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David Hume: pensamientos sobre el suicidio

Publicado por Ruben Avila

David Hume es uno de los filósofos más importantes y conocidos de la historia de la humanidad. Su obra abarca múltiples temas, desde la filosofía natural, pasando por la política o la moral. Y es precisamente en este último aspecto en el que nos queremos centrar, quizás considerado menor pero de gran importancia para conocer al personaje. Y más concretamente nos centraremos en su defensa del suicidio, a pesar de ir en contra de la doctrina religiosa dominante y ser él un fervor creyente en la existencia de Dios.

Sobre el suicidio

Uno de los objetivos pretendidos por Hume es acabar con la superstición y la falsa religión, contra las que considera a la filosofía un potente antídoto. Parafraseando a Tulio, asegura que el hombre supersticioso lleva consigo el sufrimiento en todas las acciones y momentos de su vida. El suicidio sería un contundente remedio para acabar con dicho sufrimiento, pero la superstición, a decir del filósofo escocés, no nos permite llevarlo a cabo, por ir supuestamente en contra de la ley Divina.

Hume analiza lo que para él una superstición, atacando sus puntos clave, negando que el suicidio sea un crimen contra la ley divina.

Todas las leyes inmutables que rigen el movimiento de todos los cuerpos del mundo material provienen de Dios. Así como los poderes mentales y corporales que tienen todas las criaturas. Por ejemplo, en ocasiones el hombre es detenido por los ríos, convirtiéndose en barreras, pero modificándolos adecuadamente, dirigiendo el agua que fluye por ellos, pueden convertirse en fuerza de movimiento de nuestras máquinas. Habremos cambiado el curso del río, pero no las leyes de la naturaleza, porque aunque la mano del Todopoderoso no se note, en cierto sentido, puede decirse que todo lo que sucede es acción suya, ya que toda acción procede de esos poderes y leyes que Dios ha establecido y otorgado. Así que si no hay nada que pueda suceder más allá de esas leyes, el suicidio tampoco lo hará.

Así, la conclusión lógica para David Hume es que «la vida humana depende de las leyes generales de la materia y el movimiento, y que no implica ninguna transgresión de los planes de la Providencia el modificar o alterar dichas leyes generales». Por lo mismo que podemos modificar el cauce de un río, podemos hacerlo con el transcurso de nuestras vidas.

Si somos capaces de hacer lo primero, se debe a que las leyes establecidas nos permiten hacerlo. Lo mismo ocurre con lo segundo. Y no puede ir contra Dios el seguir sus propias normas y utilizar los poderes que nos ha otorgado.

Finalmente, para aquellos que consideran a los seres humanos una especie de “centinelas” a los que Dios no les deja abandonar sus puestos porque le perturbarían, Hume asegura que es una blasfemia considerar que una criatura cualquiera pueda perturbar el orden del universo o intervenir de alguna forma con los planes divinos.

Tampoco el suicidio puede ser un delito contra la sociedad. De hecho, como opción existente hará un bien tanto a la persona que se suicide como a la sociedad en la que viva, puesto que dicha persona se apartará cuando vea que es una carga para los demás y para sí misma.

Lo anterior no es una apología del suicidio frente a la vida. Es un intento de presentar una salida a esa última cuando nos resulta insoportable. Lo interesante del caso es que Hume es capaz de hacerlo sin salirse de los límites del cristianismo y con los mismos fundamentos que a otros les lleva a negar tal posibilidad.

Fuente: “Sobre el suicidio” En: Del amor y el matrimonio y otros ensayos morales; David Hume

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