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Averroes (Ibn Rushd)

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Averroes, latinización de Ibn Rushd, es el nombre que recibe en occidente Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd, un filósofo, jurista, médico, matemático y astrónomo árabe, nacido en la ciudad de Córdoba (Al-Ándalus) en 1126 y fallecido en Marrakech (Marruecos) en 1198. Su pensamiento y su obra tuvieron una gran influencia en pensadores posteriores, sobre todo en el Renacimiento. Por ello, teniendo en cuenta su influencia y teniendo en cuenta que en este blog poco hemos hablado de filósofos árabes, vamos a profundizar algo más en este interesante autor andalusí.

Breves notas biográficas sobre Averroes

Averroes

Escultura de Averroes en la ciudad de Córdoba (España).

Averroes era miembro de un linaje de qâdîes (jueces). Su padre y su abuelo fueron qâdîes de la ciudad de Córdoba, hasta la invasión almohade en 1146. No obstante, el propio Averroes sería qâdî de Sevilla, lo que le llevó a ejercer tanto en la corte sevillana como en las de Córdoba y Marruecos.

Fue un autor prolífico en todas las disciplinas en las que estaba versado. De este modo, escribió una enciclopedia médica, una gran cantidad de comentarios de la obra de Aristóteles (de hecho Averroes ha pasado a la historia de la filosofía con el sobrenombre de “El Comentador”), varios tratados filosóficos, varias obras sobre teología y algunas obras sobre cuestiones jurídicas.

No obstante el fanatismo religioso se interpondría en la carrera de Averroes. De este modo, a finales del siglo XII el fanatismo que invade Al-Ándalus provoca la censura de sus obras, debido a lo cual sus obras de metafísica y de lógica se han perdido. A su vez, Averroes es desterrado a la ciudad de Lucena (en la provincia de Córdoba, España). No obstante, pocos meses antes de su fallecimiento recupera su cargo de qâdî y ocupa su puesto en la corte de Marruecos.

Filosofía y religión

La Edad Media, tanto en el mundo árabe como en el mundo cristiano, está marcado por la omnipresencia entre la lucha o intento de armonización entre dos polos opuestos: la razón y la fe. La primera se manifiesta en la filosofía y la segunda es la creencia ciega en los dogmas de las escrituras. En este contexto, Averroes tratará de armonizar ambos polos, en varias obras dedicadas a esta tarea: Tahâfut-al-tahâfut (La incoherencia de la incoherencia) y Kitab fasl al-maqal (Sobre la armonía entre Religión y Filosofía) fueron las principales.

Para Averroes la verdad solo puede ser expresada a través de la filosofía, sin embargo la teología puede manifestar esta verdad de forma alegórica. De hecho, los sabios están obligados a interpretar alegóricamente los escritos teológicos. Por su parte, el pueblo debe conformarse con el sentido literal. Averroes enmarca esta doble lectura en las distinciones entre los hombres. Unos son más dados a la fe y otros tienen talento para la lógica y la reflexión intelectual.

En cualquier caso, Averroes ve la religión como subordinada a la filosofía, la cual tiene como tarea decidir qué se debe interpretar en un sentido alegórico y qué se debe interpretar en sentido literal.

La teoría del conocimiento de Averroes

Aunque en nuestros días estas ideas nos puedan parecer alocadas, lo cierto es que durante varios siglos fueron muy comunes. Averroes, siguiendo la tradición aristotélica, distinguía entre varios tipos de intelecto, concretamente 3: en primer lugar estaba el intelecto pasivo o material, que recibe sensaciones. Después estarían el intelecto agente o activo, el cual une el universal en nosotros con el particular percibido. Por otra parte estaría el intelecto corruptible o generable, que hace pasar lo que está en potencia al acto en el mismo entendimiento, en otras palabras, que es el mismo hecho de entender. Pues bien, los dos primeros son únicos y comunes a todos los hombres, es decir, solo hay un intelecto pasivo y un intelecto activo para todos los seres humanos. Y, de forma individual, cada ser humano tiene su intelecto generable o corruptible.

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