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Tradicionalismo

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

Ayer hablamos acerca de las tradiciones y de su relevancia para la Ética. Hoy vamos a dedicar esta entrada a la concepción que defiende las tradiciones por el mero hecho de ser tradiciones. Es el tradicionalismo. Este es un punto de vista que se hizo fuerte con el romanticismo del siglo XIX. A este punto de vista se oponen los que podemos llamar concepciones ilustradas. Llamaremos concepciones ilustradas a aquellas que, más que oponerse a la tradición por el mero hecho de ser tradición, no consideran a la tradición como algo intocable, es decir, que no sacralizan las tradiciones. Elegimos el nombre de “concepciones ilustradas” porque la Ilustración se caracterizó por dudar de las tradiciones, poniéndolas en cuestión.

En el sentido en que la Ética es una disciplina filosófica que evalúa racionalmente los distintos códigos morales, fomentando unos y rechazando otros, podemos decir que es una disciplina ilustrada. Y es que, como ya dijimos en una entrada anterior, la moral es particular y tradicional, mientras que la Ética es universal y cosmopolita. Y por ello nos ha sorprendido que alguien que trabaja en el campo de la ética defienda lo indefendible desde un punto de vista ético. Se trata del profesor Miguel Ángel Quintana, quien defiende la fiesta del toro de la Vega desde puntos de vista tradicionalistas. Él, junto a otros 10 profesores, ha suscrito un manifiesto en el que se defiende esta orgía de sangre vacuna.

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El tradicionalismo defiende barbaridades sobre la base de que se vienen practicando desde hace años.

El problema con el que se ha encontrado el señor Quintana y su decena de colegas es el mismo con el que se encontrará todo tipo de tradicionalismo en Ética, a saber, dado que las tradiciones no son un buen fundamento racional para las acciones, sino solo una explicación de estas cuando son consideradas desde una perspectiva científica (antropológica, por ejemplo), se ven obligados a cometer todo tipo de falacias, con toda seguridad a sabiendas de que las están cometiendo (obviamente, once profesores universitarios, algunos de ellos de Filosofía y de Derecho, reconocen las falacias en cuanto las ven). Examinaremos algunas de las falacias manifestadas por los firmantes del manifiesto, concretamente por el señor Quintana, aparecidas en algunos diarios digitales.

Quintana y las falacias ad verecundiam

El manifiesto a favor del toro de la Vega se sustenta en una falacia ad verecundiam (apelación a la autoridad). En efecto, este argumento falaz fue formulado por Quintana de la siguiente manera: el manifiesto tiene la pretensión de:

Y esto lo dice así porque, según él, se argumenta en contra de este festejo el que sea algo que solo practican personas “rudas y bárbaras”. Obviamente el señor Quintana considera que el ser profesor de Universidad es una vacuna contra la barbarie y la rudeza, lo que debería demostrarnos antes de lanzarse tan alocadamente a hacer tales afirmaciones. Sobre la base de que lo hacen profesores universitarios se quiere argumentar que la fiesta no es ni ruda ni bárbara, lo cual se opone frontalmente al concepto de barbarie que tenemos. Obviamente, Quintana apela a la autoridad de los profesores universitarios para defender lo que no tiene defensa posible.

En cualquier caso, el hecho de que haya profesores de Universidad que amen y defiendan la fiesta del toro de la Vega es una prueba en contra de la suposición de Quintana, según la cual los miembros de su gremio están exentos de barbarie y rudeza.

Quintana y la presunción de mala voluntad

Existe una falacia consistente en negar, en una discusión, que el oponente sepa de qué está hablando. A esta falacia se le llama “presunción de mala voluntad”. Tanto Quintana, de forma independiente, como el manifiesto a favor del toro de la Vega que hemos mencionado, cometen esta falacia. De este modo, argumentan que la oposición al toro de la Vega por parte de los animalistas es “fruto de la ignorancia y de la falta de conocimiento”, es decir, quien se opone al toro de la Vega no sabe de lo que habla, dicho en román paladino.

Quintana y la falacia ad Antiquitatem

La falacia ad Antiquitatem consiste en fundamentar una opinión, una creencia, una práctica, etc. sobre la base de que es antigua o de que se viene creyendo o haciendo desde hace mucho tiempo. Esta falacia es la favorita de los puntos de vista tradicionalistas. Y aparece en el manifiesto en defensa del toro de la Vega, en el que se apela al hecho de que se viene practicando “desde tiempo inmemorial”. El hecho de que se practique desde hace siglos no la convierte, como se pretende en el manifiesto, en una fiesta defendible ni con derecho a existir. En efecto, la esclavitud era mucho más antigua que el toro de la Vega, pero se abolió, porque la antigüedad no justifica la crueldad.

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