Filosofía

En busca de la belleza

Publicado por Ruben Avila

Para los pitagóricos la belleza, su esencia, consistía en el orden, en la medida, la proporción, el acorde y la armonía. Es decir, por un lado dependía de la disposición, de su estructura; mientras que por otro se consideraba como algo mesurable, cuantificable matemáticamente, que, finalmente, podía expresarse mediante números. Concepción con la que Platón coincidía plenamente. Así, las últimas palabras del Filebo son: «La medida y la proporción son la belleza y la virtud».

en busca de la belleza

Medida y proporción

De la cita anterior se desprende que tanto lo bello como lo bueno depende íntimamente de la medida y de la proporción. La virtud y la belleza son algo objetivo, visible y mesurable. Y, como contrapartida, nos encontramos en el Sofista que «la desproporción […] es en todas partes fea». Claro, si la proporción es la esencia de la belleza, su contrario, la desproporción tiene que ser la esencia del opuesto, de la némesis, de esta última. Es decir, de la fealdad.

En una de sus últimas obras, el Timeo, Platón redunda en esta idea al asegurar que «todo lo bueno es bello y lo bello no carece de proporción». Lo que no es de extrañar, ya que sabemos que para Platón belleza, verdad y bondad (bien) estaban unidas, que la belleza y el bien era términos intercambiables, sinónimos entre sí.
Tras la afirmación anterior, la que acabamos de citar, Platón establece que serán la medida y la proporción las encargadas de dotar a las cosas de belleza y de determinar su unidad.

Finalmente, en el Político, el filósofo ateniense, asegurará que en algunos casos la medida la deberíamos entender como el número, mientras que en otros tendremos que decantarnos por definirla como la moderación y conveniencia. Claro, dependiendo del objeto y del motivo al que nos refiramos.

El buen y el mal arte

Si la belleza es el orden, la proporción, la armonía y la medida, siendo una particularidad de los seres humanos, bello será aquello que posea tales características. Y, por supuesto, también dependerá de esto la consideración que se tenga del arte.

Para Platón, y visto lo visto no podía ser de otra forma, el arte bueno es aquél que se fundamenta en la medida, la proporción, etc. Siendo el malo el que se apoya en las «reacciones emotivas y sensuales» que tenemos los seres humanos. Es por eso que acusa, y reprocha, a los músicos que traten de gustar al oído en vez de a la mente, que valoren más el juicio del primero que el de la segunda. Para él, los sentidos no deberían ser considerados como jueces válidos ni de la belleza ni del arte.

En busca de la belleza

Platón trata de encontrar la proporción y medida adecuadas que definan mejor la belleza. Así, en algunas de sus obras, como el Menón o el Timeo, describe diferentes formas que son mejores que otras. Por ejemplo, en el primero, se decanta por dos cuadrados que estén dispuestos de tal forma que el lado de uno sea la mitad de la diagonal del otro, considerando esta proporción como perfecta. De hecho, durante siglos, los arquitectos basaron la construcción de sus mejores obras en dicha proporción.

Imagen: urb01.blogspot.com.es

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