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Conocimiento científico (I): aspectos sociales

Publicado por Esteban Galisteo Gámez

La imagen que, en general, tenemos del conocimiento científico nos presenta a este como un tipo de conocimiento basado en criterios precisos y firmes, de carácter puramente epistémicos y, por supuesto, objetivo al 100%, sin rastro de intereses personales de cualquier tipo o de sesgos subjetivos. La actividad científica, por su parte, es vista como una actividad aislada del resto de actividades humanas y de otras manifestaciones culturales, como el arte, la economía, la religión, etc. De hecho, cuando en el ámbito de la ciencia aparecen trapos sucios de algún tipo (experimentación con humanos de forma ilegal, venta de fármacos inocuos o perjudiciales, etc.) se suele decir que es debido a que asuntos extracientíficos han manchado la ciencia.

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Randy Schekman

La ciencia es una manifestación cultural y tiene muchos aspectos sociales

Esta tarde, mientras que pensaba sobre qué iba a escribir hoy, leí un par de artículos en un periódico digital. El primero de ellos estaba firmado por Randy Schekman, un biólogo que ha ganado el Nobel de Medicina este año. El segundo estaba firmado por Javier Sampedro, periodista y genetista español, y hablaba sobre el primero de los artículos. En el primero de ellos, titulado «Por qué revistas como ‘Nature’, ‘Science’ y ‘Cell’ hacen daño a la ciencia», Schekman denunciaba el hecho de que en estas prestigiosas revistas no se tenían en cuenta criterios puramente científicos a la hora de seleccionar los artículos a publicar, sino otros mercantiles, orientados a aumentar el número de suscriptores de las revistas que él llama «de lujo». En el segundo de los artículos, Sampedro añade otras opiniones favorables a la de Schekman y la opinión de los portavoces de las revistas objetivo de las críticas de Schekman, cuyo discurso es, evidentemente, una defensa de su labor, la cual consideran impecable.

No nos vamos a pronunciar aquí a cerca de quién tiene razón, solo queremos que esto sirva de ilustración a la tesis formulada en el título de este epígrafe. Vivimos en una cultura de mercado capitalista y eso significa que nuestras acciones y nuestra forma de vida están enmarcadas en un esquema de pensamiento donde las relaciones comerciales (compra-venta) y el aumento constante del beneficio ocupan un lugar central. La ciencia no iba a quedar exenta. En efecto, además de lo denunciado por Shekman, nos encontramos campañas de publicidad en los que se venden productos, los cuales han sido «avalados por x científicos», asimismo, las compañías farmacéuticas cometen todo tipo de estafas y crímenes bajo el criterio del mercado (SIDA, Gripe A, Virus del Papiloma Humano, etc.).

Lo anterior no pretende ser una crítica, sino una descripción de la realidad. Lo que Schekman denuncia se produce no porque la ciencia esté invadida de extracientíficos elementos subversivos, sino porque es inherente a la ciencia de la cultura capitalista de mercado.

La propuesta de Schekman es una chapuza

La crítica de Schekman nos parece impecable, sin embargo, en el último párrafo de su artículo hace una propuesta: «la ciencia debe liberarse de la tiranía de las revistas de lujo», del mismo modo que «Wall Street tiene que acabar con el dominio de la cultura de las primas». Lo primero que destaca es que Schekman ve la ciencia del modo en que la hemos caracterizado al principio de nuestro artículo, a saber, como aislada de la cultura a la que pertenece. Pero es más sorprendente cuando llama la atención sobre otra actividad, el mercado financiero, que resulta que tiene otro elemento que la pervierte. En nuestra opinión, sin embargo, el problema no está en este o aquel elemento perverso en esta o aquella actividad humana, sino que se trata de un problema de marco, de que las actividades humanas que se desarrollan en la cultura capitalista de mercado tienden a reproducir este patrón mercantil. Así, del mismo modo que, como denuncia Schekman, las tres prestigiosas revistas seleccionan artículos más por ser llamativos para el lector, que por ser relevantes científicamente, las compañías de seguros invierten en servicios jurídicos para pagar lo mínimo en términos de indemnizaciones.

Así, cuando Schekman propone liberarnos «de la tiranía de las revistas de lujo» está haciendo como el que tapa un agujero en una casa en ruinas. El problema no está en las publicaciones privadas, este no es más que un caso particular de un problema más general, sino en la cultura de la cual nuestra ciencia es una manifestación más.

Pero la ciencia nunca estará libre de sus aspectos sociales

Ahora bien, que digamos que es un problema sistémico y cultural no significa que pueda haber una ciencia limpia, libre de todo determinante social. La respuesta es que no, en todo caso se desarrollaría una cultura científica en la que valores distintos tengan más pesos que valores tales como la rentabilidad, el beneficio y similares. Por ejemplo, si nos guiamos por valores como el de la rentabilidad, en la práctica podemos llegar a vender cara una vacuna a los pocos que se la puedan pagar, mientras que nos guiamos por la justicia social, en la práctica trataremos que todo el mundo se beneficie de las vacunas, aunque no las pueda pagar.