Filosofía

Max Weber y la religión

Publicado por Ruben Avila

Max Weber evalúa las religiones universales que copan el mundo atendiendo a su función explicativa, en la medida que abordan la cuestión del significado universal. Lo que se puede entender en dos niveles: por un lado, la falta de sentido del universo o del cosmos; por otro, la futilidad de la vida humana, su carencia de significado. Y aunque ambos niveles sean inseparables el uno del otro, el énfasis del primero ha correspondido preponderantemente a «los estratos intelectuales»; a diferencia del segundo, cuyo interés está más generalizado.

religion weber

1. El universo sin sentido

En este contexto, los problemas más perentorios que exigen solución son el predomino de sufrimiento (sobre todo el inmerecido) y lo que Weber llama «finitud» o, siendo más explícitos, la muerte. Ambos problemas son tratados habitualmente por las religiones en su conjunto. Este es el cristianismo con los conceptos de cielo e infierno, con los que se acabarían los problemas de la muerte y del castigo inmerecido; o el de los términos de karma, transmigración o nirvana del budismo o hinduismo. A decir del pensador alemán todas las religiones anteriores son de salvación: «ofrecen salvación al creyente de su (inmerecido) sufrimiento y de su finitud mortal».

2. Diferencia entre religión occidental y oriental

Para Weber la diferencia principal radica en la incapacidad de los intelectuales religiosos asiáticos (con particular énfasis de los radicados en la India) de encontrar significado al mundo que habitamos. De esta forma lo devalúan, buscando la salvación en otro lugar, «recurriendo a un misticismo contemplativo transmundano». Como ejemplo paradigmático nos encontramos con el caso del Budismo, cuyo camino Weber denomina como «ética última de rechazo del mundo».

Y aunque desde la religión occidental también se niegue el mundo, la vía que sigue es diferente. Es la del “ascetismo”, que es «la acción querida por la voluntad de Dios del devoto que es el sufrimiento de Dios», de esta forma el individuo en el misticismo se convierte en un «recipiente de lo divino».

Asegura Weber que el ascetismo de las religiones occidentales, en contraposición con el «misticismo contemplativo oriental», ha sido capaz de adherirse al mundo, considerando para la salvación individual la acción en el mundo. La acción como instrumento de la divinidad. De esta forma en lugar de huir del mundo, se trata de poseerlo. El rechazo no toma la forma de huida sino de dominio. Trata de despojarlo de su animalidad y crueldad. «En esta actividad en el mundo, el individuo encuentra su “llamada” […]», que es precisamente la que dotará de significado su vida, aunando u resolviendo los dos problemas planteados al principio: la falta de sentido universal y la futilidad de la vida humana.

La resolución, claro está, se debe entender dentro del contexto de la religión en cuestión. Es decir, no es que afirme que se ha logrado acabar con el problema, al contrario. Sencillamente se analiza la vía que trata de seguir y se considera su validez dentro de su propia lógica interna. Fuera de ella, para los no creyentes (incluso para aquellos que creen en Dios pero no en la inmortalidad del alma, como aquél San Manuel Bueno, mártir de Unamuno) las cuestiones siguen palpitantes y exigiendo una respuesta acuciante.

Fuente: La Filosofía Política del Siglo XX; Michael H. Lessnoff

Imagen: deconceptos.com

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