “es verdad que las crías de murciélago se alimentan de leche materna”. Sin embargo, y a pesar de que, probablemente, es la teoría de la verdad que cuenta con más adeptos tanto en el mundo técnico de la filosofía como a nivel popular, lo cierto es que esta teoría tiene sus propios problemas.

Algunos problemas de la teoría de la verdad como correspondencia

Como hemos dicho, la definición de la RAE es imprecisa. Aunque útil para el hablante medio, desde un punto de vista filosófico es poco operativa y, además, resulta un tanto desfasada. En cualquier caso, es suficiente para un diccionario. Pero los diccionarios son insuficientes para la indagación filosófica. Así que una formulación más precisa de esta teoría podría ser la siguiente: una creencia, proposición o enunciado es verdadero si y solo si existe un hecho que le “corresponde” en la realidad. Entendemos que la verdad es un predicado que se aplica sobre oraciones y que las oraciones representan hechos. Parece fácil, ¿no?

La facilidad en filosofía es mera apariencia. Con la definición más precisa que hemos dado, siempre podemos preguntarnos qué es un hecho o en qué consiste que un enunciado (o creencia o proposición) se corresponda con un hecho. El teórico que se comprometa con una teoría de la verdad como correspondencia necesitará explicaciones adicionales, e independientes, de qué es un hecho y de en qué consiste que una oración, creencia o proposición se corresponda con la realidad. Y no solo eso, también tendríamos derecho a exigirle una explicación de lo que entiende por realidad.

Teoría semántica de la verdad

Aparte de las dificultades que entraña la teoría de la verdad como correspondencia, merece la pena que le dediquemos algunas palabras a una teoría de la correspondencia en particular: la teoría semántica de la verdad, la cual fue propuesta por Alfred Tarski en los años 30 del siglo XX. Se trata de una teoría de la verdad como correspondencia que se aplica a expresiones de lenguajes formales.

Brevemente: la teoría parte de algún lenguaje formal L y del predicado “es verdadero”, el cual no pertenece a L, sino a otro lenguaje, el que utilizamos para hablar acerca de L. Se trata de un predicado metalingüístico. Una definición de verdad será aceptable si tiene como consecuencia todas las ejemplificaciones del siguiente esquema: “P” es verdadero si y solo si P. “P” es el nombre de la fórmula de la que predicamos la verdad, una expresión del metalenguaje, y P es la fórmula misma. Para Tarski ningún lenguaje formal debe contener su propio predicado de verdad, pues así se evitan paradojas como la del mentiroso, al evitar que el lenguaje pueda referir a sí mismo: utilizamos expresiones de un metalenguaje M para hablar de un lenguaje L (lenguaje objeto). Desde el punto de vista de Tarski, su teoría de la verdad no puede aplicarse a los lenguajes naturales, puesto que en estos no está clara la distinción entre lenguaje objeto y metalenguaje.

A pesar de evitar las paradojas, la teoría tiene sus propias limitaciones. Por un lado, la teoría proporciona condiciones necesarias, pero no suficientes, de la definición de verdad. Por otro lado, sirve para fijar la extensión, pero no la intensión, del predicado “es verdadero”.

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