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La buena ciudadanía

Publicado por Ruben Avila

Nos hacíamos eco ayer de la discusión que se originó hace unas semanas respecto a una decisión fiscal de un preboste español, el piloto de motociclismo Marc Márquez. Utilizábamos el caso para presentar argumentos que van más allá del particular, y que se refieren al conjunto de la sociedad y al concepto de ciudadanía. Precisamente es en este segundo aspecto en el que nos vamos a centrar ahora:

buena ciudadanía

Cabe preguntarse qué es ser buen ciudadano, qué acciones llevan a serlo de todas las posibles. En el caso que nos ocupa, se podría decir que el pago de impuestos debe ser uno importante (de ahí la polémica suscitada), pero algunos de los defensores del piloto catalán plantean que ser buen ciudadano en absoluto supone pagar impuestos al Estado, ya que se puede serlo de otras formas, como haciendo donaciones privadas, por ejemplo. Bien, aquí ya nos encontramos en una comunidad política concreta, no en el ámbito general del artículo anterior. Hablamos de ser ciudadano de un país determinado, en este caso, en el que creciste y tienes tus raíces. Porque, ¿dónde vive realmente Márquez, si la mayor parte de su vida la pasa viajando entre países? Pero más allá del caso concreto del piloto catalán, aquí entran en juego otras implicaciones mucho más generales respecto a cómo se es un buen ciudadano.

Se puede argüir que hay diversas formas de ejercer la buena ciudadanía, ajenas al pago de impuestos al Estado, como pueden ser las donaciones privadas o la colaboración con distintas ONGs y diferentes actividades de voluntariado; el actuar de tal forma que se sea un ejemplo moral para la comunidad, algo que será más posible cuanto más visible se sea, claro. Este es el caso de los deportistas de élite, como así lo es Marc Márquez, que pueden ser un ejemplo para otras personas, incluso para generaciones posteriores, que se fijen en su comportamiento, en su esfuerzo y buen hacer, etc. De igual forma, estos deportistas de élites, así como grandes empresarios, escritores y actores reconocidos, etc., pueden llevar el nombre de su país más allá de sus propias fronteras, fomentando el buen nombre de la nación en el mundo entero.

Es más, defienden algunos, las formas de ser buen ciudadano no sólo no se limitan a la primera sino que ni siquiera tiene porqué ser preferentemente en pagar impuestos al Estado. Es decir, que este pago es moralmente opcional. Vaya, que si haces donaciones privadas no estás moralmente obligado a pagar impuestos, ya que esto ni siquiera es una opción preferente para ser buen ciudadano. Así que si, por ejemplo, hacer donaciones privadas se sitúa en un orden preferente respecto al pago de impuestos, aquella persona que se decante por lo primero, obviando por completo lo segundo, será mejor ciudadano. Y si se sitúa en el mismo escalafón, serán igual de buen ciudadano el que hace todo lo posible para que exista una sanidad y educación públicas y el que no hace nada para ello, pero, oye, dona dinero a Cáritas.

Esta posición debe ser respondida, aunque para eso tendremos que esperar al artículo de mañana.

Imagen: organizacionessocialesbche.blogspot.com.es

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