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Historia de la filosofía

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Una de las cosas que hacen los filósofos es hablar de otros filósofos, anteriores o contemporáneos, en un sentido amplio. Y esto es, dicho burdamente, la Historia de la filosofía. Por supuesto, esta rama de la filosofía no consiste, como se dice habitualmente en los manuales de esta disciplina, en un repaso cronológico de las opiniones de los autores, como si se tratara de una exposición museística. Cuando hablamos de Historia de la filosofía nos referimos a una disciplina que combina historia y filosofía. En otras palabras, los historiadores de la filosofía no solo exponen los sistemas filosóficos (o los problemas, conceptos, etc.) desde una perspectiva histórica, sino que además los critican, reformulan, defienden, etc. desde algún posicionamiento filosófico particular. Por ejemplo, Frederik Copleston, en su voluminosa Historia de la Filosofía (en 9 volúmenes) pasa a muchos de los autores que toca por su filtro neotomista. Y Bertrand Russell en su Historia de la filosofía, obra mucho más breve que la anterior, expone cada sistema desde su posicionamiento filosófico, basado en el análisis lógico.

Cómo se escribe la historia de la filosofía

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Cualquier historia de la filosofía puede ser vista como el quién es quién de la filosofía.

Lo mismo que ocurre con el ser aristotélico, que “se dice de muchas maneras”, la historia de la filosofía se puede escribir de muchas maneras. La manera clásica de hacerlo es repasando a los autores en orden cronológico o más o menos cronológico. Otra manera de hacerlo es repasando las distintas corrientes de pensamiento. Esta es también un clásico. Se encuentran menos textos de historia de la filosofía dedicado a la evolución de los problemas filosóficos, aunque también los hay. Por ejemplo, La pregunta por Dios de Juan A. Estrada es un libro de historia de la filosofía que, en orden más o menos cronológico, repasa la historia de la filosofía bajo la óptica de una problemática particular: la pregunta por Dios. Y desde una tesis mantenida por el autor, bastante discutible, según la cual, independientemente de que exista o no algún Dios, por la misma naturaleza humana, el ser humano siempre se preguntará por Dios, de modo que siempre existirán religiones.

Los historiadores de la filosofía también interpretan a sus autores favoritos y escriben extensas e intrincadas (aunque a veces útiles) obras sobre ellos, acerca de los cuales hablan todo el tiempo. También se dedican a buscar trazas de los autores que interpretan en la filosofía actual. He de decir que he conocido a algún historiador de la filosofía que la mayor parte de las actividades que lleva a cabo para ganarse la vida consisten en hablar de Platón y Aristóteles, leer a Platón y Aristóteles o acerca de ellos y escribir sobre Platón y Aristóteles.

Y así, más o menos, se escribe la historia de la filosofía.

Cómo no hacernos un lío con la historia de la filosofía

La mayoría de las historias de la filosofía que nos podemos encontrar tienen una parte esencial, que nadie debería dejar de leer: el prólogo. Es aquí donde se encuentran las claves para entender lo que se tiene entre manos. Y si la obra en cuestión contiene un epílogo, entonces esta es la otra parte esencial de la obra. La mayor parte del contenido de cualquier obra de historia de la filosofía es semejante a la mayor parte del contenido de cualquier otra, de ahí la importancia de los prólogos y los epílogos: nos dicen qué tiene de original esa historia de la filosofía en particular.

A la hora de establecer periodos dentro de la historia de la filosofía lo más recomendable es no hacer caso de lo que se dice en los prólogos o en las primeras páginas de cualquier historia de la filosofía particular. La razón de esto es que los autores no se ponen de acuerdo en este asunto y cada uno de ellos tiene sus propias razones para decidir la fecha en la que empieza, pongamos por caso, la filosofía medieval. En cualquier caso, si lo que se necesita es un punto de referencia, se puede utilizar el de los periodos históricos.

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