Filosofía

Ontología

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La ontología es una parte de la metafísica (y la metafísica es una rama de la filosofía). Se ocupa de formular teorías acerca de lo que hay (o es o existe) y de cómo los tipos de cosas que dice que hay (o que son o que existen) se relacionan entre sí. Bien, esta definición de ontología, si bien es correcta y precisa, puede resultar engañosa para aquellos lectores que desconozcan el modo habitual de proceder de los filósofos.

La ontología y el modo habitual de proceder de los filósofos

ontología

Algunas ontologías bien conocidas postulan la existencia de un señor todopoderoso con barba que vive en el cielo.

A continuación vamos a contar el modo de proceder habitual de los filósofos en relación a la ontología. Supongamos un filósofo A, que dice que en el mundo hay entidades abstractas. B, otro filósofo, lee a A (o habla con él bar) y se queda asombrado con los disparates que dice A sobre las entidades abstractas. Tal vez B no se había ocupado antes del asunto de lo que hay, pues para él aquello no era un problema. Sin embargo, el saber que colegas como A van por ahí postulando entidades abstractas es algo indignante desde la perspectiva de B.

El modelo de realidad pintado por A es una amenaza para las concepciones de B acerca de diversos asuntos, por lo que este no tiene más remedio que calificarlo de absurdo y disparatado. Obviamente, B se abstendrá de decir en sus publicaciones que la teoría de A es una chorrada. En su lugar releerá los textos en los que A formula su ontología y buscará argumentos para proponer una ontología alternativa que sea mejor, esto es, que pueda ayudar a resolver problemas en otras áreas de la filosofía diciendo las mínimas estupideces posibles.

Pugna entre ontologías rivales

Para reventar una ontología que desde nuestra perspectiva particular dice disparates, tenemos que ofrecer una alternativa. Sigamos con A y B. B, tras estudiar incansablemente la sarta de mentiras que dice el bellaco de A (en sus publicaciones dirá “errores” o “equivocaciones” o “falacias”), publica su trabajo. Antes de eso es posible que le haya enviado un borrador del mismo a A. Cuando A lee el trabajo de B se queda alucinado con el tamaño de las idioteces que puede decir su colega. Así que decide estudiar la teoría de B con la intención de 1) desmontar los intentos de refutación de la ontología de A, llevados a cabo por B y 2) refutar los argumentos que ofrece B a favor de su propia ontología.

Tu ontología es demasiado estúpida, prueba esta

Una teoría de lo que hay y de cómo se relaciona aquello que hay no se propone por el mero capricho de proponerla. Más bien sirve para solucionar problemas en distintas áreas de la filosofía. Por ejemplo, Leibinz postuló mundos posibles, los cuales estaban en la mente de Dios. Con ello lograba, entre otras cosas, hacer verdaderas las proposiciones modales (un ejemplo de proposición modal: “necesariamente dos más dos es igual a cuatro”). Con esto en mente, sigamos con A y B. Los objetos abstractos que A postula le sirven a él para solucionar otros problemas. Pongamos por caso, pueden servirle para solucionar el problema del significado de los enunciados de ficción, en los que aparecen nombres como Pegaso, Spiderman o Asterix. B, por su parte, considera que aceptar la ontología de A supone pagar un precio muy alto para resolver un problema como este. Desde su perspectiva, las entidades abstractas crean más problemas de los que resuelven.

Pero B es plenamente consciente de que el mero hecho de demostrale a A que tirar por ese camino es un callejón sin salida no será suficiente para satisfacerlo, así que propone a A una solución alternativa a su problema. Por supuesto, A encontrará esta solución insatisfactoria, pues desde su punto de vista es parcial u oculta falacias o es inverosímil o todo a la vez.

Las pugnas ontológicas se heredan

Seguramente A y B discutirán durante el resto de sus vidas sobre el asunto, hasta que se jubilen o se mueran. Sin embargo, la jubilación o muerte de A y B no pondrá fin a la pugna entre sus ontologías. Si A y B disfrutaron de suficientes lectores dentro del ámbito de la filosofía, entonces tendrán seguidores que mantendrán la pugna abierta hasta que esta pase de moda.

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