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Violencia legítima

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Según buena parte de la teoría política clásica el Estado se originó a partir de la violencia. Dicho rápidamente: en un mundo sin Estado cada individuo tiene una absoluta libertad, la cual puede utilizar para reprimir a los individuos que le rodean y someterlos violentamente o para deshacerse de ellos si le parece conveniente. A esto se le llama anarquía o caos social y es lo que se supone que ocurre cuando no existe el Estado. Para impedir esto, que crea inseguridad, los individuos deciden crear el Estado al cual le otorgan poderes. Uno de ellos es el ejercicio de la violencia sobre los individuos bajo determinados supuestos. Este es, según Max Weber, el monopolio de la violencia legítima. Y precisamente, en la violencia legítima vamos a profundizar hoy aquí.

Violencia legítima y Estado

violencia legítima

Esto ocurrió en España recientemente. En este caso, el Estado ejerce la violencia ilegítimamente contra la ciudadanía, por lo que tendría derecho a haber empleado la violencia contra la policía para salvar a la chica.

Como decíamos, el Estado ostenta el monopolio de la violencia legítima porque, se supone en teoría, que así lo quieren los ciudadanos, en la medida en que este monopolio de la violencia garantiza la seguridad del individuo.

Que el Estado tiene derecho a la violencia legítima y que solo él lo tiene, no significa (al menos en la actualidad no lo significa) que puede ejercer la violencia libremente contra cualquier individuo al que le apetezca extorsionar de forma arbitraria. Más bien quiere decir que castiga, con una violencia proporcional, a aquellos que ejercen la violencia ilegítima, impidiendo a su vez que cada individuo aplique la justicia por sí mismo. Es decir, lo único que justifica que una entidad como el Estado tenga el monopolio de la violencia legítima es el orden social, el cual es preferible por todos porque se vive mejor que en una situación de caos o anarquía.

La violencia legítima puede volverse ilegítima

Al contrario de lo que sucede con las leyes de la naturaleza y con los teoremas matemáticos, las normas, leyes y preceptos humanos pueden variar, es decir, son convencionales, históricas y temporales. Y la violencia legítima no iba a ser menos. La violencia ejercida por el Estado se vuelve ilegítima en cuanto este no cumple las condiciones que le otorgaban dicha legitimidad. Tales condiciones se resumen en dos: promocionar y mantener el bienestar de todos los individuos. Si el Estado deja de hacer esto, entonces pierde su legitimidad y toda violencia que ejerza contra los ciudadanos es ilegítima. Como violencia se entiende aquí cobrar impuestos, poner multas, privar de la libertad, lanzar a la policía contra el pueblo, amenazar a la ciudadanía, etc.

Traspaso de la legitimidad de la violencia

Cuando un Estado ejerce la violencia ilegítimamente entonces la legitimidad del ejercicio de la violencia pasa a la ciudadanía, sea que esta se agrupe sea que la ejerza de forma individual. En tales circunstancias los individuos tienen legitimidad para ejercer la violencia contra el Estado. Pueden defenderse violentamente de la policía, negarse a pagar impuestos, amotinarse en las cárceles si son apresados, rebelarse contra sus mandos si están en el ejército, etc. Este es un contexto en el que la ley está ilegitimada, tanto como el poder del Estado y el de las diversas instituciones públicas.

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