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Cicerón y la imitación

Publicado por Ruben Avila

En la antigüedad la práctica mayoría de los estetas hicieron referencia a la imitación. Tenían una opinión al respecto, vaya. Y Cicerón no fue menos. De hecho afirmó que:

cicerón y la imitación

Esa es la opinión del filósofo romano respecto a la imitación, ya está. Pero como si nos quedáramos aquí el artículo se nos quedaría francamente escaso, vamos a ver qué implicaciones conlleva la cita anterior.

Por un lado, es evidente, Cicerón asegura que la verdad es superior a la imitación. Y no sólo eso, sino que, además, la enfrenta, puesto que para vencer a algo (o a alguien) antes hay que luchar contra ello. Así que imitación y verdad se encuentran en tensión. Tensión que, por otra parte, al parecer, queda resuelta siempre a favor de la segunda. Entonces, ya está, volvemos a poder parar aquí y pasar a otro tema.

Sin embargo, por otro lado, si sólo nos fuera suficiente con la verdad ya no sería necesario el arte. ¿Para qué? ¿Y por qué?

Descubrimos que al igual que los otros estetas de la antigüedad, para Cicerón, la imitación no era una mera representación de la realidad, ni nos ofrecía una muestra de la verdad, sino que era una representación libre de la misma. Era cosas diferentes y por eso se podían enfrentar entre sí, algo difícil si hubieran sido consideradas la misma cosa.

Para Cicerón el papel del artista era un papel activo, ya que selecciona lo que desea representar. Ahí, ya está moldeando, cortando y transformando. No es un mero copista. Idea que, por otra parte, ya había planteado anteriormente Sócrates —recordemos que uno de los fundamentos del eclecticismo era coger de todo (lo existente) lo mejor—.

De todas formas, a la concepción socrática del papel del artista, Cicerón añadió un punto interesante, ya que para él, además de recoger las formas existentes en la naturaleza —ya sabéis, el conjunto de elementos sobre los que hacer la selección y llevar a cabo su trabajo—, las recoge también de sí mismo. Así, asegura en su Orator que:

Es de la idea de belleza que Fidias imitó la figura de los dioses. Claro, éstos no existen en la naturaleza, no se pueden “imitar” de la misma forma que un león. Y, además, el propio león esculpido (o pintado o cantado) tendrá la misma esencia que el Júpiter esculpido. Ambas son creaciones del artista, de su mente. ¿No nos recuerda esta idea sobremanera al mundo de las ideas platónico, donde la realidad que vemos no es más que un reflejo de aquellas?

Imagen: ctv.es

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